Cuando desde su Arrecifes natal contemplaba el desastre causado por las inundaciones en Bahía Blanca, Marcos di Palma (52) se conmovió. “Ver la destrucción de toda esa ciudad, ver esos padres que perdieron a sus hijos, a la gente que perdió todo. La miré a mi mujer y le dije ‘algo tenemos que hacer’”.

Y como en la vida del exautomovilista del dicho al hecho hay poco trecho, el miércoles 12 Di Palma lideró una caravana solidaria de once camiones que atravesó Carmen de Areco, Chivilcoy, 25 de Mayo, Saladillo, Tapalqué, Azul, Benito Juárez, Adolfo González Chaves,Chillar y Tres Arroyos hasta desensillar el sábado al mediodía en el autódromo bahiense. Marcos llegó con su hijo Luis di Palma, ya que su mujer Paula lo acompañóhasta Tres Arroyos y desde allí regresó a su ciudad.


Los camiones trajeron lo que más se necesitaba: medicamentos, colchones, productos de limpieza y hasta 50.000 raciones de alimento para mascotas. Lo único que traían poco era ropa, porque esta vez la prioridad fue otra. El acceso al autódromo fue restringido, ya que hubo un control estricto de nombres, DNI y patentes para garantizar que la ayuda llegara a quienes la necesitaban. Y mientras su hijo Luis dirigía la logística, Marcos no fue un mero espectador. Con su teléfono en mano transmitió en vivo, asegurándose de presentar a cada uno de los camioneros que lo acompañaron.

La emoción le temblaba en la voz, pero no por los flashes ni las cámaras, sino por el cariño que lo rodeaba. “Yo no hago nada que no hagan otros. Todo lo hicieron ustedes”, dijo mientras ayudaba a cargar camionetas, organizar cajas y saludar a quienes lo aclamaban.

Así, en un lugar donde los motores suelen rugir por competencia, esta vez rugieron por solidaridad. El autódromo se llenó de emoción, pero también de acción. No fue sólo una entrega de donaciones, fue una demostración de lo que puede lograr la voluntad de ayudar. Y sobre todo, fue el reflejo de una ciudad que, en su peor momento, encontró la manera de sostenerse entre todos.
Informe y fotos: Lorena Costantini