Históricamente, los nutricionistas hemos puesto el foco en el peso corporal, estableciendo como objetivo “lograr y mantener un peso saludable”, cuyo valor suele estar estandarizado mediante tablas y rangos. De hecho, el famoso IMC (Índice de Masa Corporal), propuesto y avalado por la OMS, que relaciona el peso con la altura al cuadrado, fue durante muchos años nuestra guía para clasificar a las personas dentro de categorías como “peso normal o saludable”, “sobrepeso”, “obesidad” o incluso “bajo peso”.
Sin embargo, hoy sabemos que se trata de un valor incompleto si se lo toma de manera aislada, ya que dos personas pueden tener el mismo peso y la misma altura, pero una composición corporal completamente diferente; por ejemplo, una mayor proporción de masa muscular y un menor porcentaje de grasa corporal respecto a la otra, y aun así presentar el mismo IMC.
Por este motivo, y gracias también a los avances en las tecnologías y técnicas de medición, actualmente se le da mucha más importancia a la evaluación de la composición corporal mediante distintos métodos, como la bioimpedancia o la antropometría. Estas herramientas permiten analizar cada compartimento corporal de forma individual y en relación con el resto, evaluando si existe exceso o déficit.
En mi caso particular, como profesional, cuento en el consultorio con un equipo InBody120, que realiza una medición de composición corporal mediante bioimpedancia en pocos segundos, brindando información muy valiosa sobre parámetros como kilos de masa músculo-esquelética, kilos de masa grasa, porcentaje de grasa corporal, entre otros. Además, permite evaluar cómo se distribuyen estos componentes en diferentes segmentos del cuerpo, como brazos, piernas y tronco.
Inclusive, aporta un valor denominado “nivel de grasa visceral”, que permite estimar la grasa acumulada en la región abdominal profunda y correlacionarla (o no) con un mayor riesgo cardiovascular.
La medición de la composición corporal también representa el punto de partida para establecer indicaciones nutricionales y hábitos orientados a una mejor salud. Nos permite definir objetivos concretos, como reducir el exceso de grasa corporal —especialmente la grasa visceral— o aumentar la masa muscular.
A nivel nutricional, esto cambia significativamente nuestra perspectiva de trabajo, ya que nos permite diseñar estrategias mucho más precisas, como planes con déficit calórico, ajustes en la distribución de macronutrientes o planes con un mayor aporte proteico en relación con los carbohidratos, entre otras intervenciones. Por supuesto, esta información siempre debe complementarse con una evaluación integral del paciente y con estudios y análisis de sangre, que aportan datos fundamentales para una interpretación adecuada y una planificación nutricional personalizada.
Para realizar la medición con InBody120 en el consultorio, el paciente debe asistir con ropa liviana, evitar realizar ejercicio físico al menos 6 horas antes, haber mantenido una adecuada hidratación (idealmente alrededor de 1,5 litros de agua durante el día) y, en el caso de las mujeres, procurar realizar la evaluación alejada del período menstrual. Esta medición se encuentra contraindicada en embarazo, personas con marcapasos o presencia de edema importante.
Lic. Julieta Pomerantz M 4995
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Keiko, la otra derecha
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