Caras

RSS

Instagram

Facebook

Twitter

21/12/2016

Actualidad

Luis Novaresio revela su particular manía con el periódico

“Si alguien me toca el diario compro otro".

En 1940 se estrenó una de las películas más recordadas del genial actor y director Orson Welles: “Citizen Kane”. Considerado el mejor filme de la historia, relata la vida del magnate Charles Foster Kane y su ascendente carrera en el mundo editorial hasta convertirse en el propietario de uno de los peródicos más importantes de la época. Emulando una de las imágenes más recordadas de la cinta, donde Welles posa sobre un piso alfombrado por diarios, el periodista Luis Novaresio (52) habla de sus comienzos, del éxito y de su particular manía con los periódicos, en una producción realizada integramente en la planta de impresión KBA de Editorial Perfil.
“Me encanta leer los diarios en papel. Me resisto, aunque me levanto muy temprano, a ver las noticias en los sitios web. Me hace feliz el diario, siempre y cuando sea el primero que lo lea. No me gusta que lo lean antes que yo y me pone ‘del tomate’ que me saquen los suplementos. Si alguien lo agarra y lo pliega mal, me compro otro. Es un TOC que tengo desde siempre”, confiesa.
Desde chico sentía fascinación por el mundo de la prensa y soñaba con convertirse en periodista. Un grabador y una máquina de escribir en desuso eran sus juguetes preferidos, con ellos imaginaba notas y títulos capaces de captar la atención de miles de lectores.
“Siempre supe que quería ser periodista. Las vocaciones no se explican, se sienten. Casi como el amor… Cuando era chico jugaba a ser periodista y durante mi adolescencia estuve a cargo del periódico de la escuela. Cuando terminé el secundario, en Rosario, no existía la posibilidad de estudiar Comunicación porque la facultad había sido degradada primero y cerrada después por los militares, en la época del Proceso. No había la cantidad de Institutos que hay hoy en la ciudad. De lo que vi, hice el clásico: ‘¿Qué puedo elegir que me disguste menos?’ Tenía la posibilidad de estudiar en la Universidad y me decanté por la Abogacía, y fui feliz. Para mì es una herramienta muy importante haber pasado por la facultad de Derecho. Me ayudó muchísimo en el trabajo”, confiesa.
Aún rodeado de Códigos y Leyes, Novaresio jamás dejó de verse a si mismo detrás de un micrófono o escribiendo en una redacción. Su pasión por el periodismo jamás mermó.
“Cuando tenía 20 años leí un aviso en el diario ‘La Capital’  que buscaba: ‘Jóvenes universitarios con vocación periodística’. Era una convocatoria de ‘Canal 3’ . Ahí empecé a hacer mi primer laburo de ‘che pibe’. Siempre cuento que debuté con Susana Giménez. Estaba en ‘Canal 7’ y en Rosario no había repetidora porque se había cortado el coaxil. Lo que yo hacía era ver el programa y cuando sorteaba qué provincias podían jugar con ella por teléfono, cuando salìa Santa Fe, avisaba al control central, ponchaban Buenos Aires y se mandaba al aire Susana. Tenía muchísima vocación por ésto. Esos seis meses aproveché para aprender. Como a veces estaba sin hacer nada, me iba con los compañeros técnicos y los veía trabajar. Con ellos entendí cómo se trabaja en televisión”, asegura.
Para un joven con el único deseo de crecer en la vocación que tanto amaba, cada nueva oportunidad era el trampolín perfecto para alcanzar, por fin, sus sueños.
“Después de esos seis meses cubrí absolutamente todos los puestos de producción periodística. Hice videograph, móvil, fui notero, asistente de producción, estuve en el piso, escribía las rutinas… Un día, mientras estaba en el móvil, faltó alguien en el noticiero y mi jefe de entonces me preguntó: ‘¿Tenés saco y corbata?’ Le dije que sí y me contestó: ‘Bueno, ponetelo porque al mediodía conducís vos’. Ahí pasé al aire. Y así sucesivamente hasta llegar adonde estoy hoy”, recuerda.
Con una vasta trayectoria en su ciudad natal, Novaresio llegó a Buenos Aires a los 47 años de la mano de Mariano Grondona y gracias a la generosidad de empresarios como Daniel Hadad (54) y Daniel Vila (63), los deseos de toda su vida se hicieron realidad.
“Venía los fines de semana para hacer ‘Hora Clave’. Trabajaba de lunes a viernes en Rosario y los domingos en Buenos Aires. Al poco tiempo me llamaron para participar en‘Radio 10’  y ‘C5N’. La primera vez sólo acepté la propuesta para hacer radio y al año siguiente, después de proponerme nuevamente hacer televisión, dije si. Fue un ofrecimiento tan generoso y tan piola, y yo tenía ganas de probarlo, que me vine. Estuve dos años ahí, hasta que Daniel Hadad vendió todo, y después me fui al Grupo América para hacer un programa en ‘La Red’  y algunas cosas en la tele. Todo se fue dando pero implicó mucho laburo”, dice.
Hoy se luce en “Desayuno Americano” junto a Pamela David (38) y conduce su propio programa de entrevistas, que se emite por “América” los domingos por la noche. “Estoy muy agradecido. Lo que estoy haciendo es muy lindo. Además de la tele estoy en ‘La Red’ todos las mañanas, de 6 a 9, con ‘Novaresio 910’. En la radio es donde me siento más cómodo, pero lo que estoy haciendo en televisión me da muchísima felicidad”, asegura.
El poco tiempo que le queda libre lo dedica al estudio (está cursando a distancia la carrera de Filosofía), a leer, a ir al cine o al teatro y a salir con amigos.
Vive solo y viaja a Rosario todos los fines de semana para visitar a su familia y a sus mascotas. Para él no existe descanso más reparador que pasar unos días en su hogar.
“Mi familia está muy contenta con lo que hago. Ellos vieron cada paso de este proceso. Para los periodistas el tema de la notoriedad es un accidente, no es importante. Respeto mucho que a mis seres queridos no les guste la notoriedad ni formar parte de todo ésto. Está muy bien. Ellos respetan que es una consecuencia de mi trabajo y me acompañan en todo”, expresa.
A Luis Novaresio pocas frases lo describen tan bien como una de las más recordadas de “Citizen Kane”:“Hay dos tipos de personas: las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren”. Ubicado dentro del primer grupo, para el periodista y abogado rosarino no existe objetivo que no se pueda cumplir.

por Delfina Ortega Nodar

FOTOS: M.DUBINI/PERFIL.
Agradecimientos: Vestuario Natalia Repetto.

Archivado en: