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10/11/2015

Celebridades

Enrique Iglesias antes de su concert en la Argentina

“Soy mas romantico que sexual”.

Se encuentra en su cuarta década de vida. Más allá de éxito internacional siempre aparece afable, centrado y en control de sus emociones. Español, taurino y pareja desde hace más de 13 años, con la tenista rusa Anna Kournikova (34). Productor de obras en Broadway, actor, compositor y principalmente cantante. Enrique Iglesias (40) recibió a Caras en Miami. Se ha trazado un nombre por derecho propio y es reconocido internacionalmente, tanto por su repertorio en castellano, como en inglés. Desembarcará en Buenos Aires el 14 de noviembre, donde actuará en GEBA con su “Sex and Love Tour” para presentar su último CD, lanzado por Universal Music. Este trabajo lo ha coronado como el cantante pop latino de mayor éxito en Estados Unidos en lo que va de esta década, con canciones como “Bailando”, un tema pop tropical con sabor urbano a dúo con Descemer Bueno y Gente de Zona. Reconoce que le gustaría tener hijos algún día, pero para ello espera no tener que viajar tanto. Sobre su actualidad se muestra entusiasmado con los proyectos que habrá de encarar. ”Tengo la misma energía para trabajar que cuando empecé en esta carrera a los 18 años. Me apasiona escribir canciones y expresar con ellas mis emociones. De la misma forma siempre quiero estar rodeado de mis fans, no me canso de la buena energía que transmiten. Esa energía me  alimenta. Por eso recorrer el mundo y estar arriba del escenario, para ver sus reacciones, es esencial. Esa conexión con el público es salud”. A días de arribar a nuestro país cuenta que tiene los mejores recuerdos. “Estoy convencido que en Argentina, he dado algunos de mis mejores conciertos. No sé la razón, pero existe un clima de expectativa increíble, que comienza desde que aterriza el avión. Es un país donde la pasas genial. Es un lugar que amo y donde me divierto. Cuando llego estoy feliz y al marcharme me siento un poquito triste. El primer show que alguna vez dí en Argentina fue en River, que es un estadio tan importante. He vivido grandes locuras allí. Por cierto, en Mar del Plata, en 1997 participé del programa de Juan Alberto Mateyko. Era  “La movida del verano” y cuando terminó la presentación, me subí a la camioneta y las fans la volcaron. Por suerte nadie salió herido pero el susto fue terrible. Nunca me había pasado algo así”. Unos meses atrás, en uno de sus conciertos vivió un accidente que se viralizó rápidamente por las redes sociales. Tuvo la impericia de tomar con una de sus manos un dron que estaba siendo utilizado para filmar el recital. Fue con tal mala suerte, que las hélices del aparato le cortaron instantáneamente la mano y uno de sus dedos, con lo cual tuvo que detener el show y ser asistido rápidamente para luego ser intervenido quirúrgicamente. Aún hoy conserva el shock de ese accidente y muestra las marcas que le dejó. “Fue un susto, una tontería y fue totalmente mi culpa. Son accidentes que suceden. En ese momento no dolió tanto, pero después de la operación el dolor fue insoportable. Cuando vuelvo a pensar en lo que hice, no puedo creer cuan idiota había sido. Pero aún así, a medida que pasan los años, disfruto más de los shows en vivo. Eso tiene que ver mucho con el repertorio. Cantar canciones si se quiere más comerciales, como “Experiencia Religiosa”, y mixturarlas con otras como “I like it”, “Cuando me Enamoro” y “Bailando” resulta una combinación perfecta. Se crean distintos climas muy interesantes y la gente los disfruta. Y yo más. Estar sobre el escenario y ver la reacción positiva de la gente es algo increíble, casi orgásmico. La conexión con el público siempre ha sido muy importante para mí como interprete. Y lo sigue siendo. Para ello es preciso armar algo que siempre sorprenda y donde se busca la complicidad con la audiencia. Ya sea cantando frente a 1.000 ó a 100.000 personas, en Londres, Taiwán o aquí en Miami. Es fantástico como la gente se da cuenta si estás de buen humor o no, si la estás pasando bien o no. Eso se percibe. Por todo eso que me toca vivir y disfrutar plenamente, cada vez que me subo al escenario y me encuentro rodeado por mis fans, me siento tan querido. Es más, me tengo que pellizcar”. El título de su último trabajo invita a preguntarle si se considera un hombre más romántico que sexual. “Eso depende del momento. A veces me concentro más en mi parte sexual sin descuidar el amor. Depende del clima, del calor, del lugar, del cansancio. Otras veces soy más romántico. Estar con Anna me permite ambas cosas y siento que puedo explorar esos dos aspectos de mi personalidad. En realidad, si lo tengo que pensar detenidamente no se si soy tan sexual como parezco o como suele pensar la gente. Por ejemplo, escribir una canción es lo más romántico que hice. Siempre, todo lo que no he podido expresar en persona, lo he expresado por escrito. Escribir canciones, psicológicamente, me ha ayudado muchísimo. Es una muy buena terapia”. Entre sus afectos, no pueden faltar sus padres y especialmente  Elvira Olivares, la nana que lo crió desde pequeño. “La quiero muchísimo, es como si fuera mi segunda madre. Cuando mis padres se divorciaron y yo tenía 3 o 4 años, cuando vivíamos en España antes de venir a Miami, ella estaba a mi lado. Ha sido esencial en mi crianza y la adoro. Igualmente el divorcio nunca me afectó porque mis padres siempre se llevaron muy bien. Tal vez con los años tuve que canalizar mis angustias de otra forma y así se dio mi vínculo con la música. La música sana y es el mejor regalo que me ha dado la vida junto a mis fans. Por eso siempre estoy en la búsqueda de la canción perfecta, de esa canción que te inspira, que te permite tener la fuerza para meterte en el avión y dar la vuelta al mundo”.

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