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02/08/2018

Chino Darín habló de las ganas de ser padres con Úrsula Corberó

Antes del estreno de "El Ángel", el hijo de Ricardo Darín se refirió a sus proyectos y su amor con Úrsula Corberó.

Es el mediodía de un miércoles nublado y lluvioso de invierno, pero adentro del estudio fotográfico de Palermo, el clima rememora la primavera. Las ventanas están cerradas y la cándida luz de los reflectores acentúa esa inconfundible mirada que hizo que la prensa se olvidara de sus nombres Ricardo Mario. Hace pocos días que El Chino Darín (29) está en Argentina por el estreno, el 9 de agosto, de “El Ángel”, la película de Luis Ortega (38) basada en Carlos Robledo Puch, quien con 20 años fue condenado a cadena perpetua por sus múltiples robos y crímenes.

“Me gustó visualizar a la familia de mi personaje Ramón como perros, que se olisquean y rozan unos con otros, y a Carlitos —interpretado por el debutante Lorenzo Ferro (20)—, como un gato escurridizo que va por su cuenta. Ambos vienen de universos distintos y a la vez logran congeniar para su sociedad criminalística”, asegura sobre el film producido por Pedro Almodóvar que arrasó en el Festival de Cannes y recrea de forma perfecta la estética de la década del ’70.
Desde hace tres años, el hijo de Ricardo Darín y Florencia Bas divide su vida entre Buenos Aires y España, de donde es su novia, la actriz de “La casa de papel”, Úrsula Corberó (28).

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En 2015, el director Fernando Trueba lo convocó para filmar “La reina de España” junto a Penélope Cruz. Apostó como actor en un nuevo territorio y tuvo rápidamente sus frutos. “Ese año, en paralelo hice un casting para la serie ‘La embajada’(donde conoció a Corberó y se enamoraron) y quedé. Una cosa llevó a la otra: vinieron después nuevas películas y hasta conduje un programa en la televisión española”, asevera quien nació en San Nicolás de los Arroyos, la ciudad de su madre, en la provincia de Buenos Aires.

“Me cuesta definirme porque soy muy cambiante: lo que diga hoy, dentro de unos días deja de tener vigencia. Soy inquieto, me aburro rápido. Por eso, trato de hacer personajes diferentes”, destaca uno de los actores más reconocidos de Hispanoamérica que llega solo a las notas, mochila en mano y sonrisa campante.

—¿Cómo fue la composición de su personaje en “El Ángel”?
—Cuando Luis me convocó me dijo: “¡Ramón sos vos!” Después en la interpretación no tenía nada que ver conmigo. Todo el elenco (que se completa con Cecilia Roth, Mercedes Morán, Daniel Fanego y Peter Lanzani, entre otros), investigamos sobre la época y el caso Puch. Hablamos mucho con Luis, ensayé varias veces las escenas con “Toto” Ferro. Hicimos pruebas de cámara varios meses antes de las grabaciones, que fueron la mayoría en la zona norte de Buenos Aires y alrededores: la casa de Ramón estaba en Tigre y sólo la escena del túnel la filmamos en Rosario. Fui componiendo mi personaje durante ese proceso. Ramón es un perro buscando fama. Su premisa es que quiere ser famoso, desde ahí lo encaré. En el medio, hace cosas terribles pero siempre está su idea de ser famoso: de ser alguien reconocido en la vida.

—¿Cómo es trabajar con Luis Ortega como director?
—Es un distinto, un fenómeno, un pibe que tiene un talento y una sensibilidad en todos los aspectos de su vida muy particulares. Con intereses muy locos: las cosas que resalta siempre te hacen reflexionar: juega con el humor, te pone en lugares incómodos. Desde “Historia de un clan”, donde nos conocimos, fue un descubrimiento para mí. En esa serie él no quería rodar conmigo, me dijo que no me tenía fe, que era una figurita impuesta por la productora con la que debía lidiar. Tenía sus propios prejuicios, a favor y en contra, como los tenemos todos. Después celebramos esa unión porque fue una fiesta el rodaje. Terminamos muy hermanados. Siempre quiero trabajar con Luis: son procesos enriquecedores como actor y persona. Entre los dos hay una dualidad de barrio y camaradería muy linda, de sacar adelante lo que sea: él puede filmar con un presupuesto de dos mangos o de un millón e igual hacer maravillas. Celebro el momento que le toca vivir, ojalá tengamos productos de Luis Ortega para rato porque tiene los pies dos o tres centímetros arriba del suelo, sus historias no son del todo terrenales: las hace propias, tienen vuelo poético y sabe de lo que habla.

—¿Cómo vio el debut cinematográfico de Lorenzo (hijo del actor Rafael Ferro)?
—Luis descubrió a “Toto” en un casting de mil jóvenes y se enamoró de su interpretación. Lo defendió a capa y espada sobre otros actores con mayor experiencia que sugería la productora. Él quería una imagen desconocida. En lo particular, “Toto” me sorprendió muchísimo, es una persona con magnetismo. Luis lo acompañó en la composición de su personaje y él superó con hidalguía el desafío de ser el protagonista. Hubo química entre nosotros, nos hicimos amigos fuera de cámara y esa relación aportó a la historia.

—¿Cómo siguen sus proyectos?
—Me quedo en el país hasta fin de año. Además de “El Ángel”, el 2 de agosto estrenamos “El amor menos pensado”, que es una película protagonizada por Mercedes Morán y mi papá, donde debutamos con nuestra productora “Kenya Films” (integrada por Ricardo, El Chino y dos socios más). Lo hicimos junto a Patagonik, con la que nos asociamos y rodaremos pronto otra película. Y en octubre empiezo un nuevo rodaje en Argentina.

—¿Se considera un actor consagrado?
—No, tampoco considero que el objetivo de un actor sea la consagración, todo es trabajo a trabajo. Sí siento que tengo más herramientas como actor. Uno va gestando un camino que le da confianza, aunque a veces también esa confianza se desmorona, como le pasa a cualquiera en su profesión. Son ciclos, hay momentos que te agarran mejor o peor parado en tu vida personal. Ya pasaron diez años, donde me comprometí en diferentes proyectos, con actores de diversas trayectorias y eso me dio aprendizaje y experiencia.

— ¿Qué diferencias encuentra entre su vida en España y Argentina?
—Tenemos una idiosincrasia muy similar, los tiempos vitales son parecidos: los españoles almuerzan y cenan tarde, salen de cañas o de copas hasta cualquier hora, como en Argentina. Después hay cosas en que no nos parecemos en nada: vas al aeropuerto acá y ves toda la gente agolpada y vas a España y ves una cola formada, donde todos respetan su lugar. Tiene que ver con que es un país que está funcionando desde hace muchos más años que Argentina. Tenemos cosas para aprender y también para aportarles. Ellos son más distantes, nosotros más confianzudos, afectuosos y metidos en la vida del otro: acá todo el mundo se cree con el derecho de opinar sobre temas ajenos, allá son un poco más cautelosos. Tienen una prensa rosa que está más ligada al mundo del fútbol y a figuras televisivas, aunque no tanto con los actores. La farándula está más sectorizada, acá está todo mezclado: el fútbol y el espectáculo. Lo que no quiere decir que sea mejor o peor. Sólo son diferencias que uno va captando. En cuanto al día a día allá, conservo mis costumbres: tengo mi yerba, mi mate, hay alfajores Havanna y como muy buena carne en una parrilla de argentinos. Obviamente que se te pegan algunos modismos, más cuando en mi círculo íntimo son la mayoría españoles. Pero no adopté su acento, sólo lo practico en los papeles que interpreto, donde hago un esfuerzo grande ya que es muy difícil actuar en otra lengua. Para eso, tuve coaches y también le pedía correcciones a mis afectos españoles.

—¿A su novia Úrsula?
—Sí, me ayudó un montón porque es la persona con la que más tiempo paso, más allá de no convivir. También porque al ser catalana tuvo que cambiar un poco su acento en algunas actuaciones. Acá parece que es todo lo mismo, pero cada región tiene su forma de hablar.

—¿Qué costumbres argentinas le contagió?
—Cada tanto me acepta un mate, pero no tiene esa costumbre, no le gustan mucho las cosas amargas y a mí sí. El dulce de leche le encanta. El asado también, pero está más acostumbrada porque en el país vasco hacen unos chuletones riquísimos, sólo que no le dicen asado. Otra cosa argentina que le encanta a Úrsula son las fábricas de pastas frescas y caseras, algo que allá prácticamente no hay: para comer unas ricas pastas tenés que ir a un restaurante italiano. Nosotros tenemos una cultura de la pasta de los domingos más arraigada y me gustan más las pizzas argentinas que españolas. Pero en cuanto a mariscos me quedo con los de España, no se pueden comparar: cada pescado y tomate tiene su origen, por eso, te preguntan, por ejemplo, de qué lugar querés el langostino cuando lo pedís. En cuanto a pastelería, prefiero las cosas de Argentina. Hay una panadería cerca de San Nicolás que se llama “Perazzo”, donde hacen las mejores palmeritas del planeta.

—¿Cocina?
—Sí, cocino, aunque poco porque no es mi fuerte. Soy más de comer, soy un experto comensal. Me da fiaca el tema de planificar y tener que ir a comprar las cosas antes. Si en el momento surge cocinar algo, me la rebusco y resuelvo: hago alguna carne a la parrilla con verduras o siempre tengo unas pastas para hacer.
—¿Qué cosas le gustan hacer fuera de su profesión?
—Me gusta leer, soy de ir mucho al cine o a ver bandas. Disfruto mucho de los juegos de mesa con mis amigos. Tuve épocas en las que hacía bastante deporte, este no es el caso. Esquío desde chico, competí en taekwondo a los 16 años y cuando me llamaban para jugar al fútbol, tenís o ping pong, estaba disponible. Estoy ligado al deporte pero no lo hago constantemente como un deportista. Odio correr, sí camino muchísimo porque en Madrid hago todo a pie o en transporte público. Pero no pongo como plan salir a caminar. En cuanto a las comidas, como sano, lo hago naturalmente porque no me gustan las cosas rebozadas. No tiene que ver con cuidar una imagen, es más bien un hábito familiar.

—¿Qué heredó de sus padres?
—No sé, soy una mezcla de los dos. Si bien físicamente soy más parecido a mi mamá, a medida que crezco voy encontrando cosas de mi viejo, como algunos gestos.

—¿Cómo es la relación a la distancia con su hermana Clara (24)?
—Nos queremos muchísimo y extrañamos cuando no nos vemos. Pero tratamos siempre de estar presente. Me gusta saber qué hace y acompañarla en sus proyectos. Está cantando en una banda y el otro día fuimos a verla. Estudió canto y Bellas Artes, con lo cual también hace instalaciones artísticas y pinta cuadros. Y por otro lado, creó con dos amigas “Yey House”, en El Salvador 4588, que es un espacio multimarca donde venden cosas originales.

—Su padre les dijo una vez: “nunca le nieguen un placer a su corazón”, ¿le hace honor?
—Es una frase que antes se la dijo mi abuelo a él. Intento hacerle caso. Es un concepto que tiene que ver con ser sincero con uno mismo, con escuchar y seguir aquello que te vibra y sensibiliza.

—Como ser papá joven, que manifestó que le gustaría…
—¡Ya no estoy a tiempo de ser padre joven! Yo me veo como papá desde que soy hijo porque siempre disfruté de mi familia, me encantaría ser padre pero no me pongo límite de edad. El concepto de familia en mi familia está muy arraigado y, en ese sentido, mis abuelos maternos son un universo idílico: están juntos desde muy chicos y generaron que todos puedan desarrollarse. Por el lado de mi papá, la familia es más disfuncional y no por eso tiene mayor o menor valor, también conserva sus atractivos. La pasé muy bien siendo chico y creciendo en mi familia: mi mamá me tuvo desde muy chica, tenía 21 años y, como había una cuestión generacional donde mi vieja parecía una nena, pasé más tiempo con ella en esos años y me gustaba la idea de tener la misma diferencia etaria con mi hijo. De más grande, recuperé ese terreno con mi viejo y me di cuenta que la vida es larga y no hay que apresurarse.

—¿Puede ser padre con Úrsula?
—Sí o quizás no tengamos hijos. No lo sé, me relajé en ese punto. Estoy en otro viaje y la paternidad te hace resignar un montón de cosas, es difícil decir cuándo es el momento justo para ser padre, es como dejar de fumar: nunca las condiciones son ideales. Si se da, llegará en el momento que tenga que ser, sin forzar nada.

Por Naiara Vecchio

Agradecimientos: Fotos: @machadito1,
Estudio Machado Cicala.
Producción y estilismo: Romina Giangreco para Estudio RFG Stylecoaching. Asistente Sharon Dana. Peinó: Eddie Rodríguez para Cerini con productos L’Oréal Professionnel. Make up: Carol Schmoisman para RFG Stylecoaching.
Ropa: Rochas, Hugo Boss, Dorian, Infinit, Fiume.
Prensa: Raquel Flotta. Paula Aisenberg.

 

 

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