lunes 11 de mayo del 2026

Comer con Presencia: el arte de nutrir cuerpo, mente y alma

Más allá de lo que comemos, el Mindful Eating nos invita a transformar el acto de alimentarnos en un momento de conexión, calma y vitalidad. Galería de fotosGalería de fotos

Comer con Presencia: el arte de nutrir cuerpo, mente y alma
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En medio de la vorágine diaria, entre obligaciones y pendientes, solemos perder el eje. Corremos de un lado a otro y, en ese frenesí, el acto de nutrirnos queda relegado.

Entonces, simplemente nos llenamos: de comidas rápidas, de bajo valor nutricional… y también de emociones. Ansiedad, tristeza, angustia, incluso alegrías: todo termina en el plato, sin que lo registremos.

Al hacerlo, olvidamos el verdadero propósito de la alimentación: nutrirnos para sostener la vitalidad.

Si lo pensamos, todo lo que comemos proviene de la tierra. Sin embargo, pocas veces lo recordamos. Compramos un paquete, lo abrimos y, mientras miramos una serie o revisamos el celular, vamos tragando sin conciencia, en realidad comemos para volvernos inconscientes.

El mindfulness nos propone lo contrario: dirigir la atención intencionalmente al momento presente. Practicarlo —de forma formal o informal— nos ayuda a reencontrar el eje, tomar decisiones más conscientes, disminuir la ansiedad y habitar plenamente la vida.

Jon Kabat-Zinn, creador del método, adaptó la meditación budista a un enfoque laico y de salud. Distinguió entre prácticas formales (meditación) e informales, como caminar, cepillarnos los dientes… o comer. 

De allí nace el Mindful Eating, o comer con atención plena. Parece simple, pero en el ritmo actual es un desafío que se cultiva con práctica.

Se trata de involucrar todos los sentidos. Ejemplo con una almendra:

Vista: observo su forma ovalada, su color marrón tostado, las vetas en la cáscara.

Oído: al partirla con los dientes, escucho el crujido seco y nítido.

Olfato: acerco la almendra a la nariz y siento su aroma suave, terroso, casi dulzón.

Gusto: dejo que el sabor se expanda en la boca; primero amargo, luego un dejo dulce y aceitoso que perdura.

Tacto: noto su textura rugosa al sostenerla y la suavidad cremosa cuando se transforma al masticarla.

También implica conectar con el recorrido del alimento: la tierra que lo nutrió, el sol, el agua, quién lo sembró, lo cosechó, lo transportó y lo acercó hasta tu mesa. Cada bocado es fruto de una red de vida y trabajo que merece ser valorada.

Si lo leíste con atención, seguramente notaste cómo el simple hecho de imaginar la experiencia ya trae calma y presencia. Ahora pensá lo poderoso que puede ser cuando lo practiques realmente con la comida: cada bocado se convierte en una pausa consciente, en un momento de conexión que nutre no sólo tu cuerpo, sino también tu mente.

Para ello, la respiración es una gran aliada. Antes de comer, podés hacer tres respiraciones profundas, conectar con tu cuerpo y preguntarte:

¿Tengo hambre?

¿Dónde lo siento?

¿Qué deseo realmente?

¿Qué estoy saboreando en este preciso momento?

En tiempos antiguos, agradecer antes de comer era un gesto natural. Recuperar esa práctica también nos reconecta con el alimento y con nosotros mismos.

No hace falta hacerlo en cada comida. Con empezar algunas veces por semana, con un alimento o un momento, ya se despierta una nueva conciencia.

Te invito a sumarte a los grupos de acompañamiento con el Sistema de Nutrición con Presencia: un enfoque integral que combina alimentación antiinflamatoria, protectora de la microbiota intestinal, y prácticas de atención plena al comer.

Lic. Marín Laboureau – Nutricionista UBA

IG: @nutricionconpresencia

Turnos: +54 9 11 4045-9088 | Linktree en Instagram

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