Durante mucho tiempo nos hicieron creer que dejando las harinas por completo íbamos a adelgazar de manera fácil y rápida. Lo que no nos dijeron: qué tipos de harinas, cuánto, ni cómo.
Lo que sí, hay de cierto que las harinas refinadas pueden contribuir a la inflamación de nuestro cuerpo, ya que, en el proceso de refinamiento le quitan la fibra, vitaminas y minerales; además pueden causar aumento rápido en los niveles de azúcar en sangre, así como también presencia de aditivos y conservantes que pueden ser proinflamatorios.
Ahora, Yo me pregunto, ¿qué cantidad comemos de esto? ¿Todos los días y en todas las comidas? Lo importante es cómo, cuanto y por qué las consumimos.
Si éstas sólo son elegidas para ocasiones especiales como: una salida con amigos o en pareja, cumpleaños, peñas, etc, no tiene por qué caer mal e inflamar aun sabiendo que tus hábitos en general, la mayor parte de tu tiempo son saludables, variados y equilibrados.
Actualmente existen otros tipos de harinas que son las alternativas, que son las que se obtienen de fuentes como: granos, frutas, frutos secos y legumbres. Tales como: la de almendras, maní, chía, avena, coco, garbanzos, lentejas, entre otras; pueden ser una excelente opción para personas intolerante al gluten, alergias o simplemente porque buscan una dieta más variada y saludable.
Es por eso, que mi recomendación, es que sigas una alimentación consciente cuidando a tu cuerpo sin culpa y sin prohibiciones estrictas. Disfrutando de tu comida, escuchándote, aprendiendo a encontrar el equilibrio que te hace bien.
No demonices ningún alimento, especialmente las harinas.
Con cariño, Ro Hernández
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