Así es la casa de Teté Coustarot: antigüedades, colores audaces y hasta máscaras africanas
Entre piezas con historia, luz cálida y una composición muy cuidada, el interior refleja una elegancia muy personal.
Teté Coustarot abrió las puertas de su departamento y lo que se ve del otro lado es todo lo que uno esperaría de ella: personalidad, criterio y un ojo muy entrenado para elegir. Nada en ese interior parece puesto al azar. Cada mueble, cada objeto, cada color tiene un lugar y una razón.
Teté Coustarot y una decoración donde cada pieza tiene peso
Lo primero que llama la atención es la armonía general del espacio. Paredes claras, molduras simples y la sucesión de ambientes en profundidad construyen una atmósfera clásica y muy cuidada. En medio de esa base, una cómoda lacada en rojo intenso se transforma en el gran golpe de efecto del living. Su estilo robusto, los herrajes dorados y los objetos que la acompañan terminan de confirmar una decoración de fuerte presencia visual.
Biblioteca, luz cálida y textiles con mucha personalidad.
Pero lo más interesante es que el rojo no se agota ahí. Reaparece en los almohadones sobre un sillón blanco, en algunas piezas de la biblioteca y en una alfombra de aire persa que asoma en otro ambiente, como si ese color hubiera sido pensado desde el principio como un hilo conductor de toda la casa.
Teté en uno de los rincones más personales de su casa.
La paleta general suma crema, terracota y luz cálida. Las lámparas encendidas en pleno día aportan una temperatura extra al ambiente, ese detalle que transforma una casa bien decorada en un lugar donde da ganas de quedarse. Hay una sensación de armonía lograda, como si cada color y cada objeto ya supieran bien qué lugar ocupan.
Teté Coustarot y una casa con antigüedades, máscaras africanas e identidad propia
Entre los detalles que más definen el tono del interior aparecen las antigüedades y ciertos objetos de impronta étnica. Las máscaras africanas y los tejidos sudamericanos aportan una matiz audaz y personal a la decoración. Cada pieza suma algo de las culturas que Teté fue incorporando a su universo. Más que adornos sueltos, funcionan como recuerdos visibles de una mirada curiosa y muy atenta a lo que la rodea.
La cómoda roja, una de las piezas fuertes del ambiente.
Al fondo hay una estantería blanca empotrada que termina de completar el ambiente. Ahí conviven libros, portarretratos, pequeñas esculturas, piezas de cerámica y una televisión integrada al mueble, en una composición que mezcla lectura y recuerdos de viaje. En ese rincón se termina de ver una de las claves de la casa de Teté Coustarot: muebles con presencia, colores audaces y una base clásica muy bien llevada. El resultado es un interior con mucha personalidad, donde cada elección parece hablar de ella y de su trayectoria.
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