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09/09/2018

Actualidad

Abel Ayala, disfruta a pleno el éxito de “El Marginal”

Por Karina Lopez | El actor se confesó en CARAS, hablando de su presente y proyectos futuros. Detalles en la nota

Forma parte de uno de los mayores éxitos en la historia de la televisión pública, pero ahora, cigarrillo en mano y vestido a la manera de los años 50, Abel Ayala (30) vuelve a su primer amor: el cine; ese mundo que conoció a los 12 años y que cambió su vida para siempre. Porque así fue como el actor—que hoy, en piel de “César”, disfruta la popularidad de la segunda temporada de “El Marginal”—inició un camino en el que la realidad más difícil pudo transformarse en oportunidad.

Su infancia fue muy dura: Ayala no conoció a su papá, tenía siete años cuando supo que su hermana era en realidad su mamá y se escapó a los nueve de la casa de su abuela, donde era ignorado. Tras vivir un año en la estación de trenes de Constitución, pudo llegar a “El Arca”, el hogar de Moreno donde el director Juan Carlos Desanzo lo eligió mediante un casting para protagonizar “El Polaquito”, filme que cuenta la historia de un chico de la calle. “No hay que olvidarse de los miles de los chicos de la Argentina que tienen una historia como la mía. Gracias a Dios, yo tuve muchas oportunidades maravillosas que supe aprovechar. Hoy ya no tengo vergüenza como antes y estoy aprendiendo a capitalizar todo eso para tener seguridad en mi personalidad. También del dolor se sacan cosas buenas”, confiesa Abel.

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“El arte me ayudó a educarme y a construirme desde un lugar más lindo. El actor trabaja mucho con lo que es, con lo que no, y con sus limitaciones. Cuando vivía en el hogar hablaba y me vestía como un pibe de la calle. Me bañaba, pero tal vez no era muy pulcro. Actuar me obligó a modificarme, a mirarme, a entender eso; que podía cambiar. Pasé de ser un chico de la calle a tener modales. También la terapia me ayudó: descubrí que alguien te escucha, que lo que decís, vale. Porque cuando vos sos un pibe de la calle nadie te escucha, te ve. Y eso es otra cosa maravillosa que tiene el actor: la gente te mira, valora, te llaman por tu nombre. No puedo decir que el arte me salvó, yo todavía no estoy salvado, y en muchísimos aspectos lo digo, pero ser actor fue un salida, un camino en la vida”, reconoce Ayala, quien después de compartir elenco en 2017 con Julio Chávez en “El Maestro” y de un verano abocado a las grabaciones de la precuela de “El Marginal”, acaba de concluir la filmación de “Algo con una Mujer”, el policial de época dirigido por Luján Loioco y Mariano Turek que se filmó entre Buenos Aires y San Antonio de Areco y lo muestra en un registro muy diferente.

“La historia está situada en los 50´s, en medio del clima político, de dictadura y persecución a los peronistas que se vivía. Mi personaje es ¨Vargas¨, un hombre que comete un crimen y se mete en un triángulo amoroso con una mujer que cree fue testigo de ese crimen. Él la persigue para averiguarlo, pero en el camino se enamora y las cosas se complican”, cuenta el actor sobre la película en la que encarna a un militante político y también protagonizan María Soldi y Manuel Vignau. Sobre el suceso y posible continuidad de “El Marginal”, dice: “Es un fenómeno que nos viene bien a todos y más en este momento que la cosa está bastante complicada. Está buenísimo tener una vidriera bastante potente ¡Hay como un fanatismo! Mi personaje, César, en esta precuela está en calidad de observador constante e intuye que algo raro está pasando. Me encantaría que haya una tercera.”

A semanas de estrenar “El Búfalo Americano”—la obra de David Mamet con la que debuta el 21 de septiembre en el teatro Broadway de Rosario, para luego iniciar una gira por Argentina y paises limítrofes—Ayala explica cómo es volver a trabajar con Claudio Rissi y Roly Serrano, protagonistas y compañeros de la ficción de Underground, rodada en la ex carcel de Caseros, y emitida por Netflix: “Éste es el séptimo proyecto que comparto con Roly. Cuando lo conocí en ¨El Polaquito¨ yo aún vivía en el hogar y para mí él era ¨el¨ actor; famoso, reconocido. Después, cada vez que lo volví a cruzar siempre lo vi como un hermano mayor. Roly tiene, además, una historia muy parecida a la mía, nos unen muchas cosas más allá del trabajo. Lo quiero mucho, mucho, y la verdad que compartir ahora ésto con él me encanta”.

Fotos: Federico de Bartolo

 

 

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