miércoles 24 de julio del 2024
ESPAñA 03-07-2024 09:13

Qué hizo el rey Carlos III para diferenciarse de su madre la reina Isabel: un detalle clave

El monarca dio mucho que hablar.

El reinado de Carlos III no está siendo disruptivo. La popularidad del legado de Isabel II le ha permitido apostar por cierto continuismo, lo que no significa que su reinado esté exento de detalles en los que el nuevo monarca ha dejado su marca. El último cambio se ha detectado en el banquete de Estado ofrecido a los emperadores de Japón, donde solo los ojos más habituados a estas fastuosas cenas han podido percatarse de una ausencia notable: el ananá.

Aunque pueda parecer una nimiedad, en eventos tan meticulosamente medidos y coreografiados como un banquete de Estado, nada es casualidad. El ananá nunca faltaba en los banquetes de Isabel II, tanto en el postre como parte de la decoración de las mesas. Esta fruta tropical, no típica de las islas británicas, comenzó a ser utilizada como símbolo de riqueza y generosidad por Carlos I en el siglo XVII debido a su carácter selecto y alto precio.

Rey Carlos III
Rey Carlos III.

La tradición pervivió hasta nuestros días hasta que, el pasado 25 de junio, los comensales del Palacio de Buckingham notaron primero un cambio en la decoración y después en el menú: no había rastro de ananá. Sin embargo, se había puesto un enorme esmero en los detalles florales. Si normalmente los centros de flores de las mesas están especialmente cuidados, esta vez eran sensacionales. Así lo señaló a GB News el líder del Partido Liberal Demócrata, Ed Davey, quien destacó la exquisita disposición de las rosas, procedentes de los jardines de Buckingham y del castillo de Windsor, y los arces japoneses seleccionados como guiño a sus invitados. "Espero no estar revelando ningún secreto que no deba, pero las flores eran absolutamente preciosas. Creo que se gastó un poco más de dinero en ellas en lugar de en las piñas", comentó Davey.

El menú tampoco incluía la preciada fruta. Diseñado por el chef real, constaba de langostinos escoceses, rodaballo de Cornualles, huevos de codorniz, y de postre, una bomba de helado con jugo de melón. En lugar de un segundo postre, Carlos III apostó por unos petit fours (pequeños pastelitos típicos de la repostería francesa) con café y licores, propiciando un ambiente más distendido para que los invitados pudieran levantarse y charlar. Según The Telegraph, el cambio podría responder a este interés por favorecer la conversación entre los asistentes.

Se desconoce si esta decisión supone el destierro definitivo del ananá o si fue una excepción, ya que en los banquetes de Estado ofrecidos al presidente de Sudáfrica y al de Corea del Sur, sí se incluyó. En cualquier caso, sería una decisión muy acorde con el compromiso del Rey con el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. El ananá no es un producto de temporada ni de proximidad, por lo que recurrir a ella en Londres implica dejar una huella de carbono innecesaria cuando existen otras alternativas.

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