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31/07/2017

Todo lo que hay que saber del ACV, tras el fallecimiento de María Amuchástegui

Son eventos agudos para los que hay que actuar con rapidez. Reconocerlos para una pronta atención es clave para el paciente.

El fallecimiento de la profesora de educación física María Amuchástegui, quien se hizo famosa en la década de 1980 con sus programas televisivos para hacer gimnasia, causó tristeza en el medio artístico. Según trascendió, la gurú del fitness, de 64 años, había recibido un diagnóstico de cáncer de pulmón y pocos días antes de su deceso, había sufrido un ACV, un episodio potencialmente mortal que requiere atención inmediata.

La sigla ACV remite a ataque cerebrovascular (antes llamado accidente cerebrovascular), un evento agudo que provoca una disminución del aporte de sangre y oxígeno al cerebro, lo que puede causar que parte de este órgano comience a morir.

Existen dos tipos principales de ACV. En primer lugar está el isquémico, que ocurre en el 85% de los casos. Sucede cuando un vaso sanguíneo que irriga sangre al cerebro es bloqueado por un coágulo de sangre.  En segundo lugar, está el hemorrágico, que ocurre cuando un vaso sanguíneo en una parte del cerebro se debilita y se rompe, lo que provoca que la sangre se escape hacia este órgano.

Ante la pregunta de quiénes son más susceptibles a sufrir un ACV, el doctor Ignacio Previgliano, especialista en Neurología y Terapia Intensiva y Director del Hospital General de Agudos J. A. Fernández, indicó que existen factores de riesgos modificables e inmodificables. Entre los que no se pueden cambiar están ser hombre; mayor de 65 años; presentar enfermedades genéticas o familiares; ser de raza negra o haber tenido un ACV previo. Mientras que los modificables se pueden clasificar en sociales, como bajos ingresos y nivel de educación y los médicos, que incluyen hipertensión arterial, tabaquismo, enfermedad coronaria y carotidea, ataques isquémicos transitorios, hipercolesterolemia, diabetes y sedentarismo.

Los siguientes síntomas presentados en forma aguda y de manera repentina sugieren que se puede estar sufriendo un ataque cerebral: falta de sensación o debilidad en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo; confusión; problemas para hablar o entender; dificultad para ver con o los dos ojos; problemas para caminar, mareo, pérdida de equilibrio o de coordinación y dolor de cabeza muy fuerte sin causa conocida.

“Frente a un ACV hay que poner en marcha la ‘Cadena de la Recuperación’, que consta en llamar en forma urgente al 107 o 911 y anotar la hora exacta en que ocurrieron los síntomas. Si no hay respuesta inmediata, hay que llevar al paciente a la guardia de un hospital o sanatorio que tenga al menos tomografía computada y terapia intensiva”, destacó Previgliano, quien es también profesor de la Cátedra de Neurología CSEMC de la Universidad Maimónides.

Agregó que hay tiempos recomendados que deberían cumplirse para lograr un rendimiento adecuado del equipo médico en el tratamiento del ACV. Estos son:

-La evaluación del paciente por un médico: 10 minutos

– La notificación del equipo de ataque cerebral: 15 minutos

– La iniciación de la tomografía computada (TC) para comprobar el tipo de ACV: 25 minutos

– La interpretación de la TC: 45 minutos

– La iniciación de la droga fibrinolítica para disolver coágulos: 60 minutos

– La llegada a la cama con monitor en una Unidad de Terapia Intensiva: 3 horas

Previgliano indicó que existen factores que previenen la aparición del ACV, como la dieta mediterránea; la ingesta de alimentos ricos en ácido fólico, vitamina C y betacarotenos; el consumo moderado de vino tinto; realizar ejercicio físico e intelectual; controlar la hipertensión arterial y el síndrome metabólico (diabetes y colesterol); combatir la obesidad; chequear si se tienen arritmias cardíacas, en especial fibrilación auricular; dejar de fumar; tomar aspirina si el riesgo vascular es importante (siempre y cuando no hayan complicaciones previas) y un adecuado manejo del estrés.

En cuanto a la recuperación, el médico indicó que el ACV no afecta a todas las partes del cerebro de igual manera, por lo que este período dependerá del área que fue afectada. “Cada persona tiene necesidad de tratamientos diferentes. Los problemas de movilidad, para pensar y hablar, con frecuencia mejoran en las primeras semanas o meses después del ACV. Algunos pacientes continuarán mejorando en los meses o años después de dicho evento”, detallo.

Previgliano detalló que casi siempre quedan secuelas en estos eventos, “pero si el paciente es tratado dentro de las primeras 4 horas 30 minutos existe la posibilidad de revertir las secuelas en más del 30% de los casos” A su vez, “los individuos que son tratados en una Unidad de Ataque Cerebral, tienen un 30% más de posibilidades de recuperación que los tratados en una sala de clínica general”, agregó.

Pero un ACV puede ser mortal  si la obstrucción o hemorragia afecta a una gran parte del cerebro o a centros vitales, como el de la respiración. En el caso de los no fatales, recién se pueden evaluar qué secuelas quedarán aproximadamente después de un año del incidente.

 

 

 

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