Quedar afuera de una convocatoria, empezar en el banco o tener pocos minutos puede parecer una circunstancia habitual del deporte. Sin embargo, para un chico que se esfuerza durante toda la semana, esa decisión puede tener un impacto mucho más profundo.
Aparecen la bronca, la tristeza, la frustración y, muchas veces, preguntas que van más allá del partido: “¿Qué hice mal?”, “¿Ya no confían en mí?”, “¿No soy lo suficientemente bueno?”.
El banco no pone a prueba solamente la paciencia. También puede poner en juego la confianza, el sentido de pertenencia y la imagen que el jugador tiene de sí mismo.
No se trata de evitarles estas experiencias. La frustración forma parte del deporte y también de la vida. Pero atravesarla no debería significar hacerlo en soledad. Los entrenadores y formadores tenemos la responsabilidad de comunicar con claridad, escuchar y ayudar al jugador a diferenciar una decisión deportiva de su valor personal.
Estar en el banco no convierte a nadie en menos jugador. Tampoco borra lo entrenado, el esfuerzo realizado ni las capacidades que todavía puede desarrollar.
Acompañar no significa prometer minutos ni justificar cada decisión. Significa brindar herramientas para que ese momento no paralice: aprender a gestionar lo que siente, sostener el compromiso, observar qué puede mejorar y continuar siendo parte del equipo desde el lugar que le toca ocupar.
Porque jugar se entrena, pero esperar, frustrarse y volver a intentarlo también.
El banco no debería ser solamente el lugar desde donde se mira un partido. Puede ser un espacio difícil, pero también una oportunidad de crecimiento, siempre que exista un adulto dispuesto a acompañar lo que allí sucede.
Natalia Malewicz - Coach deportivo | Neurociencia aplicada al deporte
Instagram: Natycoach.ok
Teléfono: 1149694433
Mail: [email protected]
El retuit de Milei riéndose de Macron a horas de su audiencia con él
Donde el rock fue leyenda, hoy se brinda con cócteles de autor: CIMA presentó su carta para la temporada primavera/verano
María Vázquez apostó por el estilo boho chic: falda terracota, camisa blanca y accesorios de inspiración ecuestre