La infanta Elena, hermana del rey Felipe VI de España, ha vivido una vida matrimonial marcada por la tensión y la falta de libertad personal. Su relación con Jaime de Marichalar, que comenzó en 1997, fue siempre rodeada de especulación y controversia.
Según fuentes cercanas a la familia real, la Infanta Elena consideró otras opciones románticas antes de aceptar a Marichalar, un noble español de estatus social elevado. No obstante, la presión del rey Juan Carlos I para que se casara con este caballero para evitar una humillación pública finalmente la llevó a aceptar su propuesta.
La curiosa regla que Jaime de Marichalar le impuso a la infanta Elena
Pero el matrimonio no fue una historia de amor tradicional. Elena nunca estuvo enamorada de Jaime y no soportaba su carácter autoritario. La infanta se vio obligada a seguir estrictas directrices de vestimenta y comportamiento, lo que la llevó a sentirse prisionera en su propia vida. Incluso, una vez en su círculo íntimo llegó a revelar: "¡Qué gusto, hija! Yo me pongo cualquier zapatilla y Jaime me mata. ¡No puedo ni llevarlas en casa!", ventilando así lo difícil que era estar con su esposo en la privacidad.
A pesar de tener hijos, Victoria Federica y Froilán, el comportamiento de su esposo se volvió más difícil después de sufrir un ictus. La enfermedad causó cambios de humor extremos en Jaime de Marichalar, lo que llevó a la infanta Elena a decidir que el divorcio era inevitable.
AM
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