sábado 11 de julio de 2020
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ACTUALIDAD | 02-05-2020 14:55

Mirtha Legrand presenció el último adiós a su hermana Goldy por videollamada

La hermana de la diva falleció a los 93 años y fue despedida en soledad. Galería de fotos

Dicen que tenía una memoria prodigiosa superior a la de su célebre hermana, Mirtha Legrand. De hecho, en absoluta confidencia, los amigos en común de las gemelas de Villa Cañás cuentan que la autora intelectual y material de la frase de cabecera de la conductora (“Como te ven, te tratan/Si te ven mal, te maltratan./ Y si te ven bien, te contratan”) en verdad es Goldy. Y algunos incluso se aventuran a otorgarle la autoría de “mesaza”. Se fue el “cable a tierra” de la diva, un viernes 1 de mayo, Día del Trabajador, y si bien ella desde hacía tiempo no trabajaba, seguía tan radiante como en aquella vuelta al cine de las Legrand, bajo dirección de Daniel Tinayre, en “Bajo un mismo rostro” (1962) y “Carola y Carolina” (1966).

Murió como cualquiera elegiría hacerlo: durmiendo la siesta plácidamente. Y a ella le tocó allí, en el departamento al que se había mudado hacía unos años y que ella destacaba por su maravillosa vista a su Olivos querido. Es que en sus especiales dedicatorias a mano alzada, Goldy no sólo hacía gala de que su apodo debía escribirse con “Y” pese a que Mirtha alguno vez insistió con que era con “ie” final, sino que terminaba con la referencia geográfica de su segundo lugar en el mundo después de Villa Cañas: Olivos.

Desde allí, todos los domingos se tomaba el mismo remise para participar del tradicional té donde hacía de anfitriona con Mirtha, ambas a la cabecera. En los últimos, prepandemia, era inevitable reparar sobre la silla vacía a la derecha de las gemelas, la que pertenecía al gran director de cine y docente, José Martínez Suárez, el más serio y artista de los tres. Cada comensal tenía su silla asignada: Gino Bogani, Teté Coustarot, Susana Reta, María Teresa Villarroel, Pet Figueroa, Héctor Vidal Rivas y Martín Cabrales, fueron parte de ese núcleo de afortunados que vivió en primera fila los amistosos duelos entre hermanas, que ponían a prueba sus memorias de casi un siglo. Dicen que Goldie, al menos en el rubro cinematográfico, era tan implacable como google. 

A su sabiduría, sumaba calidez y sencillez, dones que la convirtieron en confidente de Susana Giménez y Graciela Borges, quienes la adoraban y compartían con ella largas charlas nocturnas por teléfono.

Nacida como María Aurelia Paula Martínez Suárez el 23 de febrero de 1927 en Villa Cañás, Santa Fe, “Goldy” -como la llamaban sus seres queridos- inició una carrera artística desde muy joven y siempre en compañía de su hermana, y ya había participado de numerosas películas antes de cumplir los 18 años. A diferencia de “la diva de los almuerzos”, se retiró definitivamente de la actividad artística y mediática en los ’70 y cultivaba un perfil bajo alejada de los flashes.

Dicen que desde el 20 de marzo, cuando comenzó la estricta curentena en Buenos Aires, la hermana gemela de Mirtha estaba angustiada. También porque extrañaba a su cuidadora y amiga, Roxy, una peruana que vivía con ella desde hacía muchos años y que viajó en marzo a Perú y no pudo regresar por el cierre de fronteras. El miedo de contagiarse estaba latente, pero lo disimulaba en cada charla con Mirtha, a quien intentaba transmitir tranquilidad. Era al teléfono, como siempre, que hacía su catarsis, socializando con amigos.

El apodo Goldy y Chiqui nació de la mano y era tan longevo como ellas. “Ella me comía, por eso me dicen Chiquita. En la panza de mamá me comía todo. Yo nací con 1.200 kilos, por eso Chiquita, y ella era la gordita. Éramos tan idénticas de chicas que papá nos sentaba a cada una en sus piernas y nos decía: ‘¿Quién es mi chiquita y quién es mi gordita?’ Éramos idénticas. Ella es parte de mi vida. Es mi hermana, mi madre, mi todo. Goldy, para vos, todo mi amor querida”, reveló Mirtha al celebrar los 50 años de sus almuerzos televisados.

   Vivía de una pensión que le había dejado su marido el militar Eduardo Lópina con quien tuvo  dos hijas Mónica, quien vivía en Paraguay y no le gusta viajar en avión por eso se veían muy poco, y Gloria, casada con Miguel Solari, con quien tuvo cinco hijos y más de 10 nietos. Para Goldy, Solari era un hijo más. 

   En 2018, viajaron los tres hermanos, Mirtha, Goldy y José a Villa Cañas. Fueron declarados ciudadanos ilustres y aplaudidos por todos sus coterráneos. Silvia, según su nombre real, era muy talentosa y muchos dicen que de joven era la más bella y hasta que se parecía a su sobrina nieta, Juanita Viale. Empezó a actuar cuando era una niña, siempre con su inseparable hermana, como “Las mellizas Legrand”. Amaba su carrera pero su hogar pudo más y, en 1972 y a pesar de que “Chiquita” decidió seguir en el mundo del espectáculo, ella apostó a la familia. Nunca se arrepentiría de esa decisión.  

   Tampoco abandonó a su gemela ya que Goldy miraba televisión y le encantaba ver a su hermana en televisión conduciendo sus almuerzos y sufría cada vez que alguien hablaba mal de ella. Era su mejor productora. Este año, cuando festejaron juntas los 93, a la hora de soplar las velitas miraron el cielo y le dedicaron sus deseos a Josecito. También gritaron “Viva Racing” porque los tres eran fanáticos de ese cuadro de fútbol. Durante la cuarentena hablaban más de tres veces por día con su gemela y le pedía que se cuidara porque pronto iba a volver a la televisión. 

   Hace unos días le envió mediante una mensajería a su amiga Susana Reta un shall color gris perla porque había sido su cumpleaños y a ella le gustaba cumplir con los afectos. “Mi hermana tiene miles de amigos y a todos se dedica por igual. No sé cómo hace”, solía decir Mirtha. Todos la querían porque era muy generosa. Su sobrino, Daniel Tinayre hijo, quien falleció en 1999, la amaba y era su confidente. Susana Giménez decía que era su mamá postiza. Porque sabía escuchar y comprender con una mente amplia y sin juzgar a nadie. Graciela Borges también era su amiga. Todos lamentan su muerte. 

   La postal de su último adiós fue indirectamente proporcional a lo que fue su vida: en las más absoluta soledad. Debido a los rígidos protocolos que impone el Coronavirus, estuvieron apenas su yerno e hijo postizo y uno de sus nietos, quienes acompañaron el féretro en el cementerio Parque Memorial. Sin embargo, la tecnología permitió sortear a los tiempos de pandemia, y a través de una videollamada, Mirtha -acompañada por su hija, Marcela Tinayre, y quien fuera la mejor amiga de su hijo Daniel, Amalia Idoyaga Molina- pudo despedir a su alma gemela.  

 

Por Rebeca Peyró y Diego Esteves 

Fotos Ernesto Pages

 

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