La infancia humilde de Luciano Pereyra: “Yo vi a mis padres levantar su casa”
Luciano Pereyra repasó sus orígenes, la influencia de su familia y el esfuerzo que lo llevó de una infancia humilde a convertirse en un referente indiscutido del folklore.
Antes de convertirse en uno de los cantantes más prestigiosos y respetados del folklore, Luciano Pereyra creció en una familia humilde de Luján, donde la música y el esfuerzo marcaron su destino. En su reciente paso por +CARAS con Héctor Maugeri, el intérprete de 43 años repasó su exitosa carrera y, sobre todo, los sacrificios que forjaron su historia de vida.
La infancia humilde de Luciano Pereyra
Desde pequeño mostró un interés inusual por la guitarra. Tanto, que le robaba a escondidas el instrumento a su padre, pintor y miembro de un trío folklórico. “Hay un gran trabajo de mis padres. Yo doy siempre el mismo ejemplo: yo los vi levantar su casa, que era su sueño”, recordó emocionado.
Luciano Pereyra en +CARAS.
Su primer contacto con la música fue a los tres años, cuando tarareó una canción que había escuchado en la radio. A los cuatro ya estaba concursando en televisión. En 1985 apareció en el viejo ATC (hoy Televisión Pública) y pocos años más tarde fue finalista de Festilindo. Su gran salto se dio al cantar Sólo le pido a Dios de León Gieco en el programa de Xuxa, tema que años después, en el 2000, lo llevaría a cantar frente al Papa Juan Pablo II en el Vaticano.
Esfuerzo, familia y sueños compartidos
Para Pereyra, el camino nunca fue individual. Siempre estuvo sostenido por el sacrificio de sus padres, que trabajaban horas extras y lo acompañaban en cada presentación. “Yo los vi venir de trabajar de la fábrica o de pintar una casa y mi mamá ya lo esperaba con el cemento listo a mi papá. Y se llamaba a un vecino, otro vecino, y ayudaba la comunidad del barrio. Yo viví todo eso. Vi a mis padres trabajar y soñar despiertos. Me enseñaron que los sueños se trabajan y todo es con dedicación y esfuerzo”, compartió.
Luciano Pereyra y su padre, Ángel Pereyra.
El artista también habló de cómo la dualidad de sus padres marcó su personalidad artística: “De chico mi padre tenía la mesa de escenario, y era la pasión, sentir las canciones. Eso a los cuatro años te llega y copiás a tu papá. Pero mi madre es la razón. Ella dijo: ‘Ah, ¿te gusta la música? Entonces hay que estudiar’. La pasión es muy bohemia, pero mi madre tuvo la razón”.
Con esa combinación de pasión y disciplina, Pereyra grabó en 1998 su primer disco, Amaneciendo, con el que alcanzó un éxito inmediato. Desde entonces, se convirtió en figura indiscutida de los festivales más grandes del país, cruzó fronteras con su música, brilló en Viña del Mar 2020 y lleva más de un millón de discos vendidos.
Luciano Pereyra junto a su mamá, Ángela.
“Para mí ellos son la mezcla perfecta. Con sus cosas buenas y sus cosas malas, como cualquier pareja, pero siempre agradecido porque me dieron las herramientas para hacer lo que me gusta”, cerró el artista que el próximo 3, 4 y 5 de octubre se presentará en el Movistar Arena.
Con emoción y orgullo, Luciano Pereyra recordó en +CARAS su infancia humilde en Luján, el esfuerzo de sus padres y cómo ese legado de sacrificio lo llevó a convertirse en uno de los grandes referentes de la música popular argentina.
MDP
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