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15/08/2017

Actualidad

Eduardo Costantini abre las puertas del MALBA

“Ser coleccionista es una adicción sin culpa”

Suena a paradoja pero Eduardo Costantini (70) compró sus primeros dos cuadros en cuotas. Eran dos obras de Leopoldo Presas y Konstantin Vassilev, casi un consuelo porque la falta de presupuesto no le permitió adquirir un original de Antonio Berni que lo había deslumbrado. El tiempo le daría revancha y el coleccionista sumaría a su acervo 11 cuadros del pintor argentino, hoy parte de la colección del Malba.
Fundado en septiembre de 2001 con el objetivo de coleccionar, preservar, estudiar y difundir el arte latinoamericano desde principios del siglo XX hasta la actualidad, el museo es un punto de referencia del arte en el mundo y un ícono porteño para locales y turistas.
El empresario recibe a CARAS en su “segundo hogar” con un entusiasmo fuera de lo normal. Es que por primera vez el prestigioso “The Metropolitan Museum of Art” de Nueva York (The Met) se asoció a un museo latinoamericano para la realización de una muestra. La exhibición comprende el archivo de Diane Arbus, una de las fotógrafas más influyentes del siglo XX. La propuesta inaugurada y curada por el curador fotográfico del Met, Jeff L. Rosenheim, tuvo gran aceptación en el público: en sólo 15 días asistieron 25.000 personas, un promedio de 1700 por día, cifras que la posicionan como una de las muestras más convocantes del año.
Las imágenes se suman a la colección estable del Malba, donde se pueden encontrar obras como “Baile en Tehuantepec” , de Diego Rivera, —adquirida por 15.600.000 dólares, cifra récord para una pintura latinoamericana—, “Autorretrato con Chango y Loro”, de Frida Kahlo (3.192.000 dólares), y “Abaporu”, de Tarsila do Amaral (1.500.000 dólares), uno de los mayores símbolos del arte brasilero.
El hombre que a sus 70 años aún despunta el vicio por el kitesurf y está de novio con la licenciada en Relaciones Internacionales, Lucía Radeljak (29) —41 años menor—, dice que el secreto de un buen coleccionista es ser paciente y perseverante. “Llegué a perseguir un cuadro 20 años”, recuerda el multifacético empresario, quien desarrolló a través de “Consultatio”, Nordelta (Tigre), Puertos (Escobar), se asoció a Alan Faena para edificar “Ocena Puerto Madero” y también invierte en Miami.
—Más allá de su valor artístico, ¿Qué significa la inauguración de la muestra fotográfica de Diane Arbus que supone para el MALBA el primer acuerdo con el MET de Nueva York?
—La exposición marca un punto de inflexión porque es la primera colaboración institucional del Malba con el Metropolitan Museum de Nueva York, un museo referente, que por primera vez realiza un proyecto en Sudamérica y confía en nosotros como “partner”. A futuro abre la posibilidad de concretar diferentes exposiciones y acercar al público local la producción de artistas claves como Diane Arbus, un ícono de la fotografía contemporánea, que antes no se había visto en nuestro país.
—En retrospectiva, ¿Alguna vez imaginó que su museo se convertiría en un ícono del Arte para América Latina y el mundo?
—No lo imaginé pero tuvimos una mirada estratégica en la concepción del museo. Desde el inicio, el Malba tuvo un conjunto de fortalezas muy sólidas que lograron ese rápido posicionamiento: una ubicación estratégica sobre avenida; un edificio concebido desde cero para albergar un museo y como resultado de un concurso internacional de arquitectos; y lo más importante, una colección única centrada en el arte latinoamericano, con obras ícónicas que ya no están disponibles en el mercado. Pienso en “Autorretrato con Chango y Loro”, de Frida Kahlo, “Abaporu”, de Tarsila do Amaral o el retrato cubista de Ramón Gómez de la Serna de Diego Rivera, por mencionar sólo algunas obras maestras del museo. Además de la colección y las muestras temporarias, logramos consolidar un modelo de gestión, a cargo de destacados profesionales, con ciclos de cine en 35mm., estrenos nacionales, cursos, seminarios y conferencias de literatura y de arte, un programa publicaciones y una importante labor educativa. En el Malba siempre está pasando algo nuevo.
—Ha pagado cifras récord por íconos del Arte Latinoamericano, ¿Qué lo mueve más, el gusto artístico o el potencial comercial de una obra?
—Soy un apasionado por el coleccionismo y mi foco siempre es el Arte Argentino y Latinoamericano. Mi estrategia siempre ha sido incorporar las mejores piezas, del mejor período, de los artistas más destacados de la región. El objetivo no es comercial, sino darle un sentido y una “calidad museo” a la colección como conjunto, por eso siempre hay piezas que faltan y otras que hay que sumar para actualizar. ¡Ser coleccionista es una adicción sin cura!
—¿Cuál fue la subasta más emocionante de la que participó?
—Diría que fue la subasta de Christie’s en New York, en el año 1995, en la que se puso a la venta la pintura “Abaporu” (1928) de Tarsila do Amaral, hoy emblema del movimiento antropofágico y sin dudas la obra más importante del arte moderno brasileño. El dueño era un agente de bolsa, no pudo venderla en Brasil y la envió a Nueva York por la crisis, en pleno “efecto Tequila”. Cuando la compré (1,25 millones de dólares), los brasileños que habían asistido me invitaron a una fiesta para celebrarlo. Sin embargo, en los medios de Brasil no cayó bien que la obra hubiera sido vendida a un extranjero. Hoy es uno de los íconos del Malba y siempre que podemos la prestamos a diferentes instituciones de Brasil y del mundo. Por ejemplo ahora, a partir de septiembre, será la “estrella” de la retrospectiva de Tarsila do Amaral, que se verá en el “Art Institute of Chicago” y en “MoMA” de New York.
—¿Es un arte en sí mismo la subasta? ¿Alguna vez usó la metáfora del sabueso que persigue a la presa..?
—Hay que saber pero también tener paciencia y constancia. Hay obras que perseguí durante más de dos décadas, como “Baile en Tehuantepec” (1928) de Diego Rivera, pintura que finalmente adquirí en mayo de 2016 y marcó el récord del arte latinoamericano. Cuando salió al mercado —en la subasta de 1995 en Sotheby´s—, por un tema presupuestario adquirí sólo la obra de Frida Kahlo “Autorretrato con Chango y Loro” (1942), que hoy está en el Malba. Tuve que esperar veinte años para recuperar esta obra excepcional, clave del período moderno, que estaba fuera de exhibición desde hace más de treinta años.
—¿Recuerda su primer contacto con el Arte?
—Empecé a coleccionar Arte espontáneamente. Un día pasé caminando por una galería de Acassuso y vi una obra del artista argentino Antonio Berni que me atrajo especialmente. Era una pintura, el retrato de un chico, pero no lo pude comprar por razones presupuestarias. Sin embargo adquirí dos obras financiadas en cuotas: una de Leopoldo Presas y otra de Konstantin Vassilev. Veinte años después, ya en los ‘80, empecé a adquirir obras de calidad museo, que hoy están en el Malba. Fue un largo proceso de aprendizaje.
—¿Tienen algún punto en común el hombre de finanzas con el coleccionista?
—Se llevan muy bien y combinan en cada uno de los proyectos que encaro. Mis emprendimientos de “Real Estate” tienen una dimensión estética y creativa muy fuerte, desde la elección del terreno, el proyecto edilicio, el interiorismo y el programa de arte. Cada proyecto involucra múltiples decisiones creativas, que por supuesto tienen una base en el coleccionismo. También la mirada financiera es clave y me permite concretar y sostener los proyectos a largo plazo. Nos pasó con los terrenos de Catalinas, pero también con Nordelta, una ciudad de 40 mil habitantes en expansión constante y ahora con Puertos, la segunda ciudad de “Consultatio” en Escobar. A Miami llegamos en el año 2009, el peor momento, con inversiones bajo cero. Al poco tiempo el mercado subió hasta alturas impensadas y “Oceana Key Biscayne” y “Oceana Bal Harbour”, en Miami, resultaron los dos proyectos más grandes de toda la Florida.
—Por lo visto, cuando pretende algo es difícil detenerlo, ¿Es así en todos los aspectos de su vida o esa característica sólo aflora en el Arte?
—Soy muy perseverante y cuando tengo una convicción, no dudo en perseguir el objetivo pacientemente hasta alcanzarlo.
—¿Es cierto que pierde plata con el “Malba”?
—El museo es una inversión social. La vida nos asigna responsabilidades en distintos planos y para mí el museo es una manera de involucrarme social y financieramente. Como todos los museos del mundo, “Malba” es deficitario, me hago cargo de los 2,5 millones de déficit anual desde hace 16 años, y creo que es clave para que todo funcione y mantenga el nivel de calidad.
—¿Qué valor aporta a la sociedad un museo como el suyo?
—Hoy el “Malba” es de todos, el público se lo apropió y creo que ese es su principal éxito. Logró instalarse como una de las visitas obligadas para cada turista que llega a la ciudad, además de ser la puerta de entrada para muchos visitantes que nunca antes habían visitado un museo. Hay gente que viene al “Malba” sin conocer la programación porque sabe que siempre tendrá una propuesta de calidad o innovadora ligada al arte, al cine o a la literatura. Acercamos al público local obras de artistas que de otra manera no llegarían a Buenos Aires, como las muestras de Andy Warhol, Yayoi Kusama y Diane Arbus ahora, y también funcionamos como una usina de creación y de aprendizaje.
—¿Siente que impacta a diferentes niveles sociales o que, por el contrario, es apenas una elite la que lo consume?
—“Malba” es universal y genera contenidos diversos que buscan integrar a través de sus propuestas a públicos de diferentes niveles sociales, pero también con intereses diversos como niños y sus familias, adolescentes, docentes en formación, jubilados, personas con capacidades diferentes. Pensamos en un museo abierto e inclusivo, que pueda ser un reflejo y catalizador de la cultura contemporánea.
—¿Aún le quedan sueños o ya cumplió todo lo que se propuso para su vida?
—¡Miles! En relación con el “Malba” seguimos adelante con la idea de despersonalizar la institución para que participen más familias y particulares en su crecimiento, como sucede en los Estados Unidos, donde existen reales beneficios para quienes contribuyen a fortalecer las instituciones públicas. Este año creamos un Consejo Asesor para acompañar a la Dirección en la estrategia general y sumar nuevas visiones y apoyos en su gestión.

por Diego Esteves

Fotos: Gentileza Fundación Malba y M. DUBINI/PERFIL

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