Valentín Yankelevich, hijo de Romina Yan: "Pensé que la muerte de mi mamá era la tristeza máxima, pero después vinieron situaciones peores"
Despues de 16 años de silencio, el hijo de la actriz y Darío Giordano reveló los años de violencia física y psicológica que sufrió junto a sus hermano
La partida de Romina Yan dejó una marca imborrable en el espectáculo y en su propia familia. Sin embargo, detrás del dolor público por su ausencia, se ocultaba una realidad oscura y silenciosa. Años después de aquellos días difíciles, su hijo Valentín Yan decidió contar para Infobae el calvario que debió atravesar en su casa, un testimonio desgarrador que expone una infancia robada por el maltrato. Hoy, después de 16 años, enfocado en su pasión por el automovilismo y en su bienestar personal, busca construir un camino luminoso y transmitir un mensaje de esperanza para quienes enfrentan situaciones similares.
Valentín Yan reveló el hostigamiento que sufrió tras la muerte de su madre
Valentín Yan: El inicio de la pesadilla
Cuando Romina Yan falleció, Valentín Yan tenía apenas siete años. En ese momento, la familia se reunió para dar la noticia. Darío Giordano, marido de la actriz, les habló con firmeza: "Su mamá tuvo un accidente, no va a volver. Yo me voy a encargar de cuidarlos, de protegerlos".
Con diez, sietes y tres años, Franco y Valentín comenzaron a sufrir violencia física y psicológica en su hogar. "Era realmente el infierno vivir en esa casa", confesó Valentín, quien aclaró que no utiliza la palabra "papá" para referirse a Giordano porque nunca cumplió ese rol. Las horas en el colegio se convirtieron en su refugio cotidiano: "Las 8 horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores 8 horas del día, porque no volvía a mi casa"*.
Romina Yan y Darío Giordano se casaron en 1998
El hostigamiento diario incluía agresiones verbales y físicas constantes. Valentín detalló situaciones concretas de su infancia: desde ser tomado de los pelos y arrastrado por la escalera hasta quedar encerrado en su habitación con la comida fría horas después. El impacto psicológico generó un discurso de desvalorización permanente: "Yo sentía que yo no servía para nada, dicho por sus palabras. Vos no vas a hacer nunca nada en tu vida, no servís para nada".
Los pedidos de ayuda iniciales no tuvieron respuesta inmediata de los abuelos paternos, mientras afuera se proyectaba una imagen completamente distinta. Cada jornada repetía el mismo patrón de control, aislamiento y hostigamiento, limitando el crecimiento de los hermanos dentro del hogar familiar.
Valentín Yan: El proceso judicial y el miedo constante
La convivencia se tornó insostenible y el sufrimiento escaló niveles críticos. Valentín Yan confesó que llegó a no querer vivir y fantaseaba con reencontrarse con su madre: "Hasta decía 'bueno, me voy con mi mamá, voy a estar mejor que acá', que no tiene sentido seguir así". El rescate llegó a través de los almuerzos semanales que su abuelo Gustavo Yankelevich compartía con cada uno por separado. En esos encuentros, los hermanos pidieron auxilio de manera directa: "No queremos vivir más en esa casa". Fueron a declarar en un proceso judicial que duró varios años hasta que la justicia le otorgó la tenencia definitiva a su abuelo.
Valentín Yan y su mamá Romina
En paralelo, la defensa de Giordano instaló otra versión pública: "Empezó a hablar con madres de mis amigos del colegio, a decirles que mi abuelo nos había sacado y arrancado por su poder". Esto generó angustia y miedo constante en el día a día: "Sabes me agarraba acá un coso de miedo, el miedo que yo le tenía, terror, pánico. Eso no se va". Giordano incluso los esperaba de forma intimidante en la puerta del colegio.
Valentín Yan: Una nueva vida
A pesar de que muchas personas creyeron erróneamente que su abuelo era quien había separado a los hijos de un padre viudo, Gustavo Yankelevich cambió su vida por completo para cuidarlos: "A los 65 años tuvo que cambiar su vida por nosotros, volvió a ser padre, él tenía que ser abuelo, y era el mejor abuelo, y pasó a ser el mejor padre".
Gutavo Yankelevich y Valentín Yan, una relación inquebrantable
En este nuevo capítulo, el automovilismo reapareció de la mano de su abuelo en un momento bisagra: "Estaba trabajando con mi abuelo, me sentó y me dijo '¿no querés volver a correr?'. Fue tipo, me salió el sueño de acá atrás y se me volvió a poner acá, y fue sí, obvio. Y yo sentía que el tren ya había pasado, dice 'pero ya soy grande', 'no, no, si querés lo hacemos'. A partir de ahí arrancó lo mejor de este último tiempo". Hoy siente el cariño del público en cada carrera como una presencia constante: "Mucha gente se me acerca, sobre todo en las carreras. Yo eso lo tomo como que es mi mamá. Yo la siento ahí conmigo... 100%, me cuida mucho".
Valentín Yan y su pasión por el automovilismo
Sobre los motivos para hablar públicamente, su objetivo es claro y busca concientizar: "Decidí que quería contarlo también para ayudar a otra gente, si alguien puede escuchar esto, tanto adultos como niños, que los niños hablen, que hablen, porque bueno, alguien los va a escuchar. Como a mí me escuchó mi abuelo Gustavo, alguien los va a escuchar siempre. Y si la primera persona no te escucha, vas a otra y si esa no te escucha, así hasta que alguien te escuche".
Al mirar el recorrido completo, Valentín Yan valora su presente con gratitud: "Miro para atrás y ese nene que no quería vivir a donde estoy hoy, ya con tener ganas de vivir ya es una victoria, imagínate. Y hoy todo lo que logré, mis amigos, mi novia, yo soy muy feliz". Al sintetizar su aprendizaje de vida, concluye: "Tengo las dos caras de la moneda; todo lo que no hay que ser, que es Darío, y tengo todo lo que sí hay que ser, que es Gustavo".
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