Arq. García Dominguez, ¿cómo fueron los inicios en tu profesión?
Mi relación con la arquitectura comenzó antes de estudiarla. Crecí viendo cómo mi casa cambiaba con nuestra vida familiar: una pared, una ampliación o una distribución distinta, detrás una pregunta: cómo queríamos vivir.
Soy arquitecta hace más de 25 años y mi recorrido estuvo ligado a los materiales, las capacitaciones, el asesoramiento y la construcción. Pero, lo que más marcó mi manera de trabajar fue aprender a escuchar e interpretar lo que las personas dicen, incluso sin palabras. Al diseñar y construir mi propia casa, terminé de comprender cuanto moviliza un proyecto: ilusiones, dudas, vínculos y decisiones importantes.
¿Cuáles son los servicios que brindas como profesional?
Brindo talleres online en vivo y asesorías 1:1. Los talleres ofrecen herramientas para mirar la casa con otros ojos, y adquirir criterio para decidir.
En las asesorías diseñamos un ambiente o la vivienda integralmente: distribución, materiales, iluminación y mobiliario. Cada persona recibe una propuesta y la documentación necesaria para avanzar a su ritmo. El abanico va desde mejorar los espacios sin hacer obra hasta reformar, ampliar o construir una vivienda nueva. Cuando la ubicación lo permite, puedo acompañar la obra.

¿Cómo te proyectas de cara al futuro?
Quiero profundizar este camino y desarrollar nuevas formas de acompañamiento para que más personas puedan acercarse a la arquitectura de acuerdo con sus necesidades y posibilidades.
¿Qué distingue tu manera de abordar la arquitectura?
Con los años descubrí que muchas personas no buscan solamente una solución de diseño. También necesitan sentirse escuchadas y ordenar sus ideas. Mi manera de trabajar aparece ahí: en traducir eso en decisiones concretas.
La experiencia técnica y el conocimiento de los materiales sostienen cada propuesta, pero el punto de partida siempre es la vida real. Más que responder a una tendencia, busco que quienes habitan una casa puedan reconocerla como propia.
¿Cómo podemos saber si nuestra casa sigue acompañando la vida que llevamos hoy?
No siempre aparece como un gran problema. A veces se manifiesta en pequeñas incomodidades que naturalizamos: un ambiente que ya no usamos, la falta de un lugar propio o una distribución que complica la rutina.
La vida cambia más rápido que las casas. Por eso antes de pensar en una reforma, propongo observar cómo habitamos hoy y preguntarnos qué dejó de funcionar, qué ya no nos representa y qué necesitaríamos para vivir mejor. Esa mirada suele ser el comienzo de una transformación.
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