Así es la vida de la Hermana Verónica, la monja ricotera que cocina en El Gourmet y juega al fútbol: "Cocinar es un acto de amor"
Entre la oración y las cámaras de televisión, vive en un monasterio Tudor entre Palermo y Belgrano, habla cuatro idiomas y es fan de River, del rock y de Messi.
En el límite de Palermo y Belgrano, donde las barrancas marcan su territorio, sólo basta cruzar el portón de la casona estilo Tudor, francés y gótico, para ingresar a otro plano. Jardines, árboles frutales, flores que sobreviven al frío invierno, senderos y escaleras de piedra marcan el ingreso al Monasterio de las Benedictinas. Apenas se supera ese umbral la paz se apodera de todo.
La hermana verónica, la monja que cocina en El Gourmet
La hermana Verónica, que allí vive junto a otras monjitas de la congregación —conocida por llevar una vida de oración, trabajo y estudio—, es la encargada de recibir a CARAS. Casi sin dudarlo, pero sí luego de consultarlo, se sumó al canal El Gourmet para aportar su experiencia en la cocina enseñando “recetas simples y ricas, que se pueden hacer con lo que uno tiene en su casa”, aclara “Vero”. Y, aunque repite que la sonroja ver su imagen todos los días a las 18 en la tele, se muestra desenvuelta y sin temores frente al gran desafío.
Verónica nació en Belgrano y a los 23 su vocación la llevó a tomar los hábitos. Pero su espíritu inquieto no la limitó a su túnica, velo y toca grises. Habla cuatro idiomas, es federada en natación, profesora de geografía en el secundario; es organista, electricista, costurera, fanática de River, del folklore, el reggae y el rock. Canta temas de Los Gardelitos y de Soda Stereo y “ama” a Messi, “Messi es la levadura del pan”, aclara. Le gusta viajar y estuvo misionando en Estados Unidos y Brasil, donde convivió con monjas de todo el mundo. Pero sus primeros pasos no fueron fáciles.
Cada mañana la hermana Verónica recorre el jardín, controla cómo están las plantas y recoge sus frutos.
Cómo es la vida de la hermana Verónica: rezos, clases, cocina y el "Gran Silencio"
Aunque lleva una vida de oración en el Monasterio de las Benedictinas, la hermana Verónica se convirtió en una de las caras nuevas de El Gourmet. En diálogo con CARAS, habló de su inesperado desembarco en la televisión, de su pasión por la cocina y de la vocación que cambió su vida para siempre.
—Al tomar la decisión más importante de su vida, ¿contó con el apoyo de su familia?
—A mis padres y hermanos no les gustó mi decisión al principio y no me hablaron durante meses. Hasta que me vieron feliz y entonces lo entendieron. Y lamento mucho que mi mamá falleció cuando estaba en el noviciado y no me pudo ver convertida en una hermana Benedictina misionera, que es nuestra congregación, en la que veneramos a Cristo y donde la humildad y el silencio nos rigen. Elegí esta congregación porque me gustó la espiritualidad y la vida en oración.
En ese refugio con una pequeña capilla donde rezan en diferentes horas del día, con biblioteca y salas en las que dictan diferentes cursos, con salones en oscura madera, ventanales por los que se filtra el sol, escaleras y despensas, se encuentra el rincón preferido de Verónica. La cocina, un lugar sin lujos, todo blanco, en el que los aromas más ricos se disputan la corona.
En Caras, la hermana Verónica contó cómo llegó a El Gourmet y por qué aceptó cocinar en televisión
“Aquí fue mi debut en la televisión... ¡Y la tele llegó a mi vida como una bendición de Dios! Yo no la vi a la hermana Bernarda cuando hizo su programa cocinando pero sí leí su libro y todos me dicen que la recuerdan por el amor con el que cocinaba... Para mí cocinar es eso, un acto de amor y no me quiero agrandar pero cocino rico”, asegura Vero.
—¿Y cómo llegó a El Gourmet?
—Llegué porque mi amiga Ana me preguntó si me animaba a cocinar en televisión... Le dije que sí sin dudarlo y las hermanas no se opusieron. Tuve un par de entrevistas por Zoom y quedó arreglado.
—¿Se sintió cómoda frente a la cámara?
—Me di cuenta de cómo era todo al tercer día y, a partir de ahí, todo me parece fácil. Porque no soy un personaje, soy yo. Para esta primera etapa grabamos veinte programas. Pero verme me dio mucha vergüenza y dije cómo hice o dije eso...
—Y a la hora de cocinar, ¿tiene un plato preferido?
La Hermana Verónica vive en el Monasterio de las Benedictinas
—Detrás de cada receta hay una historia porque me la enseñó alguien que pasó por mi vida. Mi especialidad son las pastas con salsa de tomate, cebolla, morrón, jamón y crema de leche; una receta de mi mamá. Otra es el arrollado de verduras que me sale muy rico. Los platos salados no me fallan aunque con lo dulce soy “maso”. No son mi fuerte pero los spring rolls de manzana y las peras en masa de panqueque, me quedan riquísimos. Soy aventurera en la cocina.
—¿Para cocinar rico hay que tener buen paladar?
—¡Yo soy de muy buen comer y por eso me gusta cocinar! Y también me gusta acompañar un rico plato con una copita de vino, un vaso de cervecita o algún coñac si se trata de algo dulce.
—¿Es coqueta? ¿Cómo se prepara a la hora de enfrentar la cámara?
—Sí, soy coqueta desde siempre. Y para grabar los programas me maquillan un poquito pero sólo base para quitarme el brillo. No quiero labial ni nada en los ojos. Eso sí, amo los perfumes y siempre tengo que estar bien oliente... (risas).
Además de cocinar, la hermana Verónica da clases de geografía
—¿Cómo es un día suyo?
—Me levanto a las 5.30 de la mañana y hacemos dos horas y media de rezo. Después de 8 a 8.30 tenemos misa. Y a partir de las 9, la que está de turno, arranca a cocinar. Tres días en la semana doy clases de Geografía en el Colegio San Ambrosio (en septiembre nos vamos a misionar a una escuela rural de Santiago del Estero). Luego tenemos tiempo de descanso y a las 14.30 arrancamos con el trabajo. La limpieza del convento lleva mucho tiempo. Además, doy cursos y también tenemos el jardín y la huerta donde cultivamos nuestras verduras y hay árboles de limones, naranjas y otras frutas para hacer dulces. A las 19 se sirve la cena y luego llega el momento de “El Gran Silencio”, en el que ya no podemos hablar más. Hay algunas tareas hasta las 21 cuando, si tenemos ganas, podemos sentarnos a ver tele.
—¿Está arrepentida de ahora ser famosa?
—¡Para nada! Me gustan los desafíos porque si no me aburro. Necesito proyectos nuevos. A veces estoy cansada pero muy satisfecha con mi vida. Contenta y agradecida. Mi fin en la vida es dar lo mejor.
Fotos: Nestor Grassi/PERFIL
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