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24/08/2016

Actualidad

Andre Rieu: “Amo la Argentina y la mística del 2×4”

Antes de su llegada al país, en su castillo de D’artagnan.

La revista Billboard de EEUU -que canaliza semanalmente los charts de música- lo ha tenido de protagonista en varias de sus publicaciones, llegando a los primeros puestos de los rankings. Se podría pensar en una estrella veinteañera de música pop pero en realidad se trata de un holandés de 66 años que en sus giras mundiales y tras el lanzamiento de sus producciones ha vendido más de 40 millones de CDs y DVDs, obtuvo más de 400 discos de platino y 170 de oro desde el lanzamiento en 1994 de su obra “Strauss & Co.”. Se trata de André Rieu, editado por Universal y a quien se lo ha apodado como “el artista más exitoso, popular y desconocido de todos”. El maestro del violín y la música de vals, día a día va achicando esa brecha entre popularidad y masividad. Así en 2009, para contar alguno de sus tantos éxitos, se ubicó sexto entre los diez primeros de las mejores giras del año, justo detrás de U2, Madonna, Bruce Springsteen, AC/DC y Pink, y por encima de Britney Spears, habiendo generado el doble de ganancias que Billy Joel, Elton John y Coldplay durante ese año. Nada mal para un violinista y director de orquesta de música clásica. Sus shows son lo opuesto a lo que se podría esperar, porque ofrece una mística propia y auténtica de quien se sabe maestro y aprendiz, de un profesional en constante crecimiento. Y eso es lo que brinda a la audiencia. “Mozart compuso su música para todos, no para una elite. Fue un ser humano increíble, lleno de vida, que bebía y se divertía a la par de ser un genio de su tiempo. Pero hoy día, cuando veo gente tocar su música con cara de muertos no entiendo por qué. Quiero llevar a la música clásica a donde pertenece, a la gente” comentó recientemente. Muchos lo consideran como un rockstar. “Tal vez lo sea por la cantidad de gente que me acompaña, o porque tengo un montón de camiones durante las giras, pero en realidad mis conciertos ni siquiera podrían ser llamados shows. Mis presentaciones son diferentes cada noche, dependiendo de muchas cosas. Son conciertos. Desde el momento en que me pongo mi “smoking” y subo al escenario con el violín, aún como violinista clásico, soy un entertainer, un artista. Caso contrario me quedaría tocando solo en el baño de mi casa” afirmó categórico. En una charla exclusiva con CARAS, el maestro del violín abrió las puertas de su casa y contó de su próxima visita a nuestro país, donde se presentará entre el 17 y el 21 de septiembre en el Luna Park, traído por Nuevos Aires Producciones.

−¿Cuáles son sus expectativas para los espectáculos que tendrán lugar en Argentina?
−Estoy muy emocionado de volver a Argentina! Me encanta su gente porque ustedes son apasionados y saben disfrutar de la música. La idea es pasarla genial y para eso vamos a tocar los Vals más románticos y conocidos y también melodías de películas, musicales y óperas. No faltarán algunas sorpresas preparadas especialmente para Argentina. Espero con mucho entusiasmo esta visita. Quiero que el público celebre y disfrute con todos nosotros, con la orquesta, el coro y los solistas internacionales que me acompañan.

−¿Siente alguna conexión con el tango argentino?
−El tango es pura mística, me encanta. El tango es fantástico. Hace un par de años atrás invité al bandoneonista Carlos Buono, para ir de gira con nosotros. Tuve la suerte de contar con él durante todo un año. Para mi deleite y el de la gente “Adiós Nonino” y “Libertango” fueran las canciones más destacadas de esas presentaciones. Fue maravilloso trabajar con él. El tango es famoso en todo el mundo. Creo que lo que es el Vals para Austria, el tango lo es para Argentina. Y así de importante es para mí.

−¿Cómo equilibra su vida personal y su carrera profesional, al irse de gira?
−Viajo por todo el mundo con mi orquesta. Es un sueño hecho realidad poder viajar acompañado de tanta gente maravillosa. Pero igualmente, trato de equilibrar mi vida personal y mi carrera, así que nunca estoy lejos de casa durante más de dos semanas. Siempre regreso siquiera por unos días. En comparación con otras personas, creo que por suerte, paso mucho tiempo en casa. Me encanta estar con mi familia y especialmente con mis nietos. También cuando estoy de gira nos mantenemos en contacto todos los días, vía Skype por ejemplo. Las nuevas tecnologías son una bendición.

−¿Cuál definiría como su lugar en el mundo?
−El jardín de mi casa en Maastricht. Es el lugar donde me puedo relajar completamente. Nací aquí y siempre he vivido aquí. Nunca podría vivir en las grandes ciudades como Londres, París o Nueva York. Son lugares demasiado agitados, ruidosos y donde para colmo la gente gasta la mitad de su vida atascada en el tráfico. Maastricht es una ciudad de los Países Bajos muy tranquila, pequeña y romántica, con 120.000 personas. Es el lugar perfecto para volver y sentirme en casa. Tenemos una vida de lo más normal, a pesar de la agitación que a veces conlleva la vida de un artista. Cuando paseo por la ciudad, me saludan con un “Ha jong, hoofste neet te wèrreke vandaog?” (¡Eh, pibe! ¿Hoy no trabajás?) ¡Me encanta! No me piden autógrafos, ni fotos, ¡así es la gente de Maastricht! Pero hay algo que sí hacen, y generalmente me hace sentir muy cohibido. Me lanzan aquel piropo que sólo la gente de Maastricht sabe decir así: ‘Sjiek jong, totste eine vaan us bis!’ (¡Que fantástico pibe, que seas uno de nosotros!). Entonces me saltan las lágrimas y me siento súper orgulloso.

Rieu posee junto a su esposa Marjorie, un castillo en la ciudad de Maastrich, en su Holanda natal. Se llama “De Torentjes” (Las Pequeñas Torres) data del Siglo XIV y es considerado un monumento nacional. Lo compraron en 1999 por más de un millón y medio de Euros. Fue la residencia en la que Charles de Batz-Castelmore D’Artagnan, el personaje de la vida real cuyas memorias inspiraron las aventuras de la novela “Los Tres Mosqueteros”, de Alexandre Dumas, quien vivió allí los últimos días de su vida, antes de ser asesinado en combate, en 1673. La parte más vieja de la casa es del año 1452. Durante la revolución belga, entre 1830 y 1839, Maastricht fue sitiada y muchos pro belgas se reunían secretamente allí para conspirar contra los invasores. En el área de los jardines se levanta un jardín de invierno vidriado, diseñado por el propio André. “Cuando era pequeño tomé clases de piano en este castillo. La profesora de piano era una perra y el castillo era muy oscuro. Nunca pensé que años más tarde lo compraría yo. Esta hecho con un piedra muy suave que se encuentra en esta zona porque millones y millones de años esto era parte de un océano. Es el peor material para construir un castillo porque requiere mucho mantenimiento, pero es muy romántico. En el pórtico de entrada se lee en latín la leyenda: “Aquí solo puede entrar el hombre que ama la música”. Es una coincidencia porque siempre ha estado ahí desde el principio. La pintura y las terminaciones color oro son todas nuevas y hechas por mi. Antes estaba todo húmedo y era sombrío y triste. Ahora no. En estas habitaciones festejamos las navidades que es la época del año que más me gusta” relató.

−¿Cómo lo acompaña su familia en este viaje musical que decidió emprender siendo tan joven?
−Sin mi esposa estaría en un zanjón. Hacemos todo juntos y sin ella, yo sería nadie. Conocí a Marjorie cuando sólo tenía 11 años y nos casamos cuando ambos teníamos más de 20. Ella trabajaba como profesora de alemán e italiano y ya teníamos dos niños pequeños cuando, a los 28 años, decidí fundar mi propio grupo. Ella ha sido mi principal soporte. Siempre soñé con tener una mujer con la que no sólo podría ser feliz personalmente, sino también con quien pudiera trabajar. Decidimos todo de a dos. Y mi segundo hijo, Pierre, también está muy involucrado en nuestro negocio. Así que sin duda es una empresa familiar.

−Si pudiera transportarse mágicamente en el tiempo y el espacio ¿dónde y cuándo le hubiera gustado haber nacido y vivido?
−Me hubiera encantado poder vivir en la Roma de la Antigüedad. Me interesa mucho todo lo relativo a la cultura romana, la arquitectura y la vida. Me parece fascinante la idea de entender y estudiar cómo llegó a construirse semejante Imperio y cuán “moderna” era la vida social, aún si comparamos esa época con la actualidad. Elegiría ese lugar y ese momento si pudiera hacerlo.

−En cien años ¿cómo piensa que será recordado por sus fans?
−Espero que mi música y mi trabajo perduren. Y estoy seguro de que yo mismo estaré allí para verlo con mis propios ojos porque pienso vivir muchos años más (se ríe). Tengo la intención de vivir una vida muy larga.

−¿Qué piensa de la Reina Máxima?
−Ella es una Reina maravillosa y Holanda es un pueblo muy afortunado al tenerla. Es inteligente, hermosa, encantadora, está muy cerca de la gente y por eso creo que es tan popular. La he visto un par de veces y realmente es brillante.

−¿Cómo describiría el vínculo que los une con la reina Máxima?
−La música argentina es parte de ese vínculo en gran medida. Los dos amamos el tango. Por ejemplo, recuerdo que para mí, el momento más emotivo de su boda con Willem-Alexander, fue cuando tocaron “Adiós Nonino”. Fue lo más emotivo de la ceremonia. Todo el mundo se sintió tocado por las lagrimas de la Reina Máxima y por lo que esa canción y el tango significaban para ella en ese preciso instante. Eso es lo poderoso que tiene la música. Y fue un gran honor para mí tocar en el concierto de coronación para ella y nuestro Rey en Ámsterdam, en 2013. ¡Realmente fue algo fantástico!

−¿Qué tipo especial de emociones crees que un Stradivarius transmite, a diferencia de cualquier otro instrumento musical?
−Cuando era niño también aprendí a tocar el piano, el oboe y la flauta. Pero definitivamente fue el violín el instrumento que más me atrapó. Tal vez sea debido a que mi profesora era una hermosa rubia de 18 años. Me enamoré de ella. Sin dudas el sonido de un violín es el más bonito y romántico que existe. Mi Stradivarius fue fabricado en 1732, uno de los últimos instrumentos que el gran maestro llegó a construir. Tiene un sonido muy cálido y apasionado. Me recuerda un poco a la cantante de ópera María Callas. Es un violín que espero pueda ser tocado por otros cuando yo no esté porque se mantiene en perfectas condiciones de conservación.

−¿Por qué eligió el violín como el vehículo principal de su arte?
−Porque como te conté cuando tenía cinco años de edad, estaba enamorado de mi profesora de violín y practicaba mucho para impresionarla! Al principio me costaba muchísimo concentrarme. Y es que mi profesora de violín era tan bonita y tan rubia que me enamoré de ella y ¡no hacía más que mirarla fijamente, en lugar de escuchar sus indicaciones! En cambio, nunca pude soportar al profesor de piano, que era horrible. Y, por supuesto, el sonido del violín tocó mi corazón inmediatamente. Y creo que va a tocar la de los argentinos también!

−¿Qué le diría en una carta si pudiera enviársela a su “yo adolescente” por estos días?
−Sigue a tu corazón, ama lo que haces. Cásate con quien ames y que te ame y vive tus propios sueños.

Por Alberto Anta.

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