Natalia Lobo (CARAS)
Celebridades

Natalia Lobo, entre el arte, el yoga y una nueva etapa: “Estoy abierta a todo lo que la vida me proponga”

Natalia encontró en el yoga una forma de escuchar el cuerpo y conectar con su mundo interior. Hoy une su alma de artista con el bienestar y el deseo de acompañar a otras personas.

Hay búsquedas que comienzan mucho antes de que uno decida ponerles un nombre. En la vida de Natalia Lobo (56), el yoga, la espiritualidad y el autoconocimiento estuvieron presentes desde siempre, incluso mientras construía su trayectoria en la actuación. Con el tiempo, ese universo ganó protagonismo hasta convertirse en una nueva manera de entender la vida y acompañar a otros en sus procesos de transformación.

Natalia Lobo.

Hoy, el coaching ontológico, la meditación y distintas herramientas de exploración personal forman parte de su trabajo. Natalia diseña experiencias y comparte aprendizajes que invitan a escuchar el cuerpo, las emociones y conectar con uno mismo. El próximo sábado 7 de noviembre será una de las protagonistas de la novena edición de Exhale Festival, el encuentro de yoga y bienestar que se realizará en Urquiza y el Río, en Vicente López. De 10 a 19, habrá clases de yoga, meditación, música, movimiento, mantras y una feria al aire libre. Con entrada libre y gratuita e inscripción previa, el festival tendrá a Natalia a cargo de una meditación para conectar con el cuerpo y la Tierra.

En diálogo con CARAS, Natalia Lobo habló de las experiencias que transformaron su mirada: "Me apasiona la mente humana"

—Después de tantos años en la actuación, ¿cómo llegó al yoga y al autoconocimiento?

—Siempre hice yoga. Mi primera clase fue hace treinta años y desde entonces exploré distintos tipos de prácticas. El papá de mi hijo es profesor de Ashtanga Yoga y viaja a la India todos los años. Crecí rodeada de libros de Krishnamurti, Claudio Naranjo, Castaneda, Osho, astrología y Hermes Trismegisto. Todo ese universo siempre formó parte de mi vida. Trabajaba como actriz porque ese era mi sueño, pero el interés por el autoconocimiento estuvo presente desde mucho antes.

—¿Qué la llevó al coaching ontológico y qué transformó en su vida?

—El deseo de darle un marco a todo lo que venía aprendiendo y quería transmitir. El coaching me ofrecía un sostén más concreto y también me interesaba estudiar y obtener una formación. Siempre le decía a mi psicóloga que admiraba su trabajo porque me apasiona la mente humana. Sin embargo, durante la formación me transformé más de lo que imaginaba. Aprendí sobre emociones, creencias y relaciones humanas y cómo cada persona ve las cosas desde su historia y sus propios juicios. Aprendí a escuchar. Estoy convencida de que esto deberían enseñarlo en las escuelas. Mi mamá me decía que había avanzado más en esos dos años que durante la terapia, aunque ya venía de muchos años de trabajo personal. El coaching permite abordar temas puntuales y pasar a la acción.

Natalia Lobo.

—¿Qué lugar ocupa el cuerpo en este camino de conexión personal?

—Es fundamental. La conexión se produce a través de él, porque es nuestro instrumento. Podemos percibir y registrar lo que nos pasa. Por eso es tan importante aprender a escucharlo. Como dijo Nikola Tesla, nuestro cuerpo es una antena.

—¿Qué va a proponer en su clínica de yoga en Exhale Festival y a quiénes está dirigida?

—Está dirigida a todas las personas a las que les resuene la propuesta. Voy a guiar una meditación, la misma que hago cada mañana al despertarme, para conectar con el cuerpo, recorrerlo, hablarle y escucharlo. El cuerpo es nuestro radar y nos avisa todo. Las emociones, los pensamientos y hasta aquello que nos decimos queda registrado en nuestras células. Por eso voy a estar en el primer horario, a las 10 de la mañana. Me interesa que, antes de comenzar la práctica de yoga, las personas puedan cerrar los ojos y conectarse consigo mismas y con la Tierra. Es una invitación a empezar la jornada desde otro lugar.

Natalia Lobo, actriz y mujer dedicada al bienestar: "Todo lo que viví me trajo hasta acá"

—¿Qué aprendió de usted misma que hoy le gustaría transmitir a los demás?

—Que todas las situaciones que se nos presentan son oportunidades para aprender y evolucionar. Muchas veces, lo que nos sucede es un reflejo de nosotros mismos y de nuestras heridas. Hay que salir de lo anecdótico y trabajar sobre uno mismo. Hoy tenemos muchísima información y herramientas a nuestro alcance. Hay que ponerle el cuerpo, trabajar para estar bien y confiar en que existe algo invisible que nos sostiene. Creo en los pequeños hábitos, como agradecer cada noche, eso se empieza a sentir en el corazón y transforma la energía. Se trata de descubrir qué herramientas nos sirven, probar, experimentar y pasar a la acción.

Natalia Lobo.

—¿Cómo conviven hoy su faceta artística y este camino ligado al bienestar?

—Perfectamente, mejor que nunca. Tengo alma de artista y todo lo relacionado con el bienestar lo mamé desde siempre. Ambas dimensiones están integradas. Ya no trabajo como actriz, pero aplico el arte a este nuevo camino, en el diseño de experiencias y en la manera de comunicar. Todo lo que viví me trajo hasta acá y me sostiene, porque forma parte de mi recorrido.

—¿Qué proyectos y objetivos la entusiasman en esta nueva etapa?

—Seguir creando experiencias y acompañando a las personas en sus procesos de transformación a través del coaching, la técnica Tameana y este método que yo llamo “afinar el instrumento”. Quiero organizar viajes a Perú y llevar grupos para compartir esa experiencia. Estoy abierta a todo lo que la vida vaya proponiendo. Hay que prepararse, estar atento y seguir las señales.

Natalia Lobo.

Lejos de pensar su presente como una ruptura con el pasado, Natalia Lobo encuentra una continuidad entre todas sus experiencias. La actriz y la mujer dedicada hoy al bienestar forman parte de una misma historia. Con nuevas herramientas y otra manera de comunicar, eligió compartir aquello que durante años exploró en su propio camino. Una búsqueda que sigue creciendo y que tiene como punto de partida una invitación: escucharse, conectar con el cuerpo y animarse a evolucionar.

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