martes 27 de julio de 2021
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ACTUALIDAD | 20-08-2020 16:50

Federico Bal y su duro camino de sanación

"Aprendí a convivir con mis amigos y enemigos internos", asegura el actor e hijo de Carmen Barbieri, quien venció al cáncer. Galería de fotos

Resiliencia es la capacidad de sobreponerse y superar los momentos críticos, las situaciones inusuales, inesperadas, de mucho estrés, con el fin de apostar por un futuro mejor. Es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes. Alcanzar, quizás, ese equilibrio emocional que antes no se logró. Federico Bal (30) tenía una vida llena de alegrías, de logros, de conquistas sentimentales y laborales.

Pero en su camino también el destino ya lo había puesto a prueba enfrentándolo a grandes desafíos. Después de sufrir la gran pérdida de su padre, Santiago Bal, había comenzado un 2020 trabajando en lo que lo que lleva en su ADN, el teatro, y de la mano de un nuevo amor: Sofía Aldrey, una bella chica rubia que conocía desde que era chica. Pero “el diablo metió la cola…” y los últimos días de febrero un malestar afectó su tranquila rutina.

Tengo cáncer en el intestino y estoy asimilándolo”, comunicó Federico Bal en sus redes sociales la primera semana de marzo, cuando los médicos le dieron el diagnóstico más duro e inesperado. Hubo llanto, preguntas sin respuestas, bronca, insultos…

Pero, como siempre lo hizo y vio desde pequeño que su madre, Carmen Barbieri (65), también lo hacía, recurrió a todas sus energías y decidió enfrentar la dura batalla con todas sus fuerzas.

Casi cinco meses transcurrieron y el camino no fue fácil, como él mismo lo contará, pero el 18 de julio volvió a recurrir a las redes para comunicar la mejor noticia. “¡Me curé!”, escribió ese día Federico después de recibir los estudios que así lo afirmaban.

Nuevamente hubo lágrimas, emociones encontradas y una inmensa felicidad. Su vida cambió. Su corazón se fortaleció. Y la sonrisa que siempre iluminó su rostro volvió a hacerlo.  

Sin dudas deben haber sido los peores ciento cincuenta días de su vida. Hoy Fede quiere volver a ser el mismo. El mismo en esencia porque en este duro camino cambiaron muchas cosas. Sus días en cuarentena, porque como él mismo cuenta, encima de los duros momentos que estaba atravesando, la pandemia del COVID lo obligaba al aislamiento, a mantenerse lejos del amor de su madre y de sus incondicionales amigos que siempre están firmes junto a él.

Una gran casona de dos plantas, con parque y piscina, que supo pertenecer al mítico “Flaco” Spinetta, en Ingeniero Maschwitz, que su madre le regaló, se convirtió en su refugio.

Allí sólo están él, su inseparable mascota Kike y su novia. Allí también se levanta cada mañana y sale a caminar por el verde. Controla la huerta orgánica que él mismo plantó para su nueva alimentación y hoy cuida obsesivamente y se relaja disfrutando a full de los días de sol.

   —¿Siente que ese 8 de marzo cuando recibió el resultado de los análisis la vida le dio un cachetazo? 

   Sí. Son como dos versiones que viví. Cuando los médicos me lo dijeron, sentí que choqué y me estrellé contra una pared. Que la vida me obligaba a poner un stop. Porque inmediatamente tuve que parar con todo lo que estaba haciendo. Dejé el teatro y guardé los planes de trabajo que tenía. Viajes, proyectos, todo debía ser parado. Me corrió un frío terrible por la espalda. Pero también sentí que me venían unas fuerzas muy grandes, no sé de dónde, y pensé que tenía que haber un antes y un después. Lo creí y entendí que debía empezar todo de nuevo, desde cero…

   —¿Y se planteó en algún momento el por qué le había tocado? ¿Tiene una teoría?

   —Obvio que me lo planteé. Pero mi pregunta definitiva fue ¿Para qué a mí? El por qué a mí ya lo podía adivinar. Mi viejo, mi abuelo… Un gen que tenemos y se despierta. Y los Bal ya sabemos que ese gen está en nosotros. Entonces esto sirvió para que toda la familia lo viera y tomara sus recaudos. Para que se hicieran los estudios preventivos que son tan importantes y, en definitiva, te salvan la vida. De última el “¿Por qué?” lo busco y no lo encuentro. Yo siempre dije que la fama no me interesaba para nada y que me vino sola; porque jamás la busqué. Pero siento que al mismo tiempo esa fama me sirvió porque hoy tengo un mensaje para dar a los jóvenes. Pero, ¡ojo! no soy un predicador. No desde ese lugar. Simplemente desde mi experiencia. La de un pibe que atravesó un momento de mierda. Un momento que no se lo deseo a nadie pero que lo puedo contar. Y siento que soy escuchado por varias generaciones a las que le puede servir, y mucho, mi experiencia. Por eso siento que es importante hablar de la salud. Contar que un chequeo a tiempo te salva la vida…

   —¿Y era consciente de que tanta gente lo seguía, lo quería y se preocupaba por lo que le sucedía?

  —No. Yo no era consciente de que tanta gente me quería. Y en un momento sentí que el país entero me abrazó. Gente que yo ni siquiera conocía se preocupaba por mi salud. Que mandaban mensajes de amor, que hacían cadena de oraciones… Entonces sentí que no estaba solo. Fue un momento de emociones muy fuertes y además todo era doblemente complicado y duro porque coincidía con la cuarentena por la pandemia. Entonces no sabía cómo lo iba a pasar. Cómo iba a enfrentar el tratamiento. Un camino duro y que lo tenía que hacer solo. Pero recibí tantas y tantas palabras de aliento; de fuerzas para no bajar los brazos… Y ahí sentí que mi obligación, por decirlo de alguna manera, era ayudar a concientizar a la gente joven. Por eso repito y repetiré hasta el cansancio que hay que hacerse estudios para controlar la salud. Creo que la vida me dijo “¡Usá esto que te está pasando como un mensaje!” Y así lo hice y tuve la inmensa satisfacción de enterarme que crecieron de una manera impresionante las búsquedas de “Cáncer de colon” en internet y también las consultas a los médicos. Sentí que yo, con 30 años, podía ayudar a otros. Entonces creí que lo que me pasó ayudó y eso me dio una inmensa alegría. Importé por y para algo…

  —¿No le daba miedo pronunciar y repetir la palabra “Cáncer”?

   —No. Lo más importante para mí fue dar el primer paso. Llamar a la enfermedad por su nombre y que la palabra “Cáncer” no de más miedo. Yo tuve un tumor maligno y eso es cáncer. Sí lloré y mucho. Pero entendí que hay que amigarse con la palabra, con el nombre de la enfermedad. No hay que odiarlo al cáncer ni sentir temor de nombrarlo. Porque ahí es donde le damos un poder absoluto. Hay que asumir el problema para poder hacerle frente. Yo le puse nombre y apellido: Cáncer de Colon. Y es una súper enfermedad. No es que así la desvalorice. Pero para mí, es el primer paso de sanación. No hay que odiarlo tampoco. Porque yo sentí que vino para enseñarme algo. Entonces, al comprender esto no lo veo con negatividad. Las defensas ahí comienzan a fortalecerse. Obvio que no puedo negar que las defensas están bajas y los dolores son terribles. Tan fuertes que te hacen redefinir el significado de dolor. Pero yo abracé al cáncer y soy consciente que bailé con la muerte pero la vida me rescató.

  —¿Cree en Dios, en los milagros..? ¿Rezó en este tiempo?

   —No puedo negar que tengo mis diferencias con Dios. Pero tengo fe y también creo mucho en la Medicina. Soy más de la lógica, de lo terrenal... Hay que pensar que yo tuve la misma enfermedad que mi abuelo y que mi padre. Y lo entendí después porque yo sentía que me las sabía todas en la vida. Me di cuenta que tuve la misma enfermedad que mi viejo pero 10 años antes de los que él la padeció. Creo que el gen se activó a los 30 míos y que se despertó desde un lugar energético. Lo siento porque recurrí al reiki, a la meditación y a la hipnosis.. Y en ese proceso también se lo pregunté a mi viejo. Obvio que el cáncer saca cosas que uno tiene adentro. Soy consciente que todo este camino me hizo madurar antes y que entendí mi camino anterior con parejas, separaciones, desencuentros, discusiones… Sentí que la muerte puede ser hermosa también. Porque la vida es hermosa…

  —¿Qué cambió en este camino?

   —Yo vivía a 220 y no me tomaba mis momentos para disfrutar de todo lo que me estaba pasando. Que había cosas buenas y otras no tanto. Yo amo mi profesión y no puedo imaginar otra cosa para hacer en la vida. Y lo primero que tuve que hacer fue dejar todo. Bajarme del escenario, olvidarme de los proyectos… En ese momento estaba muy motivado por la ambición. ¡Tenía una ambición muy grande! Pero hoy creo que la felicidad que vivo en la actualidad no la tenía. Entonces siento que volví a vivir. Obvio de otra manera. Me replanteé todo. Los vínculos, lo que hago, los afectos, a quién quiero, qué, cómo, todo.

   —¿Siente que fue un “elegido” para transmitir un mensaje o que fue una prueba que le puso la vida?

  —Sí, esto se me puso en el camino para algo. Hay varios niveles de entender esta enfermedad. Y yo me pregunté ¿Qué voy a hacer con todo esto? Y pensé que lo mejor era exponerlo desde un lugar real. Porque la enfermedad vino para quedarse. Por eso durante cuatro meses escribí todo lo que me pasaba, lo que sentía y experimentaba. Y ahí descubrí que también puede haber humor en todos lados; hasta en una enfermedad tan terrible. Hasta puede haber humor en el temor a morirte. Porque cuando te dicen que en el tratamiento también hay grandes probabilidades de que salga mal, terminás redefiniendo todo. Yo, por ejemplo, cuando me enteré que tenía cáncer hice un asado en mi casa para todos mis amigos y ahí les conté lo que tenía. Y, obviamente, les dije que mi idea no era morirme. Entonces todos me acompañaron siempre. Y fue duro y les pedí ayuda varias veces. Pero después de llorar a los diez minutos estábamos riéndonos a carcajadas. Eso ayuda. Porque uno va mutando todo el tiempo en el camino. La vida me pone a prueba a cada momento. 

  —¿Y qué cosas descubrió que no sabía de Ud. mismo?

  A lo largo de este proceso me salió todo el humor que tenía adentro. En el duro camino también, y fue muy importante, me encontré conmigo. Me enojé mucho, me reí… Lloré y me puse a escribir lo que me pasaba. Fue muy loco todo lo que experimentaba. Un día, en la playa Perú Beach de Mar del Plata, donde iba a hacer surf, un padre le dijo a su hija “¡Mirá quién está ahí!” La nena no me conoció y le preguntó quién era. Entonces escuché que el papá le decía “¡Es Fede cáncer!” y entonces me reconoció. Primero me shockeó mucho pero después sentí que era genial que una nena de su edad pudiera desdramatizar la palabra y reconocerme por eso. Era mi lucha, mi camino. Por eso sentí que debía hacer memoria de todo lo que viví y olvidarme de lo feo pero sin negarlo. De esa manera iba a ser un proceso más lindo. 

   —¿Y los temores…?

  —Obvio que los miedos estaban. El mayor y que más preocupación me producía era el temor de dejar sola a mi vieja. Yo no sentía miedo a morirme. No. En el proceso también le escribí a mis ex novias pidiéndoles disculpas si les había hecho mal. Tuve como mi suerte de despedida. Sentí que debía empezar, de alguna manera, a despedirme. Pero nunca pensaba en mí. Siempre estaba la cara de mamá en todo. Y allí entendí de verdad su dolor. ¡Es muy difícil abrazar a una madre y decirle que tenés una enfermedad terrible! Por eso pedí perdón por si me tenía que ir porque quería hacerlo en paz con todos.

   —¿Vivió días en los que no tenía ganas de levantarse y sentió ganas de bajar los brazos?

   —Muchos. Hubo días muy difíciles. Fueron seis semanas de radioterapia y eso a veces te hace sentir que te queman por dentro. Es un dolor indescriptible. Terrible. Eso te produce angustia, llanto, incertidumbre. La segunda semana de tratamiento el dolor era peor y no podía dormir de noche por el fuego interno que sentía. No toleraba nada ni podía retener lo que comía… Pero en mi cabeza no entraba la opción de bajar los brazos… ¡Me sentía como un helecho! ¡Y no era la vida que había soñado!  Pero ahí siempre estaba Sofi –su novia–, que es un amor de mujer, con sus fuerzas y ánimo; mi vieja como una leona y mi perro Kike que es un tipazo. El pasó también por una enfermedad y salió adelante. Es hermoso. Cuando yo peor estaba, él se tiraba arriba de mi panza y ahí dormía. Como intentando darme toda su fuerza.

   —¿En este proceso también decidió escribir lo que estaba viviendo? ¿Pensó que eso podía convertirse en un libro, un programa o hasta en una película?

   —Sí, escribía y escribía... Fue como exorcizar. Me hacía reir y perder el miedo a todo. Porque también la cuarentena por el Coronavirus me dejó solo. Con humor llegué a pensar que fue lo mejor porque no hubiera soportado ver que me ponían un reemplazo en la obra de teatro… Tenía a mi vieja desde su casa apoyándome, a Sofi con permiso para estar en casa conmigo, a Kike encima mio y a mis amigos por redes pero necesitaba algo más. Y lo escribí… El 25 de septiembre eso saldrá vía Live Streaming, a las 20 horas y las entradas se podrán adquirir por  Plateanet. Bajo el título “Late Night Yo” hablo de todas mis personalidades. Me río con el humor ácido que pude heredar de mis padres. Es una especie de Stand Up en el que Valeria Ambrosio y Félix Buenaventura me ayudaron a darle forma de guión. Además, tiene música de Dany Vila, diseño gráfico de Nico Rejlis y la producción de Pablo Busquets y Jorge Chernicki. Allí rompo esquemas hablando conmigo en el living de mi casa. Hablo de mi proceso pero desde el humor para que sirva a otros. Obvio que también pensé en escribir un libro o hacer una obra de teatro, porque tengo muchas ganas de volver al escenario.

      “Días de miedo, de angustia, de buscar respuestas, explicaciones, justificaciones, días de escuchar, de aprender, de aceptar, de entregarse… Días de sobreponerse, de sacar fuerzas de donde sea… Días de risas pero más días de  llorar mucho… Días de creer, días de confiar, y volver a caer pero levantarse una vez más para por fin empezar a ver la luz al final del camino. Días de ser muy responsable, de cuidarse, de cambiar…  Para, finalmente, poder celebrar…”, escribió Federico en su proceso que hoy es parte de su unipersonal. 

   —¿Cuáles son los otros “Fede” que descubrió conviven en Ud.? ¿Amó más a alguno y odió a otros?

   —Sí, descubrí a muchos yo interiores. Encontré al monstruo del “Pesimista”, el colgado, con su buzo negro. Al que no es un buen pibe. Pero me amigué con todos y aprendí a quererlos. Porque es hermoso quererte tal cual sos. Encontré también al “Narcisista”, al “Romántico”, al “Naturista” que hoy es vegano y como buen jardinero tiene su huerta y la cuida todas las mañanas. Al “Adolescente Eterno” con su camperita de cuero y que es el de los excesos… Me reencontré con mis seres interiores y descubrí que puedo ser muchos Fedes en uno. Son los seres que se fueron despertando en mí y que aprendí a comprender en mis distintas versiones. Porque me enseñaron a conocer mis diferentes personalidades. Aprendí a convivir con mis propios amigos y enemigos internos. En ese camino me encontré con cosas que desconocía de mí y que también debía querer. Por eso digo que aprendí a conocerme y quererme tal cual soy. A conocer y aceptar a todos los Fede que viven en mi. 

   —¿Estar de novio lo ayudó en la lucha contra la enfermedad?

   —Me ayudó muchísimo. Sofi es un ser encantador. Maravillosa y fue un apoyo incondicional. Estamos juntos desde el verano aunque nos conocemos desde niños. Siento que la vida nos puso en el mismo camino. Y ella me hizo más llevadero, más liviano, este duro camino. Además, es una excelente ama de casa y me ayudó a cambiar la alimentación.

   —¿Ahora come todo lo que planta en su propia huerta?

   —Sí, me armé una gran huerta orgánica con la ayuda y lo que me pudo mandar el “Mercado de la Tierra”. Iván me fue dando los consejos para armar los canteros y decir qué y cómo tenía que sembrar cada cosa. Hoy tengo brócoli, remolacha, zanahoria, lechuga, kale, perejil, tomates… Y las cuido mucho. Las riego por la mañana y las tapo por la noche para protegerlas del frío y de las heladas. Es un placer sentarme al sol y ver a las mariposas cómo vuelan sobre el verde. Cada día les doy agua y mucho amor. Descubrí que no hay nada más lindo que ver crecer tus propias plantitas. Les puse amor como a todo lo que hago y recibí amor.

   —¿En esta nueva rutina de cuidado del cuerpo también hay preparación del físico?

   Sí, obvio. De a poco estoy volviendo al gimnasio cada mañana. Primero, también aprovechando el verde que tengo en casa, corro un poquito por el césped, practico algo de box y hago bici. La idea es, tranquilamente, volver a recuperar mi cuerpo. Pero siempre, en este nuevo camino, todo lo que haga es con el mismo fin, divertirme y disfrutar de la vida a full con los cuidados necesarios. Con los mismos que comenzaré en “Master Chef” por Telefé, que próximamente saldrá al aire con la conducción de Santiago del Moro.

 

 

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Gaby Balzaretti

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