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07/07/2018

Actualidad

A los 88 años, Pepe Soriano abre las puertas de su casa

Por Fabián Cataldo | El actor y director mostró a CARAS en exclusiva su casa en donde nació y actualmente vive. Detalles en la nota

El paraíso se lo ganó en esta vida, y bajo su protección descansa, crea y sueña. Fue muy fructífero el recorrido entre el primer latido y su último cumpleaños, el número 88. Pero José Carlos Soriano, emblemático actor y director conocido como Pepe Soriano siempre tuvo como refugio existencial su propio paraíso: una casa ubicada en el barrio de Colegiales, en la cual nació, jugó con sus abuelos y recibió el amor de sus padres.

De esa casa amada se alejó durante muchos años, para regresar tras haberla extrañado, y así remodelarla, mimarla, decorarla a su imagen y semejanza. “Nací acá, me fui a los 25 años, cuando me casé por primera vez, y deambulé por muchos lugares. Después fui a España, cuando me propusieron interpretar a Franco. Tenía que engordar unos veinte kilos en cuarenta días. Lo vi a Cormillot (Alberto), me hizo comer un montón, y fui a hacer la película.

Después me quedé trabajando allá. Cuando volví a la Argentina, mi viejo había muerto y mi hermana me dijo que a esta casa no iba a volver. Ella tiene bisnietos y un proyecto familiar en otro lado. Así que un día me levanté en España, donde me mimaban mucho, y sentí que no era mi ‘Lugar en el Mundo’. Y regresé al país”, le cuenta a CARAS el respetadísimo actor que en ese entonces tuvo que empezar de cero. Antonio Gasalla se había bajado de un éxito con una obra llamada “La Verdad de la Milanesa”, y lo llamaron a Soriano para reemplazarlo.“Gané unos mangos para subsistir, y un poco tenía ahorrado, así que empecé a arreglar la casa. En ese momento era como una tapera, goteaba por todos lados. Allí vivía mi papá, solo, cuando tenía la edad que yo tengo ahora”, explica quien tiene exhibido más de 130 premios, entre los que se destaca un “Goya”.

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En sus paredes tiene colgados cuadros con mucha historia, incluyendo un Pérez Celis, artista plástico al que conoció y de quien se hizo muy amigo.“Ese cuadro me lo regaló en 1968”, comenta. También se deleita posando con su armonio (instrumento de viento con teclado, en apariencia similar al órgano) fabricado en 1862.“Lo trajo la colonia galesa a la Patagonia. Mi suegra vivía allá, era hija de galeses y organista de la Iglesia Protestante. Fui a su casa muchas veces, le decía que me encantaría tener ese instrumento, pero era lo único que ella tenía. Ella murió a los 96 años, hace poco, pero un tiempo antes me llamó y me dijo que me lo regalaba. Contraté un camión para traerlo desde el Sur. Es un instrumento tan singular.

Tiene una reforma que me hizo uno de los luthiers de Les Luthiers. Es muy creativo, logró que yo lo toque y que se toque solo, o sea, que reproduzca música. Tengo grabado en una memoria varios himnos ingleses”, dice Pepe, que además tiene un bandoneón con sus iniciales y una guitarra que era usada en el patio de su casa, cuando sus abuelos invitaban a comer pasta a sus amigos italianos nostálgicos, que además tocaban mandolinas debajo de dos higueras y una parra.“Yo tendría cinco años, y uno de estos tanos que ni hablaban castellano me enseñó a tocar un poco”, explica.

Entre las actuaciones más recordadas de Soriano en cine se encuentran el alemán Schultz en “La Patagonia Rebelde” (1974); el abuelo en “No toquen a la Nena” (1976); y Lisandro de la Torre en “Asesinato en el Senado de la Nación” (1984). En España es recordado por la película “Espérame en el Cielo” (1988), en la que interpreta a un doble del dictador Francisco Franco. Obtuvo el Premio Konex en 1981 como uno de los actores más importantes del Cine Argentino. Y en 2010 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña.

Pepe contrajo dos matrimonios. En el primero tuvo dos hijos que viven en España: Martín (57) y Hernán (55), y una nieta española (hija de Hernán) que se llama Marina (16).“Con Diana formé un segundo matrimonio de más de 40 años. Ella es psicoanalista, aunque, en realidad, quien me introdujo al mundo psicoanalítico fue Enrique Pichon-Rivière (médico psiquiatra argentino nacido en Suiza y criado en la Argentina). En una época me reunía con él todos los días a las seis de la mañana, en un bar, para hablar de la vida. Con Diana tuve a mi hija Victoria (25), que se dedica a la producción de teatro. Fue a la Universidad de Palermo, se recibió y empezó a trabajar con varios elencos”, afirma Soriano, que termina de hacer “El Padre”, una obra que trata el tema del Mal de Alzheimer. Pronto pondrá en marcha “Mi Oficio”, una suerte de monólogo con material audiovisual inédito de su carrera. Además, inicia una gira por toda la Argentina con el empresario y productor Guiliano Bacchi, con el espectaculo “El Loro sigue Contando”.

—¿Cómo define su vida?
—Viví a mi manera: ensombrecido, internado por loco (“Síndrome Confusional”), con un cáncer (de vejiga), con la alegría de conocer a mi mujer y la felicidad que me brindan mis hijos y mi nieta. Con muchos amigos, algunos que ya se fueron “de gira”, como decía Osvaldo Miranda (el recordado actor). Todo fue armando mi existencia.

—¿A qué cosas tuvo que renunciar?
—Honro la vida trabajando con honestidad, a veces no teniendo lo que debería. Mantengo mi casa y punto. Ni auto me queda, dejé de manejar porque a esta edad puedo ser un peligro en la calle. No siento que lo soy, pero puedo llegar a serlo. Los reflejos ya no son los mismos.

—¿Le pesan los años? ¿Cómo se cuida?
—Hasta hace quince años corría diez kilómetros por día, desde el Museo Sívori hasta la Ciudad Universitaria, ida y vuelta. Hoy le doy a la bicicleta fija y me ejercito con una pesita. El alcohol lo tengo casi desterrado. Llegué a fumar cuatro atados de cigarrillos negros por día. Lo dejé cuando fui a España por primera vez, en 1980, porque en mitad de la obra sentí que me caía, me faltaba el aire. Agarré el atado, lo apreté, lo tiré al piso y dije: “¡Nunca más fumo!”.

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—Está en pareja desde hace 40 años… ¿Cómo vive el amor?
—Hay que querer profundamente, y además entender que el otro, no es uno sino otro. Es la clave, porque si vos querés que el otro sea como vos, estás equivocado.

—¿Piensa en el Más Allá? ¿Le tiene miedo? ¿Es creyente?
—Morirme no me da miedo, pero sufrir, sí. Si sufrís es terrible. Estamos hechos para morir, pero cuando estamos en situaciones límites pedimos auxilio a algún lado. Un día, tenía la vejiga tapada, me pusieron por afuera una bolsita. Los médicos me dijeron que si no se destapaba había que poner una especie de cañito por adentro. Pensé:“Si mañana puedo orinar y zafo de esta, voy a agradecerle a la Virgen de Luján”. Y al otro día oriné. Así que, por supuesto, cumplí la promesa.

—¿Volvería a trabajar en televisión?
—La TV es un invento maravilloso. Empecé a trabajar en televisión en 1954. En España, para hacer un capítulo de TV de una hora, nos tomaba quince días. Hoy en la Argentina, los compañeros tienen que hacer un capítulo de una hora en un día. Yo pregunto: “¿Hay alguna pera que madure en un día?”. Hace poco me llamaron para proponerme una ficción en TV, y te aseguro que necesito ganar un mango para vivir, pero dije que no. Es para amargarme, no quiero pasarla mal a esta edad.

—¿Cómo le gustaría que lo recuerden?
—Actores va a haber mejores y peores, pero me gustaría ser recordado como un buen tipo.

—Tiene una pared con ladrillo a la vista cubierta con un blindex, con una incripción que dice: “Punto de Partida”… ¿Qué significa?
—Toda la casa iba desapareciendo y logré rescatar esta pared original. Le coloqué un blindex, y a mi mujer se le ocurrió ponerle una inscripción: “Punto de Partida”, porque yo nací acá.

—¿Qué representa esta casa para usted?
—Es un lugar vivo, esta casa habla conmigo. Me acompañan mis abuelos, nunca estoy solo. Oigo ruidos. Yo acá convivo con mi mujer, pero de repente escucho ruidos. Mis antepasados están acá también, existo con todos ellos. Pasé un cáncer, una internación psiquiátrica, ahora tengo salud, trabajo, memoria, me siento bien…¿Qué más quiero? ¿Una quinta, una lancha, un avión? ¿Para qué?

 

M.DUBINI/PERFIL