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27/12/2017

El ministro de economía Nicolás Dujovne y su familia en Punta del Este

Entrena junto a su mujer Carolina Yellati y hace vida familiar en José Ignacio.

Hace exactamente un año, cuando veraneaba con su familia en Punta del Este, Nicolás Dujovne (50) recibió un llamado hot desde Buenos Aires. La misma mañana del 26 de diciembre de 2017 en la que Alfonso Prat Gay (52) abandonaba el Palacio de Hacienda, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña (40) lo llamó por teléfono para encargarle una misión de superhéroe: ser el nuevo ministro de Economía argentino. Un cargo que siempre estuvo bajo la lupa, y que se devoró a lo largo de la historia cantidad de nombres. El ex alumno del Colegio Nacional y Comercial de Vicente López no dudó en aceptar, y así puso manos a la obra a su gestión ministerial. Y después de un fin año movido y estresante por reformas económicas que lo rozaron de cerca, Dujovne volvió a elegir la misma fecha y el mismo destino para descansar con su mujer, Carolina Yellati, y sus tres hijos. Refugiados en una casa de José Ignacio de reciente construcción, los Dujovne pasaron la Navidad en el Este y, con hermético bajo perfil, hicieron lo que cualquier veraneante hace: disfrutar de la paz lugareña y de una Naturaleza privilegiada, y anclar en la playa todos juntos para relajarse al sol y contemplar los bellísimos atardeceres.

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Hijo de dos reconocidos arquitectos, Bernardo Dujovne (80) y Silvia Hirsch, dueños de un estudio de arquitectura que hizo los planos de la Torre Trump en Punta, Nicolás tiene la virtud de pasar absolutamente inadvertido. Su rostro no está entre los que la gente reconoce a simple vista, y esa ventaja le permitió movilizarse “como uno más”. Antes de la Nochebuena CARAS lo sorprendió trotando por José Ignacio, y el 25 a la tarde, aprovechando la magnífica jornada de sol, fue con su familia y un grupo de amigos a la playa La Juanita. Eligieron cuidadosamente una entrada al mar donde no había automóviles, y acamparon sobre la arena en un sector con pocos turistas a la vista. El ministro no se animó a meterse en el mar, pero si jugó a la paleta con sus hijos y en un momento se aisló, dándole la espalda a todos con su reposera, para entregarse a la lectura de un libro. Días de necesaria introspección para seguir afrontando una misión no apta para cualquier mortal.

por Carlos Cervetto
(desde Punta del Este)

F.DE BARTOLO/PERFIL y ERNESTO PAGES

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