miércoles 11 de diciembre de 2019
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SALUD | 13-11-2019 19:43

Billie Eilish, la “chica mala del pop” habló por las redes del síndrome de Tourette

Todo sobre esta condición que presenta la cantante.

Billie Eilish, con su estilo particular, logró lo imposible. Apenas a sus 17 años es número uno en ventas en el Reino Unido y en 2020 visitará la Argentina. La artista, que se caracteriza por ponerle sus propias reglas al pop, es seguida por millones de fanáticos. Por eso, una vez que en YouTube se difundieron unos videos en que se podían ver sus tics, fue ella misma quien contó en su cuenta de Instagram que presenta el síndrome de Tourette (ST), una condición que suele detectarse en la segunda infancia y en la adolescencia (ella obtuvo su diagnóstico a los 12 años) y que se caracteriza por tener períodos de exacerbación y de remisión.

Así lo confirmó a Caras Salud la doctora Emilia Gatto, médica neuróloga a cargo del área de Enfermedad de Parkinson y Trastornos del Movimiento de INEBA y responsable del Servicio de Neurología del Sanatorio Trinidad Mitre, quien además explicó que la palabra síndrome refiere a una entidad que reúne a varios elementos y que el ST se caracteriza por presentar manifestaciones motoras y no motoras.

“Las manifestaciones motoras son conocidas como tics, trastornos del movimiento involuntarios que el individuo trata de inhibir o controlar, pero como no siempre puede, generan una sensación de angustia, inquietud o desasosiego”, remarcó la experta a la par que agregó que “el tic puede ser un movimiento muy simple -como parpadear más rápido, el cierre forzado de los ojos o el sniffing (fruncir la nariz) - o un movimiento más complejo como girar la cabeza o girar un brazo, algo que el paciente trata de inhibir para disminuir la exposición”.

Pero dentro de los tics, además de los motores están los llamados tics vocales, que son aquellos sonidos que emite el paciente en forma involuntaria. “Uno de los más frecuentes es el carraspeo. Pero también hay sonidos más complejos con emisión de palabras. En ocasiones hay ecolalia, que es repetir la palabra que ha dicho otra persona; palilalia, cuando el paciente repite sus propias palabras varias veces. Y en un porcentaje menor puede aparecer la coprolalia, que es la emisión de palabras obscenas fuera del contexto de la conversación, que tienen un sonido impactante y dos o tres silabas de acuerdo al idioma. Estas vocalizaciones pueden referir a la esfera sexual o ser las famosas malas palabras, y la persona con ST puede controlar no decirlas por momentos, mientras que en otros se le hace difícil”, remarcó la doctora Gatto, quien es también miembro de la International Parkinson and Movement Disorder Society.

En cuanto al aspecto no motor, “los pacientes con síndrome de Tourette pueden presentar trastornos de déficit de atención y acarrear un problema de escolaridad, no porque tengan un coeficiente intelectual menor sino por la incapacidad de poder concentrarse; pueden ser inquietos (hiperquinesia) o presentar trastornos obsesivos compulsivos, que son conductas que aparecen como impuestas que el paciente sabe que no debería hacerlas pero que no puede resistirse, como chequear reiteradas veces si apagó la luz”, agregó.

La neuróloga explicó que el síndrome puede aparecer después del año de vida o incluso en la adultez, pero que la mayoría de los diagnósticos ocurren en la segunda infancia o en la adolescencia, y es el pediatra quien detecta las primeras señales. “Es más frecuente en la adolescencia porque los síntomas se pueden exacerbar con el estrés de este período. Cuando los pacientes son más jóvenes son mayores los síntomas y disminuyen en la edad adulta”, remarcó.

Si bien no hay una causa específica para el ST, puede haber factores genéticos que influyan, “aunque no se identificó un gen o mutación particular asociada, sino que hay una serie de ellos que podrían incrementar el riesgo para presentar la afección”.

Por otra cabe agregar que el síndrome es “apenas más frecuente en hombres que en mujeres pero también el perfil de manifestación es ligeramente diferente: en el varón predomina más la manifestación motora y en la mujer el componente obsesivo compulsivo o no motor”, señaló Gatto.

El diagnóstico del ST continúa siendo clínico, ya que no existe un marcador biológico para confirmarlo. Por ende “se realiza un interrogatorio y se indaga en la historia familiar, ya que suele existir el dato adicional de alguien emparentado con movimientos involuntarios, con algún trastorno de tipo conductual o hiperactividad”, indicó la neuróloga. Pero en el caso de los chicos, “se debe confirmar que los tics duren más de un año, porque en los más chiquitos pueden aparecer tics benignos que duran un tiempo, después desaparecen y no vuelven”.

En cuanto al abordaje de este síndrome, la médica aclaró que no todos los pacientes con Tourette requieren tratamiento farmacológico, porque la severidad de los tics o de los trastornos obsesivos compulsivos es muy variable.

En palabras de la neuróloga, un factor importantísimo es educar a la familia y a los maestros e informarles que “el coeficiente intelectual y la expectativa de vida de estos chicos es normal en principio”, además de advertirles que “los movimientos involuntarios pueden exacerbarse en situaciones de estrés, por ende, no se le debe decir al chico ‘no hagas esto’”. Por ende, con esta concientización “los pacientes tendrán menos inconvenientes desde el punto de vista social y de la aceptación”.

Para los cuadros donde los síntomas son mayores se pueden emplear “terapias cognitivo conductuales que traten de revertir hábitos o ciertos movimientos y también tratamiento farmacológico para los cuadros más severos, en donde el paciente puede lastimarse a causa de golpes o bien fármacos cuando se presenta déficit de atención o ansiedad”. Por último, “para formas más severas, que son casi excepcionales, se puede recibir algún procedimiento invasivo de estimulación cerebral”, remarcó.

Lo importante, según la doctora Gatto, es saber que no todos los tics se asocian al síndrome de Tourette y que incluso algunos fármacos pueden producirlos, así como también el uso de drogas ilícitas como la cocaína o la heroína. Lo ideal es que ante la aparición de estos síntomas se haga la consulta con un neurólogo especializado en trastornos del movimiento y saber que esta condición tiene tratamiento, manejo y que no siempre se requieren fármacos.

 

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