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13/04/2018

Valeria Lynch, la estrella que brilla en Sunset Boulevard

La diva de la música Argentina, habló en exclusivas con Caras sobre el desafió de ser la protagonista de este musical ¡Mirá!

Desde que se conmovió con su historia supo que era el papel de sus sueños. Y ahora, veinte años después, pero a días de estrenar “Sunset Boulevard”, el célebre musical de Andrew Lloyd Weber, Valeria Lynch confiesa que ponerse en la piel de “Norma Desmond”, la diva del cine mudo que cae en el olvido, es un sueño hecho realidad. No importan las ocho horas diarias de ensayos, ni una partitura “rayando la ópera, de las cosas más difíciles que me tocó cantar”, como tampoco los nervios y ansiedad que la abordaron el 6 de abril, cuando subió al escenario del Teatro Maipo; porque Valeria afirmó sentirse feliz frente al desafío.

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“Pasó muchísimo tiempo desde que vi la obra en Broadway, con Betty Buckley. Ahora me siento actoralmente madura para encarar este proyecto”, admite la cantante sobre su esperado protagónico, que la pone a prueba con una interpretación de exigente registro dramático. “Norma es un cúmulo de emociones, un personaje impredescible, que pasa de la risa al llanto en un segundo”, cuenta Valeria sobre su papel en el musical basado en la película homónima, cuya trama gira en torno a una antigua estrella que vive apartada del mundo en su mansión de Sunset Boulevard, cuando su camino se cruza por con el de “Joe Gillis”, un joven y oportunista guionista de Hollywood, que se convierte en su amante y, también, en su oportunidad para su regreso a la gran pantalla.

Con dirección de Claudio Tolcachir, la versión argentina cuenta con un elenco de 24 figuras en escena y 16 músicos, dirigidos por Gerardo Gardelín. Mariano Chiesa, Rodolfo Valss y Carla del Huerto, figuras del musical local, acompañarán a Valeria en los roles principales junto a un talentoso ensable de bailarines y cantantes, en una apuesta producida por Gustavo Yankelevich y Lino Patalano. “Hay un tremendo equipazo, de Primera A. Tengo unos compañeros de lujo”, afirma Lynch, quien suma 11 cambios de vestuario en negro, oro y plata, entre turbantes, tafetas y crepes, creados por Renata Schussheim. “Uno de los cambios implica estar lista ¡en 20 segundos!”, aclara Valeria, con la enérgia que la caracteriza.

“Creo que eso es lo que más me atrapó de hacer a Norma Desmond; que debe haber muchas como ella en el mundo del espectáculo. Gente olvidada, que de un día para el otro deja de ser quien fue, de tener el reconocimiento de la gente. A ella la olvidan los productores, el público. Como actriz, lo que hago es abrir la cabeza y dejarme llevar, primero en las manos de Claudio, el director, que es un genio, y después de acuerdo a mi sensibilidad. Yo hice muchas cosas actorales y creo que este es un personaje tan dramático, que me da la posibilidad de encontrarme en una faceta inexplorada. Creo que los voy a sorprender. Ojalá sea de esa manera”, asegura la artista y de inmediato se la escucha reir, entusiasmada.

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“Al personaje lo humanicé, porque mostramos todas las caractarísticas de una diva, pero también su lado débil, sensible y vulnerable, su desamor. Imaginate lo que debe ser para una diva tener que encontrarse con el vacio y el olvido. Nos puede pasar a cualquiera de los que nos subimos al escenario. Muchas veces yo me pregunto eso mismo, ¿Qué me va a pasar cuando no pueda hacerlo?”, reflexiona Valeria. “Sobre el escenario me van a ver en muchas facetas; voy a ser cruel y sensible, también misteriosa y con humor. Es un personaje muy difícil de componer”, admite.

—¿Alguna vez a usted le tocó lidiar con la soledad ?
—No, con la soledad actoral gracias a Dios jamás. Uno se acostumbra mucho al público, a que te admiren, al éxito. Y hay que tener los pies muy sobre la tierra para darte cuenta que eso no dura toda la vida. Mi carrera ha sido excelente y la gente me quiere, me siente parte de su familia. Y la verdad es que lo que tuve que hacer para construir a este personaje fue trabajar desde una base más tórrida. Yo soy toda chispita, para arriba, y el director me decía “para abajo, para abajo”. Porque Norma es la que manda, decide y gobierna y eso, para mi personalidad es bastante difícil de aceptar, porque yo pienso que todo siempre se hace en equipo; que podés ser cabeza de compañía pero que si no tenés todo lo que te secunda, no sirve. Tuve que asumir ese rol.

—¿Y cómo logró su propia versión de esta diva en decadencia?
—Me conecté con las zonas que uno cree que no tiene, pero están. Porque en algún lugar escondidas están: el destrato hacía los demás, el creerse el centro del universo.Todo el mundo tiene ego, pero sobre todo un artista. Todo eso lo tuve que sacar y ponerlo a flor piel para que apareciera el personaje. Y después empecé a ahondar para entender porqué existía esa oscuridad. Ella (Norma) tenía una vida muy dura. Me siento reflejada con todo el personaje, con todas las situaciones por las que ella pasa. A mí también me da temor el olvido del público. A mí y, creo, a la mayoría de los artistas que estamos acostumbrados al éxito. Estar en el escenario es mi vida. Hay que sobrevivir al olvido.