Luciana, ¿cómo comenzó tu carrera y tu pasión por la Medicina Estética?
Debo confesar que tenía mucho prejuicio de dedicarme a la estética, ya que en líneas generales se asocia a la superficialidad, al cambio radical de una persona en términos físicos, a seguir un estereotipo y nada de eso me representaba, ni representa.
Al recibirme de Médica iba a seguir la residencia en Pediatría, pero tenía a mi hijo mayor muy chiquito y no quería pasar tantas horas sin él, lo cual opté por la Dermatología, una especialidad que me gustó siempre y que además no contaba con guardias.
Antes de comenzar la concurrencia, inicié la Diplomatura en Medicina Estética, siendo en primera instancia una salida laboral y convirtiéndose luego en una pasión totalmente inesperada para mí.
Con el tiempo descubrí que la Medicina Estética es una herramienta para sentirse mejor (tanto interna como externamente) y que detrás de cada labio, de cada rinomodelación o tratamiento a realizar, hay una historia, un deseo, como así también miedo, inseguridad y, muchas veces, el mismo prejuicio que tenía yo misma, al iniciar en este camino.
Logré hacer esa fantástica combinación con la Dermatología, quien abarca las patologías de nuestra piel, que es nuestra carta de presentación al mundo y frente al espejo.
¿Cuáles son los tratamientos que brindas a tus pacientes?
Desde la Dermatología, me enfoco en una mirada más integral entendiendo que si nuestra piel no está sana, ningún tratamiento va a lograr su mejor resultado.
Contemplando que cada paciente es diferente, cada anatomía es particular se realiza la armonización facial para la cual se utilizan distintos productos tanto ácido hialurónico, toxina botulínica, hidroxiapatita de calcio, enzimas biológicas, entre otras.
¿Qué objetivos tenés para con tus pacientes?
Mi principal objetivo es poder llegar a mis pacientes desde la confianza para que se sientan cómodos y seguros, y comprendan cuál y porqué el tratamiento sugerido es el correcto para ellos.
Mi misión es principalmente ser un nexo entre los deseos y la realización de los mismos de manera objetiva y armónica basándome en las características individuales de cada paciente.
¿Cuáles son tus diferenciales como profesional?
Me gusta enfocar mi profesión desde un rol más terrenal, donde lo principal es generar una relación de confianza para que esa persona que llega a la consulta con miedo o hasta incluso en ciertas ocasiones vergüenza, se sienta cómoda y entienda que la Medicina Estética no es una salvación a todos sus problemas, pero sí una herramienta para verse y sentirse mejor.
Si empezaras de nuevo, ¿qué harías de diferente?
Lo único que cambiaría sería seguir más mi instinto y no encasillarme en tener que realizar todos los tratamientos en tendencia, incluso cuando ni yo misma estaba convencida de ellos, solo por el hecho de no “quedar afuera”.
En la actualidad, las nuevas generaciones entendemos que el camino es enfocarse cada día más en uno mismo, tratando de resaltar aquello que nos gusta de nosotros sin renunciar a nuestra belleza auténtica e individual.
La Medicina Estética se convirtió en la mezcla perfecta entre la ciencia y el arte, y yo, me considero una artista dispuesta a crear.
Datos de contacto:
Instagram: @dralufernandes
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