viernes 21 de junio del 2024

Biointegra: La autoestima, la belleza y el paso del tiempo

Con la guía y sabiduría de la Dra. Marina Monk, podemos aprender a liberarnos de las presiones sociales y encontrar la verdadera belleza en nuestro ser interior. Aceptemos el paso del tiempo como un proceso natural y honremos cada etapa de nuestra vida con amor y respeto hacia nosotros mismos.

CREDITO CARAS

En un mundo saturado de estándares culturales y sociales sobre la belleza y el envejecimiento, la Dra. Marina Monk, especialista en salud física, psíquica, energética y espiritual, invita a cuestionar las creencias y estereotipos relacionados con la apariencia física y la autoestima. Con una mirada lúcida y desafiante, nos lleva a reflexionar sobre cómo podemos sobrevivir a las expectativas impuestas por la sociedad y afrontar el paso del tiempo con una actitud más compasiva y amorosa hacia nosotros mismos. 

- ¿Qué reflexiones surgen al observar cómo se juzga la belleza y el envejecimiento? 

Hace muy poco leí en una nota: “Nicole Kidman es una de las actrices más importantes de Hollywood y considerada una de las mujeres más hermosas del mundo. A sus 56 años sigue gozando de una belleza singular y PARECE HABER DETENIDO EL PASO DEL TIEMPO”. La foto sin título -y enfocada con ojos de una mujer con una vista de cerca que ya no es lo que era- devuelve la imagen de una chica muy flaquita de jeans, remera y pelo corto que bien podría ser una adolescente amiga de mi sobrina (porque mis jóvenes hijos ya cumplen categoría social y legal de adultos). Inmediatamente me surgió el recuerdo de la película Mouline Rouge, protagonizada por Kidman y me pegunto ¿cuándo fue? ¿Cuantos años tenía yo? ¿Cuántos años tenía ella, despampanante de belleza, si, cuando bailaba en esa película? También la inquietud sobre eso de “considerada una de las mujeres más hermosas del mundo” y “parece haber detenido el tiempo”… Pienso en qué se basaran para afirmar algo así. Algo me molesta de esas frases y registro cuales emociones me despierta: ¿envidia? ¿Admiración? ¿Sensación de falta? ¿Miedo? ¿Todas esas juntas? Así es como una catarata de preguntas interpelan mi idea sobre la autoestima vinculada a la belleza y al tiempo. Hace dos meses cumplí 50 años. La genética y una vida sin grandes descontroles han hecho que reciba muy a menudo comentarios estilo: ¿50? ¡No se nota! ¡Parecés mucho menos! ¡Estás igual! Confieso que durante mucho tiempo los recibía como halagos, luego no les daba importancia y, últimamente, me resultan inquietantes. ¿Dentro de seis años como estaré?  ¿A los 56 habré “detenido” el tiempo? ¿A los 60 no voy a parecer de 60? ¿Pareceré de 40? ¿Para qué querríamos o para qué queremos parecer menos edad? ¿Cómo influye la apariencia física en la forma de andar en el mundo y más aún con el paso del tiempo y el avance de la edad? Avance de la edad escribí… Avanzar, ir hacia adelante. ¿Cómo quiero estar? ¿Qué es la belleza para mí, despojada de los estándares hegemónicos culturales y sociales tan reproducidos por los medios actuales? Por supuesto que a medida que tenemos más años, hay ciertas cuestiones de la biología que se transforman, como tantas otras cuestiones. Tenemos distintas energías, formas del cuerpo, modos de funcionar, conductas, vínculos, tareas, elecciones, historias, experiencias… Si todo esto va sucediendo, ¿por qué la apariencia física cristalizada en un momento y basada en vaya a saber cuál modelo de belleza mundial puede ser sinónimo de bienestar y tan desligada del proceso de la vida? Entonces las frases que leí empiezan a molestarme. Y también pensando en mis pazsientes (modo en que elijo nombrar a las personas que acompaño en los procesos de salud física, psíquica energética o espiritual) registro cuánto daño hacen esas creencias y como interfieren en la capacidad de vernos a nosotras mismas y de valorarnos. 

- ¿Cómo podemos lograr aceptar esos cambios que vemos en el espejo? 

Leí por ahí “Aceptar y abrazar los cambios” Claro, intelectualmente es sencillo entenderlo, pero luego en la práctica no es tan así. Pero podemos ampliar nuestras miradas, RECONOCIENDO. Es decir, conociendo a esas partes nuestras, a esas mujeres y niñas que fuimos que vivieron un montón de situaciones y experiencias. La piel que era tersa y suave y que hoy tiene arruguitas o cuelga como aquella foto de mi abuela, ¿cuánto sol tomo? ¿Cuantos besos recibió? ¿La panza que acumula grasa a quien albergó o arrullo? (no importa si gestó dentro hijos o protegió a otros seres) Las caderas anchas bailaron, nos entramaron con otras personas o no, anduvieron tantos caminos… ¿y los brazos? Abrazaron, ayudaron, trabajaron y lo siguen haciendo seguramente. ¿Cuáles desafíos atravesamos? Ese es un gran ejercicio para el reconocimiento: hacer una lista con todos los desafíos atravesados en la propia historia. Punto por punto. Valerse solas en momentos difíciles o acompañar. Emigrar, parir, gestar, no poder hacerlo, separarse, reinventarse, mudarse, poner cuerpo y alma al cuidado de otros, sentirse solas y continuar avanzando, tolerar o animarse y todo aquello que requirió de la propia energía con todo lo que somos. Con el cuerpo, la imagen y la vibración que hoy tenemos. 

- ¿Podría dar algún consejo de cómo realizar ese reconocimiento? 

Mirar adentro primero en vez de mirar afuera: sentirse. En el “afuera” está el espejo, las otras personas, las redes, las fotos con Photoshop, los cuerpos sin historia, las historias sin sufrimientos. Adentro está la respiración, la imaginación y la creatividad, la capacidad de “sentipensarse” distinto, el registro de las emociones y la posibilidad de darnos cuenta todo lo que nos nutre. Por ejemplo, podemos no usar los espejos (o hacerlo luego) y sonreír, decirnos que sí, registrar como está el cuerpo, hacer movimientos disfrutables, convocar nuestra energía para el bienestar. Por otro lado, tener hábitos saludables para tener energía, porque sin ella no hay conciencia: alimentación saludable, ejercicio físico regular, descanso, recreos, lecturas que nutran, hacer cosas nuevas para favorecer nuestra creatividad, prestar atención a los vínculos y, dentro de lo posible, elegir con quién estar, entre otros hábitos que serían para otra nota. También preguntarnos cómo queremos estar en el futuro, cómo queremos sentirnos, poniendo el foco en cultivar el autocuidado y, si vamos a mirar afuera, encontrar más que modelos, Seres que nos inspiren por el desarrollo personal, la energía compasiva, la humanidad con todo lo vulnerable y todo lo potente que tenemos. Por último, compartir con otros. Esto nos permite saber que a todas las personas nos pasa lo mismo, en mayor o menor medida. Los sentimientos y las emociones están todas inventadas. El secreto está en escucharnos y descubrir nuevas posibilidades. En los talleres y actividades compartimos el reconocimiento y esas nuevas posibilidades. 

- ¿Cuáles son las próximas actividades que desarrollará en Biointegra?   

Como siempre, ofrezco sesiones individuales virtuales. Y ya en grupo, el sábado 5 de agosto, en Almagro, daré un Taller presencial de Constelaciones y Biodecodificación y el sábado 12 de agosto, también en Almagro, un Taller de Autoestima (versión presencial y online). Por otro lado, los martes a las 18 hs, en el Centro Cultural Ricardo Rojas, brindamos el Taller de Cantoterapia bimestral junto con el músico Pablo Zapata, docente, guitarrista y bandoneonista.  

www.docmarinamonk.com.ar

Tel: +54 9 1149702923 

IG: @Biointegra_docmarinamonk  

FB: Biointegra (doc Marina Monk)  

 

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