domingo 29 de noviembre de 2020
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EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 29-12-2019 17:10

Así se prepara Milagros Brito junto a su familia para recibir el Año Nuevo

La hija del banquero Jorge Brito y ex esposa de Roberto García Moritán, el marido de Pampita habla de sus proyectos y de que espera para el 2020. Galería de fotos

Puede desfilar por las alfombras rojas más importantes del showbusiness argentino o ponerse el casco de obra y compartir un asado junto a los obreros de Remeros Beach, el ambicioso proyecto de barrio privado de su desarrolladora Vizora, en Tigre. Hija del dueño de Banco Macro, Jorge Brito, Milagros Brito (42) heredó de su padre la genética del hacer, a la que agregó su sello personal enfocándose en el rubro inmobiliario. El master plan está contemplado en 17 hectáreas repartidas en 10 macrolotes y con una playa cristalina de 3,5 hectáreas. “Es como un hijo para mí”, explica la amiga de Isabel Macedo y ex de Roberto García Moritán, el actual marido de Carolina “Pampita” Ardohain con quien tiene dos hijos adolescentes, Santino (15) y Delfina (13).

   Desde la sale office de Remeros Beach, “Mili” habla de su ambicioso proyecto inmobiliario y explica cómo concilia su desafiante rol de empresaria con la crianza de sus hijos (además tiene a Asia, de 9 años, fruto de su relación con Lisandro Borges, y Francesca, de un año, de su pareja, Agustín Garavaglia) y el tiempo dedicado a su riguroso entrenamiento físico.

   —¿Cómo es su estructura de negocios?

   —Soy presidenta de Vizora Desarrollo Inmobiliarios. Ser desarrollador implica coordinar todas las áreas que involucran un proyecto inmobiliario: desde la elección de un estudio de arquitectura, al gerenciamiento, la dirección de obra, las de marketing, comunicación y ventas, de las que soy directora. Tengo una función ejecutiva en Vizora y respondo a los accionistas dueños de los proyectos, y como directora comercial, a los clientes. Soy el motor y hago que todos esos equipos trabajen coordinadamente. Son proyectos muy largos y hay que estar encima.

   —¿Ayuda a la hora de vender el hecho de ser un personaje público?

   —Es interesante porque la gente que no sabe específicamente qué hago cuando me ve en una revista lo entiende. Es un todo. Lo más importante es la experiencia de la desarrolladora y cómo terminás el producto. Pero el hecho de lo que vendo públicamente en cuanto a persona también ayuda, porque me muestro como una mujer fuerte que tiene un estilo de vida vinculado a la familia y el deporte. Está muy asociado a los productos que vendo. De alguna manera la gente compra eso. Es un todo: una persona que te atrae, que es seria al trabajar y al mismo tiempo tiene una vida social activa.

   —¿La marca Milagros Brito supera a Vizora por momentos?

   —A veces puede ser. Es muy importante igual que esté ese soporte profesional. No soy sólo la Milagros Brito de Instagram, porque en definitiva lo que el cliente busca es un bien que le sea rentable. Si la trayectoria está, lo otro es el llamador para que la persona se acerque. Los proyectos son como hijos porque pasan 5 ó 6 años desde la gestación hasta que uno entrega las llaves. Se genera un vínculo cercano a la gente.

   —¿La Milagros que asiste a los casamientos más top, es de ponerse el casco y visitar las obras?

   —¡Por supuesto! Siempre camino los proyectos. He comido asado de obra y son los choripanes más ricos del mundo (risas). Todos los viernes hacemos un asadazo con los de Comercial porque se quejan de que a ellos no les toca.

   —¿Cuántos proyectos tiene actualmente?

   —Terminamos la Torre Macro, estamos con Link, que son dos torres en instancias distintas, una con entrega ahora y otra el año que viene, y en Remeros estamos con Sky, dos edificios dentro del barrio, más Crystal Lagoon y toda la obra de infraestructura. Son 18 hectáreas, linderas con el golf de Nordelta, dividido por el canal de Remeros. Es la primera vez que construimos un barrio. Requiere de mucha concentración porque son desembolsos económicos muy grandes. Estoy muy enfocada. Tengo que estar bien encima de las ventas porque es un momento complejo del país. Me considero una gran motivadora de mis equipos y hay que confiar que van a salir. Siempre terminan saliendo pero el camino no es sencillo.

   —¿Cómo enfrenta este difícil momento del país?

   —Cualquier argentino que vive en este país sabe que las cosas son cíclicas, hay momentos que estamos mejor y otros en los que hay que dedicarse más. No me podría quejar de nada porque hay gente que verdaderamente la está pasando mal. Hoy tener un plato de comida y que tus hijos tengan educación es un privilegio. Soy agradecida y no me quedo en la queja, esas son mis claves.

   —¿Cómo concilia el trabajo con la familia y el tiempo para usted?

   —Uno busca el equilibrio en la vida. Mi carga laboral es grande pero también tengo horarios flexibles, hecho que me da la posibilidad de entrenar a la mañana y empezar mi día a las 11:00. Mi hora de la mañana es mi momento, cuando me entreno, es algo que me gusta hacer y lo disfruto porque estoy con amigos siempre que no me surja nada importante. Ahora es un momento atípico del año porque los chicos están de vacaciones y los más grandes rindiendo materias, así que es caótico. Tengo a los mayores, Santino y Delfina —fruto de su relación con Roberto García Moritán, actual marido de Carolina “Pampita” Ardohain—, Asia (9) —de su vínculo con Lisandro Borges— y Francesca, de un año —de su actual pareja, Agustín Garavaglia—. 

   —Es una madre del siglo XXI…

   —Hay que pensar que tengo tres padres en mi familia, lo mío es una negociación permanente (risas). Amo compartir tiempo con mis hijos. Me gusta salir a pasear con ellos porque en casa se encierran en sus cuartos. Hay que respetar sus espacios y no luchar contra eso. Hay que acercarse por sus gustos, la música que escuchan; los acompañé la semana pasada a un recital de Trap, un ritmo nuevo para mí. Asia, de 9, está en la edad de los pijamas party, y Francesca, entre mamaderas, pañales y el aprender a caminar. Mi vida siempre es un volver a empezar (risas). Es un trabajo más pero lo disfruto un montón. También me gusta ocuparme de mí y verme bien. Si tus hijos te ven bien a vos y ven que te desarrollás profesionalmente y como mujer, es una energía linda que se retroalimenta.

   —¿Entrenarse es un estilo de vida?

   —Para mí es un estilo de vida que incorporé. A veces como harinas y tampoco soy tan estricta con la dieta, pero me gusta sentirme bien. Entrenar hace muy bien a la cabeza. No voy regularmente a terapia, pero el entrenamiento para mí es una terapia en sí misma. Es una manera de desconectar y cambiar la energía. Hago crossfit y funcional en Bigg, la cadena del novio de Sol Pérez, Guido Mazzoni, y de la que mi pareja tiene un local. Es una propuesta más flexible que el crossfit para que sea más abarcativo. El crossfit es un entrenamiento más duro y la propuesta de ellos es adaptable para diferentes perfiles. Hay días que trabajo en grupo y otros sola. Hoy entrené sola porque no tuve un buen día porque mi hijo mayor rindió mal Historia justo en el día de su cumpleaños. Me dio bronca porque él sabía, estudiamos juntos, y justo le tomaron el Romanticismo que no había estudiado.

   —¿Cómo lidian con esa situación junto a su ex, Roberto García Moritán?

   —Cuando le va mal soy yo la que recibe la noticia. El es más estricto que yo. Pero quedamos en que disfrute el día de su cumpleaños.

   —¿Se reúnen con Carolina y él?

   —Con ellos tengo una muy buena relación. Es lindo verlo a “Robert” empezando un proyecto de familia y que los hijos se hayan involucrado en la vida de los dos. Desde que me separé de él no había tenido una pareja estable así. Están contentos por verlo con Carolina. Nosotros nos conocimos muy jóvenes y nos separamos cuando Delfina tenía un año y medio, a los 29. Estuvimos juntos ocho años y mantuvimos una excelente relación con el crecimiento de los chicos.

   —Fue una sorpresa que haya ido a la boda de Carolina y Roberto...

   —Me llamó la atención que la gente se sorprendiera porque haya ido a la boda de ellos y la haya disfrutado. Estamos acostumbrados a vivir en el conflicto, pero cuando querés al otro y te ponés feliz por el otro y, en este caso por mis hijos, debería ser lo normal. De mi lado siempre fue sumar. Hay que intentar buscar los puntos de acuerdo, hacer un listado de las cosas que te unen.

   —¿Le impactó la decisión que tomaron de casarse a tres meses de haberse conocido?

   —Me sorprendió pero estuvo en línea con lo que yo vi de él. Apenas empezaron a salir, él me lo contó un día que vino a buscar a los chicos, y le noté en la cara que era algo distinto. Hoy somos familia. Vamos a estar este verano muy cerquita en Punta del Este porque alquilaron una chacra cerca de casa. Nos vamos a repartir la logística de los chicos que en verano es intensa.

   —¿Se habla seguido con Isabel (Macedo), una de sus mejores amigas?

   —Isabel tuvo un cambio muy grande de toda su vida. La acompañé bastante, si bien estamos lejos porque  se fue a vivir a Salta. Para ella fue un sueño cumplido enamorarse y tener a su hija. El hecho de haberse corrido del lugar de actriz para acompañarlo a él fue algo que hizo de corazón porque lo deseaba. Yo fui celestina y a Juan (Manuel Urtubey) lo conocía de hacía un montón. Fue un flechazo, no me imaginé que sería para tanto. La veo disfrutando su etapa en Salta y siempre le digo que debería contar su experiencia porque fue un reencuentro con sus raíces por su padre, que era jujeño. Juan es una persona muy simple y un lindo anfitrión. Ella tiene ganas de volver a actuar, ahora que “Belita” tiene un año. Van a estar entre Salta y Buenos Aires porque él también tiene hijos allá. Yo le digo que haga lo que la hace feliz, y actuar es su pasión.

   —¿Cómo resumiría el legado Brito?

   —Desde chicos se nos encauzó al esfuerzo y a lograr todo a partir del trabajo más allá de haber nacido en un contexto favorable. El apellido te da un lugar pero eso hay que sostenerlo y darle tu impronta. Este camino de Vizora me ayudó a hacer mi propio camino por fuera del Banco Macro, que es donde trabaja mi familia. Mi gran valor es no rendirme y, al igual que mi papá, ser directo y hacerle caso a la intuición, a tu voz interior. Hice una terapia de decodificación para desarmar la estructura mental que a uno le inculcan de chico. Hay que tomar lo bueno y armar tus propias creencias.

   —¿Por qué brindará la medianoche del 31?

   —Brindaré por la Salud, por tener a mi familia junta, por mis hijos; esas cosas son mi verdadero motor. Hoy es un día especial porque 15 años atrás tuve a primer hijo. Me moviliza verlos crecer y que cada uno tenga su propia personalidad. Uno todo el tiempo se cuestiona si es una buena madre y a veces tenemos que ser más benévolos con uno mismo.

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