sábado 15 de agosto de 2020
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ACTUALIDAD | 08-05-2020 19:20

Bárbara Bonelli cuenta como se combate la pandemia en los sectores más vulnerable

En su rol de Defensora Adjunta del Pueblo de la Ciudad, la hija de Marcelo Bonelli garantiza los derechos de todos frente al coronavirus y el dengue. Galería de fotos

Cuando le hicimos la entrevista, acababa de llegar de recorrer (como en tantas otras oportunidades) la Villa 31 del barrio de Retiro, a pocas horas de que se hiciera público de que allí los casos positivos de coronavirus habían ascendido a 57. Hacía nada más que una semana, había un solo caso; 44 casos se registraron en 24 horas. En esa “zona caliente de la pandemia”, se la suele ver a Bárbara Bonelli (31), con un barbijo que no impide que le sonría con los ojos a cada uno de los vecinos que se le acerca a plantearle sus problemas. Ella es muchas cosas, además de la hija del periodista, Marcelo Bonelli. Licenciada en Ciencia Política y Maestra en Administración y Política Pública, hoy es Defensora Adjunta del Pueblo, en la Ciudad de Buenos Aires, y su tarea (esa que la apasiona tanto) es proteger los derechos de los ciudadanos en materia de villas y viviendas, promoción social, juventud, niñez y género. Y en esta época, especialmente, está en la denominada “trinchera”, donde los grupos más vulnerables de la sociedad no solo están muy expuestos al contagio del Covid 19, sino también del dengue. “La Defensoría es un termómetro de la realidad sobre los temas que aquejan a la ciudadanía. Entre otros temas de los que me ocupo, por ejemplo está el de los alquileres.Con la pandemia, la capacidad de pago se vio afectada porque los inquilinos dejaron de percibir ingresos. Sobre todo en situaciones informales donde no hay contratos, se dan algunas situaciones de violencia. Personas que intentan cobrarse los alquileres a la fuerza. Nosotros mediamos entre esas partes en conflicto, siempre coordinados con el gobierno de la ciudad. Trabajamos el tema de los desalojos, pero también la cuestión de género, que es algo que me convoca mucho en mi calidad de mujer joven, tratando de revertir la desigualdad”, comenta la oriunda del barrio de Caballito, hincha de Racing como su padre (aunque no tan fanática), que tiene dos hermanas, María Sol (36) y Samanta (34).

   Bárbara Bonelli hizo sus primeros pasos en política siendo Secretaria Parlamentaria del bloque de Martín Lousteau, en el Congreso de la Nación, cuando el ex Ministro de Economía era diputado. Más tarde fue candidata a legisladora porteña junto a la recordada Débora Pérez Volpin (compañera de trabajo en televisión de su papá durante muchos años, conduciendo “Arriba Argentinos”). “Con Débora fuimos candidatas en la misma lista, en 2017, en el espacio de Lousteau. Fue durísimo porque ella asumió en diciembre y falleció en febrero. Durante todo el año nosotras compartimos la campaña. Si bien la conocía desde antes porque trabajaba con mi papá, en el día a día descubrí que era una persona de luz que se metió en política porque le preocupaba la realidad, y eso la llevó a hacer un giro terrible de su profesión—afirma Bárbara, evidentemente emocionada—. Débora tenía una gran vocación para ayudar, le preocupaba la desigualdad social y las cuestiones de género. En 2017 hablaba del aborto cuando en la política no muchas hacían alusión a ese tema. Su muerte fue tan repentina. El mismo día que falleció, por la mañana yo hablé con ella. Porque teníamos una reunión pendiente con un grupo de comuneros de la ciudad. Débora era una mina muy humana, cercana, siempre se acordaba de las cosas que hablábamos. Me preguntaba cómo me había ido en tal o cual reunión. Me dolió mucho su muerte”, confiesa.

   —Hoy existen dos peligrosos frentes abiertos: el coronavirus y el dengue...

   —El coronavirus captó toda la atención de la agenda pública, y lo grave es que cuando alguien esta contagiado de dengue y no se cuida con repelente, es a su vez un factor de contagio. Si lo pica un mosquito durante los días que tiene síntomas, ese insecto después contagia a otras personas. Nosotros repartimos repelentes y hacemos campaña de descacharreo. 

   —¿Cómo afecta el coronavirus en las villas?

  —Lamentablemente, en la 31 (al momento del cierre de esta entrevista había 133 contagios),  en pocas semanas hubo mucho contagio, casos que tuvieron contacto directo con los dos primeros infectados. Lo que prueba que la concientización no fue tan efectiva. Los confirmados están todos aislados, algunos en hospitales y otros en hoteles. Y quienes estuvieron en contacto con los contagiados, están haciendo un aislamiento en domicilio. Se los asiste para asegurarse de que no tengan que salir a comprar alimentos ni elementos de limpieza. Te imaginás lo difícil que es cumplir con el aislamiento en una vivienda de la villa, donde por lo general reina el hacinamiento. Encima en los últimos días hubo cortes de agua, un elemento vital para la higiene y para cortar la cadena de contagios. Todo eso empeora la situación. La intervención de la Defensoría permite mediar en una relación entre la gente y el gobierno de la ciudad, que en algunos casos sufre desgastes. Por eso nuestra mediación favorece el encuentro de soluciones.  

   —¿Dónde nace su inquietud por ocuparse de los problemas de la gente?

   —Trabajo para garantizar derechos, es lo que me apasiona. Si no tenés pasión es muy difícil porque es una profesión que no tiene horarios, días, feriados ni fin de semana. Obviamente creo que tiene que ver con haber crecido en una casa en donde la cuestión de la realidad, las crisis económicas, el Corralito, nos atravesaban mucho como familia. Mi papá siempre estaba metido con esas cuestiones, por su presencia en los medios de comunicación. Y con mi mamá (Susana) y mis hermanas siempre sentimos la necesidad de trabajar por las personas que más necesitan. 

   —Su papá debe sentirse orgulloso por la tarea que usted realiza...

   —A mí me enorgullece mucho ser hija de Marcelo Bonelli. Me reconozco en su pasión por su trabajo, que tampoco tiene día ni horario. Si bien son distintas actividades, yo creo que mi pasión por lo que hago fue algo que aprendí de él. Creo que a papá lo hace sentir orgulloso verme hacer lo que hago, porque creo que la política es la única herramienta para cambiar la realidad. Es el terreno que te permite meterte en el barro hasta la rodilla y tratar de modificar esas cosas que creemos que deben mejorar. 

   —¿Qué enseñanzas de papá Bonelli le sirven para poner en práctica durante la gestión?

   —Papá me inspira porque es una persona muy noble, que busca la verdad de las cosas. Siempre recurre a todas las voces sobre un acontecimiento. Yo creo lo mismo, que frente a un problema no hay que sesgarse con lo que piensa uno u otro, sino tratar de escuchar a todos. Porque todos frente a un conflicto tienen una cuota de verdad, por eso la Defensoría actúa en situaciones de tironeos entre dos partes. Es bueno hacer el ejercicio de escuchar a todos y buscar las formas de resolver los problemas. Creo que papá en su profesión hace eso constantemente, no por nada en sus programas siempre se hicieron todos los debates presidenciales y de otras elecciones. Además, mi viejo es “muy buena leche”. No es alguien que esté “pisando cabezas”. Y yo comparto: nunca me manejaría de esa forma para crecer en mi profesión. Es una virtud muy importante que la aprendí de él. 

   —¿Qué logros le hacen sentir que vale la pena la profesión que eligió?   

   —No me gusta que la gente me dé las gracias, porque siento que contribuyo a que se garanticen los derechos. Y eso no es algo que me deban agradecer a mí. Pero es reconfortante cuando las personas se sienten contenidas por mí y la institución que represento. Cuando te miran y dicen: “¡Qué bueno que viniste!”, es como una caricia para el alma.

 

Fotos: Instagram 

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Fabián Cataldo

Fabián Cataldo

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