Jazmín Grace Grimaldi nació en 1992 como fruto de la relación de dos semanas entre Alberto II de Mónaco y Tamara Jean Rotolo, una camarera estadounidense que conoció al príncipe durante unas vacaciones en la Costa Azul. Su existencia se mantuvo en reserva durante años, hasta que en 2006 la justicia determinó oficialmente la paternidad de Alberto. Desde entonces, la joven forma parte del círculo familiar, aunque sin derechos sucesorios al trono de Mónaco.
Su segundo nombre, Grace, fue elegido como homenaje a su abuela paterna, la recordada Grace Kelly. Durante su infancia en Palm Desert, California, su madre le enseñaba fotografías de la icónica princesa para mantener presente el lazo con la realeza. Jazmín llevó el apellido Rotolo durante los primeros años de vida y recién tras el reconocimiento legal pasó a llevar el de Grimaldi.
La historia de Jazmín Grace Grimaldi tras ser reconocida como hija de Alberto de Mónaco
El encuentro con su padre se dio en 2003, cuando ella tenía 11 años. En una entrevista, Jazmín recordó que entonces solo deseaba conocerlo y construir un vínculo. “Al no tener esa figura cerca, lo echaba de menos. Es maravilloso que sucediera cuando sucedió, y hemos estado disfrutando de una gran relación desde entonces”, señaló tiempo después.
El reconocimiento de Jazmín abrió un nuevo capítulo en la vida de Alberto, por entonces señalado como “el eterno soltero de oro” y uno de los herederos más rebeldes de la familia Grimaldi. Años más tarde, el soberano también reconocería a Alexandre Grimaldi, hijo de la azafata togolesa Nicole Coste, con quien Jazmín mantiene una buena relación.
Hoy, con 32 años, la hija mayor del príncipe se dedica a la actuación y ha encontrado en Instagram un espacio para mostrar su vida cotidiana. En sus publicaciones suele compartir imágenes de su carrera artística, sus viajes y momentos junto a su familia, demostrando que la relación con su papá y con Charlene Wittstock, la actual princesa de Mónaco, es cercana.
La historia de Jazmín Grace Grimaldi resume cómo un fugaz romance de verano terminó marcando para siempre la vida de Alberto II de Mónaco y, al mismo tiempo, sumó un capítulo inesperado a la historia de una de las casas reales más emblemáticas de Europa.
F.A
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