miércoles 24 de febrero de 2021
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ACTUALIDAD | 31-05-2016 18:05

Oyarbide: de Juez Federal a ser tentado por Tinelli

"Me gustaría ser el Lorenzetti del Bailando". Galería de fotos

Antes de comenzar la entrevista, Norberto Oyarbide pide aclarar que tiene una década menos de lo que suele publicarse: nació el 22 de junio de 1951, tiene 65 años y está más vivo que nunca. Son las 11:00 de la mañana del viernes 27 de mayo y, puntual, llega en taxi al restó "El Mirasol Campo & Mar", que él eligió como locación para la producción fotográfica. Explica que es su segundo hogar. Allí llevó parte del mobiliario que adornaba su despacho de Comodoro Py: una araña antigua y dos candelabros con caireles, un jarrón y un recibidor franceses, y pinturas inglesas e italianas de paisajes realistas, que eligió por sus cielos profundos. Es como un VIP a un costado del salón principal del restorán, con una mesa redonda para ocho comensales, un busto del emperador romano Julio César, un telón de pana bordó para preservar discreción y hasta un toilette privado.

Sobre la mesa, el champagne de bodega francesa está servido, siempre frío y burbujeante. Es tan importante para él el espumante que hasta le escribió una alegoría: "Si estoy solo, tomo champagne/Si estoy acompañado, bebo champagne/Si estoy triste, bebo champagne/Si estoy alegre, siento irresistibles deseos de tomar champagne/Si tengo apetito, bebo champagne/Si no tengo apetito, también bebo champagne/Y me olvidaba de decirte, que además de cada uno de estos casos, cada vez que tengo sed, tomo champagne". Es tal su devoción por el espumante que cuenta que su Yorkshire, La Cicciolina, y su caniche toy, Luna, también beben "shampein", como pronuncia en tono jocoso. Basta con que oigan el descorche para que sus mascotas se acerquen a un brindis simbólico.

Por la ventana del restó desde el que se divisa el Dique I de Puerto Madero, el ex Magistrado dice que sueña con tener un restorán flotante de cristal, que hasta ya tiene nombre: "Il Giudice".

Para atenuar el efecto del champagne, pide queso pategrás y una variedad de ahumado. Durante la hora de entrevista con CARAS, hablará de su dote artístico, que eligió hacer público al bailar en el programa "Desgeneradas", de Georgina Barbarossa, como una ayuda a su amiga y panelista Victoria Onetto, antes de que fuera levantado; del llamado que Marcelo Tinelli le hizo el miércoles 25 para que sea parte del "Bailando" y de la posibilidad de tener obra propia en la temporada de Villa Carlos Paz; de la nostalgia y tristeza por su renuncia al Poder Judicial, aunque de su felicidad por haber "salido vivo del Titanic"; de su relación afectiva de ocho años con Claudio Blanco y de su posible boda; y de un sueño hasta ahora nunca antes revelado: su proyecto de ser padre a través de la donación de espermas con Daniela, la mujer que estuvo a un paso de llevarlo al altar.

—¿Cómo es salir de la órbita de Juez para volver al llano?

—Es una experiencia que hay que atravesarla. Todo lo que uno pueda imaginar antes de que eso ocurra, es imposible de dimensionar. Es una sensación muy particular, donde se mezclan una serie de sentimientos, entran a tallar mucho los recuerdos, uno recorre por última vez los lugares, el estrado, el sillón de juez, mi escritorio, ver las caras de cada una de las personas que conformaron mi equipo durante todos estos años... no me fueron indiferentes sus gestos. (Se emociona) Más bien, diría yo, imposible equipararlo a una situación de alegría. La palabra correcta sería nostalgia y, por qué no, tristeza y una sensación de vacío u orfandad. Es imposible que alguien pueda expresar, queriendo y amando como me sucedió a mí con la profesión, este momento. Desde 1976 decidí llevar adelante todo este propósito y la providencia me premió con distintos cargos que ahora están en el recuerdo de muchas personas, con recuerdos gratos, aunque para los que resultaron condenados no serán del todo felices.

—¿Cómo encara esta nueva etapa?

—La vida es tan fantástica que te propone cosas nuevas todos los días. Yo me siento fuerte, en equilibrio y tengo deseos de disfrutar mi vida. La gente no puede dejar de lado que la figura de un juez, cuando está en ejercicio pleno de su función, debe guardar compostura, esto es tan así que la propia Constitución Nacional se encarga de expresar que un Juez durará como tal  mientras dure su moral, buena conducta, etc. Esto no deja de ser un cierto almidón importante que con el correr de los años se pone cada vez más duro. Y nos vamos alejando un poco de la naturalidad que tiene que ver con la esencia que cada uno de nosotros traemos, desde nuestra misma gestación, más todo lo que se acumula a lo largo de nuestra vida. En mi caso, todo tenía que ver con el derecho, todo estaba encauzado en el mismo sentido, de manera que debo ser absolutamente sincero, y así como dije que habían sentimientos encontrados y tenía esa sensación de vacío, también es cierto que era como si hubiese terminado de participar de la Asamblea de 1813, cuando quienes participaron de tan importante encuentro declararon que en la República Argentina no existían más esclavos. Con esto no quiero decir que fui esclavo de la Justicia ni mucho menos, digo o pretendo transmitir que la función es tan importante para la sociedad que necesita también de una investidura y un comportamiento. Como dicen los ingleses, la superficie debe guardar relación y estar en armonía con el fondo.

—Hoy se lo ve bailar en la televisión abierta, una imagen contrapuesta a la imagen que daba como Juez...

—Tenemos que conjugar el verbo en el tiempo correcto. Una cuestión puntual era cuando ocupaba mi sillón y estaba en Comodoro Py, y mi vida transcurría entre indagatorias, resoluciones, diálogos muy importante con investigaciones que se estaban desarrollando, ¿qué voy a decir de la actividad de un Juez? Es algo muy rico e inmensamente creativo todo el tiempo, que da satisfacciones y también acarrea dolor porque, por ejemplo, cuando se interviene en un secuestro extorsivo es muy lastimoso para todos los que intervenimos en ese caso, llegar tarde y encontrar a la persona secuestrada muerta. Están todos los matices presentes allí.

—Tener la potestad de decidir sobre la libertad de una persona...

—Eso es lo que algunos llamaron la borrachera del poder. Semejante potestad debe ser ejercitada con un alto equilibrio. Esto es así.

—Por el modo en que se dio su jubilación, promovida por el Gobierno, ¿siente que se va por la puerta de atrás?

—No, yo renuncié. Quiero decir que era irrespirable el clima que estaba viviendo dentro de Comodoro Py. No podía soportar que cada cinco minutos me lloviera un pedido de juicio político de la misma persona que presentaba todos los pedidos, que es la fiscal de la República Argentina, la señora Elisa Carrió. Esa señora tiene un especial animus, siempre lo tuvo, es indiscutible. Yo ahora estoy lejos, estoy en el llano, estoy a tu misma altura, y quiero decirlo con todas las letras: estoy feliz. ¿Se nota?

—¿A qué se debe esa felicidad?

—Estoy feliz porque reencontrarse con la persona natural es algo muy saludable. Conjugar el verbo verdad es algo muy importante. Tanta solemnidad atenta muchas veces con ese elemento grandioso que Dios le otorga a cada ser humano que es la posibilidad de expresarse con naturalidad, con verdad, y por qué no con alegría. Pero para eso hace falta que estemos muy ordenaditos por dentro. (Pide un minuto para tomar champagne)

—¿Qué se dijo cuando se miró al espejo la mañana siguiente a su retiro?

—No era un día cualquiera, era el primer día después de abandonar el Titanic con vida, porque yo salí del Titanic con vida. Vos sabés que hay muchas personas que murieron dentro del Titanic, pero hay varios que tuvieron el privilegio divino de poner a resguardo sus vidas y seguir viviendo sus historias personales. Hacías mención respecto a si yo sentía haber egresado por la puerta trasera o por la principal. Me fui como lo hice todos los días, no salía por la puerta principal ni por la de atrás, salía en mi vehículo que por supuesto ahora, tal como lo has visto, he llegado en un taxi común como cualquier ciudadano más, sin custodia. (NdR.: Antes disponía de seis custodios de Gendarmería Nacional las 24 horas)

—¿No le tiene miedo al escrache?

—No, voy siempre acompañado de mis buenas convicciones y principios.

—Hablemos de su presente, ¿desde siempre le gustó el baile?

—Me encanta el arte en general, algo interpreto en el piano, en la guitarra, me gusta cantar y todo lo que venga conectado con el arte le hace muy bien a mi cuerpo, pero enoja a muchas personas. El Norberto que estaba en el Poder Judicial y el Norberto que hoy está disfrutando por primera vez de la vida, sin acartonamientos, está muy feliz de actuar del modo en que lo hace y de poder expresarse del modo en que lo hace, conjugando siempre la verdad, el optimismo y la alegría, que es lo que realmente sana. Y lo que enferma a mucha gente y trae un altísimo nivel de estrés es la falta de deseo, de esa pulsión. Muchos estaban esperando que terminara en alguna cochería fúnebre yendo a Jardín de Paz a hacerle compañía a mi madre, pero creo que por ahora eso no va a ocurrir, excepto que Dios disponga lo contrario.

—¿Es cierto que lo llamó Marcelo Tinelli?

—Es verdad, me llamó hace 48 horas para vernos. En tres oportunidades al celular de Claudio Blanco, que todo el mundo sabe que es la persona que me acompaña en la vida. Sé que está a punto de estallar por todas las pantallas, su programa que va a ser tan exitoso como todos los años. Me llamó y no es la primera vez que lo hace.

—El año pasado le ofreció ser una suerte de Corte Suprema del Bailando por un sueño...

—No para bailar sino para cumplir un rol más ejecutivo en toda la cuestión que tiene que ver con la elección o eliminación de las personas que participan. Cuando se producían ciertas rencillas que rozaban con la cuestión personalísima de los integrantes, ese iba a ser el momento de mi actuación, según me explicó el señor Tinelli, a quien respeto y quiero mucho. Una especie de Corte Suprema, es un show off que se hace con mucha estética para divertir a la gente, así que esto formaría parte también. Yo trataría de hacerlo del modo más exquisito y formal, tratando también de aportar desde el Derecho una enseñanza y una sabiduaría que creo que no viene para nada mal.

—¿Se puede aplicar el Derecho a un certamen así?

—Por supuesto, nuestra Constitución es la que resguarda la intimidad de las personas. Las acciones privadas de los hombres solamente están reservadas a Dios. Lo que ocurre es que allí se tomó otra modalidad que era mostrar como fotografiado el interior de las personas, y eso hay que resguardarlo.

—El caso de Barbie Vélez y Fede Bal es un claro ejemplo de eso, ¿qué opina al respecto de su participación?

—De haber estado yo hubiesen existido todos los frenos, no se puede permitir que las personas se lastimen de ese modo, eso no puede ocurrir.

—Tinelli habrá visto su video Bailando, ¿no le ofreció ser un participante más del certamen?

—Lo mencionó, me dijo que le gustó y le resultó muy simpático, pero el foco lo hizo sobre la urgencia que tenía de dialogar conmigo. Todavía no me reuní.

—Hagamos hipótesis....

—No me gusta trabajar con hipótesis, porque yo no tengo nada que ver con Harry Potter ni con David Copperfield (risas).

—¿Aceptaría bailar?

—No, hay gente que lo hace estupendamente bien. Yo soy desenfadado y me parece que transmito un poco de alegría. Aunque me parece que si el señor Presidente bailó el día en que fue elegido por todos nosotros en Casa de Gobierno, ¿por qué no voy a bailar yo? Dime dónde está la regla escrita, ¿a quién yo lastimo bailando? Podrán decirme que bailo bien o que bailo mal, pero yo no ofendo a nadie. No estoy traficando estupefacientes, no estoy matando o golpeando, no hay violencia de género, tal vez un poquito de violencia para los ojos del que no le guste demasiado. (Risas)

—¿Qué opina del actual presidente como bailarín?

—Y, estoy en condiciones yo de ser su profesor. Se va agotando la nota, ¿no?

—Todavía continúa... ¿Aceptaría ser un Juez del Bailando?

—Como un eventual Juez, cumpliendo una misión de ese tenor, como un (Ricardo) Lorenzetti (presidente de la Corte Suprema) del Bailando.

—¿Estudió baile?

—El baile es algo natural, lo señalo porque mi padre era profesor de guitarra. La persona que interprete bien un instrumento es porque tiene y sabe dividir los compases, es decir, no confunde un vals con una chacarera. Hice estudios pequeños, tap con Alberto Agüero. Hace muchos años, estoy hablando de la prehistoria, en épocas cuando en la calle Talcahuano, entre Santa Fe y Marcelo T. De Alvear, en el gimnasio Fitness, cuya imagen era Pancho Ibañez, una las profesoras me dio un cupo para participar. Fui uno de sus primeros alumnos y, cuando Madonna vino a Buenos Aires, se la llevó como su profesora especial. Sé que continúa siendo su profesora. No es poca cosa.

—En esos sueños relegados por su función de Juez, ¿le gustaría protagonizar una comedia musical?

—Me han propuesto algo para Córdoba, ¿puede ser?

—¿Para la temporada de Villa Carlos Paz?

—Exacto. Me llegaron propuestas porque la gente piensa mucho en la “rosa mosqueta”, en el dinero, entonces alguien que pueda atraer gente les resulta interesante, al menos para ser analizado, claro que he recibido llamados, dos puntualmente. Uno de parte de un amigo mío que lo adoro, que fue el representante de los más grandes artistas de la Argentina, Darío Arellano. El me dijo que va a realizar el espectáculo más caro y más lujoso de Córdoba y quiere que yo esté allí, porque su señoría canta y baila...

—¿También canta? Es otra faceta oculta...

—No tengo vergüenza de subirme a un escenario y cantar con... qué pena que Frank Sinatra se murió porque era uno de mis ídolos. Me encantaría subirme al escenario con Ricardo Montaner, con Andrés Calamaro, con glorias, gente muy importante. Tengo muchos referentes dentro del arte y de la música. Me gusta el grupo Cat Stevens, por supuesto The Beatles, Paul McCartney, la música en general. También me gusta el tango y lo canto, opinan los conocedores, bastante bien.

—¿Qué tango interpreta mejor?

—“La última curda”; “Nostalgias” es otro de mis tangos preferidos, y “Pinta” también es un buen cuadro del tanguero nostalgioso, romántico.

—¿Le gustaría celebrar este presente con una boda?

—Ese es uno de los logros importantes del gobierno anterior, cuando se legisló el matrimonio igualitario, más allá de que yo anuncié por este mismo conducto que me iba a casar en una fecha y después no sucedió por nada en particular, sino que creímos ambos que teníamos que seguir avanzando en el camino de este trato tan amable y respetuoso. Llevamos ocho años juntos, hay momento histriónicos en los que se siente la vida en todo su esplendor y, de pronto, ves la sequedad como un árbol al que se le cayeron todas las hojas y está muerto, y de repente el milagro maravilloso, cuando llega la primavera y los brotes en el árbol empiezan a aparecer. ¿Qué quiero simbolizar con esto? Que el error mayor que comete el ser humano es buscar permanentemente certezas y se olvida del detalle máximo que tiene la vida: que es un misterio. Cuando salga de acá no sé si me muero antes de subir a un taxi, fijate que simple. Somos extremadamente soberbios y omnipotentes. Y olvidamos lo fundamental, que nosotros somos corruptibles partículas que nacimos para deshacernos, nada más... (se emociona)

—¿Sueña con ser padre?

—Sí. Antes de conocer a Claudio salí con varias chicas e incluso con una de ellas estuve a punto de casarme. Esta chica absolutamente bellísima —qué pena que no tengo mi portafolio para enseñarte una fotografía suya— se llama Daniela. La adoro con toda mi vida y ella también. Pues aquel casamiento estaba conjugado, con departamento obsequiado por sus padres, fecha de bodas, invitados, salón. En aquel momento era secretario, debe haber sido en 1984. Tuvimos una relación bastante extensa aunque se fue deteriorando y, cuando vi que venía el cierre final de campaña, no tuve los cojones suficientes para llevar adelante semejante responsabilidad. Sabiendo todo lo que iba a causarle, preferí serle sincero y le expliqué con todas las letras por qué motivo no me casaba con ella... Todo esto genero una tempestad, un tsunami espantoso, que no tenía manera de poder encontrarle un cauce, una solución, un orden. Hasta que un día, muchos años después —yo ya era juez y estaba en Comodoro Py—, mi secretaria privada, Anita, me dijo `doctor, hay un llamado registrado en el teléfono de una señora que dice ser Daniela, cuya hija sufrió un accidente y está en estado de coma, y a la única persona que nombra es a usted’. Yo me trasladé de inmediato al sanatorio y Dios no sólo salvó a su hija, sino que produjo el milagro que yo pudiera volver a encontrar la paz no sólo con Daniela sino con su madre y toda su familia. Entonces, meses después del fallecimiento de mi madre, en octubre de 2007, sentí la necesidad de compartir el almuerzo de Navidad con Daniela y su mamá. Fue muy significativo y marcó mi vida de una manera muy especial, porque en ese momento, Daniela habló como nunca lo había hecho y, aparte de confesarme un afecto indestructible hacia mi persona, me dijo: `Norberto, yo no quiero que mi cuerpo se pudra en la tierra, no me interesa el dinero, no voy a pedir que te cases conmigo, solamente necesito tu semen porque quiero tener un hijo tuyo. (Se quiebra) Creo que nos merecemos tener un hijo...” (Llora). Y lo estamos analizando... hagamos un brindis...

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