lunes 24 de agosto del 2026

El estrés que no vemos

El estrés, no siempre,  se manifiesta como una crisis de ansiedad o un ataque de pánico. Muchas veces llega de manera silenciosa. Se instala en forma de cansancio permanente, dificultad para dormir, irritabilidad, olvidos frecuentes, contracturas, dolores de cabeza o esa sensación de vivir "en piloto automático". Nos acostumbramos tanto a convivir con él que terminamos creyendo que es parte natural de la vida.

El estrés que no vemos
El estrés que no vemos | CONTENT CARAS LIKE
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Vivimos en una cultura que suele valorar la productividad por encima del descanso. Responder mensajes a cualquier hora, resolver múltiples tareas al mismo tiempo y sentir que nunca alcanzamos a cumplir con todo se ha convertido, para muchas personas, en la nueva normalidad. Sin embargo, nuestro cuerpo tiene un lenguaje propio. Y cuando las emociones no encuentran un espacio para expresarse, muchas veces es el cuerpo quien comienza a hablar.

El estrés, en sí mismo, no es negativo. Es una respuesta natural que nos ayuda a adaptarnos a situaciones desafiantes. El problema aparece cuando ese estado de alerta se vuelve permanente y el organismo deja de encontrar momentos de recuperación. Entonces, lo que antes era un mecanismo de protección empieza a afectar nuestra calidad de vida.

El estrés que no vemos

Quizás una de las consecuencias menos visibles sea la desconexión con nosotros mismos. Dejamos de preguntarnos cómo estamos, qué necesitamos o qué sentimos. Seguimos funcionando, pero dejamos de habitar plenamente nuestra vida.

Las terapias complementarias pueden ofrecer un espacio para recuperar esa conexión. La meditación, la respiración consciente, las Flores de Bach, la aromaterapia y otras prácticas de bienestar no reemplazan la atención médica o psicológica cuando es necesaria, pero pueden acompañar el proceso favoreciendo momentos de calma, introspección y autocuidado.

El estrés que no vemos

El desafío no consiste únicamente en eliminar el estrés, algo prácticamente imposible, sino en aprender a reconocer sus señales antes de que el cuerpo tenga que gritar lo que las emociones vienen susurrando desde hace tiempo.

Quizás el verdadero bienestar no empiece cuando desaparecen las obligaciones, sino cuando aprendemos a escucharnos aun en medio del movimiento. Porque cuidar de nosotros mismos no debería ser el premio después del agotamiento, sino una elección cotidiana.

 

Por Valeria Auletta
Counselor y terapeuta holística
Instagram: @valeauletta.terapeuta
Cel +54 9 11 31959534

 

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