sábado 31 de julio de 2021
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ESPECTáCULOS | 21-07-2021 10:30

La vertiginosa vida de Jorge Román, el actor de Monzón: de vivir de prestado en un sillón a pasearse en la alfombra roja de Cannes

Lejos de la vida artística, sus inicios profesionales fueron en la docencia, rubro en el que se destacaba, hasta que un día decidió cambiarlo todo y lanzarse a la aventura.

Jorge Román es el actor que interpretó a Carlos Monzón adulto de la serie homónima. Nació en el caluroso pueblo de Palo Santo, provincia de Formosa. Lejos de la vida artística, sus inicios profesionales fueron en la docencia, rubro en el que se destacaba, hasta que un día decidió cambiarlo todo y lanzarse a la aventura.

“En un par de meses pasé de dormir en un sillón de prestado en la casa de unos amigos a pasearme por la alfombra roja de Cannes”, comentó. Junto a él haremos un repaso por su vida profesional y su amor por el cine. Desde “Felicidades” (2000) y “El bonaerense” (2002) , hasta “Matar a un muerto” (2020).

—En los últimos años, por la serie y por tus películas, estuviste viajando mucho. 

—Sí, antes de “Monzón” estuve viviendo por Misiones y Corrientes, me fui por unos meses para filmar la película “Un gauchito Gil”, luego vino el rodaje de “Matar a un muerto” y me quedé a vivir dos años. Cuando volví a Buenos Aires para hacer “Monzón” dudé bastante, porque ya estaba instalado y había empezado a escribir lo que este año saldrá a luz que son mis cuadernos de actuación en cine. Ahí nomás estaba el río, el parque, el verde, un espacio que te permite crear. 

—Estas muy distinto en cada interpretación, entre  “Monzón”, “Un gauchito Gil” y “Matar a un muerto” te transformaste completamente.

—El cine te permite el tiempo de investigar, de caracterizar. En el caso de “Monzón” uno de los grandes aciertos es el casting, en el set veía a Soledad Silveyra, a Diego Cremonesi, a Florencia Raggi, en todos veía una inmensa calidad profesional y humana. El trabajo del actor no es solitario, depende mucho del ida y vuelta con el director y con los pares. Y en los protagónicos que tuve en el cine me dieron siempre esa posibilidad de crear y mostrar personajes diferentes.

—¿Los personajes van creciendo dentro tuyo?

—Cada personaje y cada película te invitan a un viaje diferente. Lo que aprendí con “El bonaerense”, mi primer protagónico, es que hay que priorizar el poner el cuerpo, largarse a la acción. Eso yo lo tomé como una estrategia. Yo sabía mucho de Carlos Monzón porque lo seguí durante la década del 70´. Después cuando me encontré con los guiones de la serie ví que eran muy completos. Cuando yo me incorporo trabajé con Desiré Salgueiro y me valí de ver muchos videos, estudié los tiempos que manejaba Carlos Monzón, cómo se paraba y miraba.

—¿Y cómo hacías con las zonas oscuras de su carácter?

—Hay que sacar la fiera que uno puede tener. Esas actitudes arrogantes, cortantes, el mirar fijo. Si hay algo que reconocer en la vida de Monzón es su intensidad. Él era el mayor de 14 hermanos con un padre ausente, alcohólico, literalmente se murió de hambre y sobrevivió a sopapos. Hay una epigénesis muy fuerte. Luego el boxeo y su adicción al alcohol dieron lugar a la arquitectura del femicida. Y los actores tenemos que jugar con todo ese arco para ir de los más suave y dulce a lo más agresivo y violento que hay dentro de cada personaje. Donde yo nací teníamos muchas dificultades económicas, éramos 6 hermanos y a los cinco años vivíamos en una casa de adobe y paja con piso de tierra. Fue muy fuerte cuando los productores me mostraron una foto de Monzón albañil junto a la primer casa que construyeron con Pelusa. El rancho era igual. También uno tiene que estar poroso a lo que su compañero y la escena le propone. Eso lo planteo bien claro en mis cuadernos. Hay que seguir la intuición.

—Sin embargo vos venís de lo teórico, de Ciencias de la Educación.

—Justamente por ser profesor de Ciencias de la Educación es que estoy planteando eso. Cuando yo empecé con la actuación en la Manzana de las Luces, mi maestro, Andres Sacci, me ponía el dedo en el hombro y me decía, “escuchame, vos acá no venís a dar clases, así que largate, relajate”. Todo eso lo apliqué en el casting para hacer “El bonaerense”. Una vez Pablo Trapero me dijo que lo que le gustó de mí era que él me proponía una o dos cosas y yo inmediatamente las incorporaba.

—¿Cómo construiste a Zapa en “El bonaerense”?

—Zapa es un tipo del interior que termina echado de su pueblo. Esa cosa de correrte de tu lugar y migrar a la gran ciudad tiene mucho que ver conmigo. Cuando vine hace 30 años de Formosa era realmente un inmigrante. Había que apechugarse y sobrevivir. Yo me recibí de profesor en la universidad del Nordeste, en Chaco, trabajé dos años hasta que me decidí por viajar a Buenos Aires y ser actor profesional. Vine sin decírselo a nadie. Mi familia se enteró que yo era actor cuando me vieron en la tapa del diario con “El bonaerense”. En octubre de 2001 quedé para el casting, en diciembre el país se vino abajo y en mayo de 2002 nos fuimos con la película a Francia. En un par de meses pasé de dormir en un sillón de prestado en la casa de unos amigos a pasearme por la alfombra roja de Cannes. También estuve nominado a los premios Cóndor y gané el premio Clarín revelación. Eso me abrió las puertas al cine internacional. Al año siguiente filmé en Chile “Mi mejor enemigo”. Con “La leona” fuimos a Berlín y también fui convocado a Sundance en 2009 a participar de un laboratorio con Ed Harris. La incertidumbre del artista es universal, es una apuesta muy grande que uno hace que sólo se justifica si estás siguiendo tu corazón. Este año “Matar a un muerto” gano como 5 premios en el festival de Shangai y estoy pre candidateado para los premios Platino.

—¿Cómo vivís las nominaciones y los premios por tu trabajo?

—Todo el recorrido a lo largo de mi profesión es un premio al trabajo constante. Vivir de la profesión es un gran premio. De ahí la imagen mía del albañil, aporto lo que tengo que aportar. Ladrillo por ladrillo. Para la época en la que actué en “Felicidades”, de Lucho Bender, yo vivía cerca de Plaza de Mayo y tenía que ir a hacer los castings a Colegiales. No tenía plata ni para el colectivo y no dudaba en patear porque la calentura que tenía por actuar era mucho más fuerte. Y te preparas e investigas, eso es lo que te permite estar en pie cuando no tenés ni para los cospeles del subte. Tenía una sola fotografía a la que le sacaba fotocopias color.

—¿Te considerás un actor exitoso?

—Si por exitoso se entiende haberme animado y haber puesto todo, sí. No hay fracaso cuando uno sigue su corazón y se transforma y se completa como ser humano. El éxito está en haber superado miedos, dolores, carencias, haberte convertido cada vez más en una persona empática y solidaria. El éxito también es el de mis hermanos que se quedaron en Formosa y apechugaron dolores y enfermedades y se hicieron cargo, crían a sus hijos y aman todos los días. Eso es el éxito.

Por Jorge Gutiérrez Jiménez

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