¿Cómo llegan las personas a terapia familiar?
Cuando una familia llega por primera vez a consulta, muchas veces lo hace con miedo, desconfianza o resistencia. El miedo suele estar relacionado con lo desconocido, con sentirse expuestos o juzgados por cómo han hecho las cosas hasta ahora. Esto es muy común en padres que temen ser criticados. Por eso, siempre aclaro que no estoy para juzgar, sino para acompañarlos desde lo que han hecho con los recursos que han tenido. Busco que podamos encontrar estrategias acordes a su realidad, integrando las distintas miradas. La desconfianza también aparece cuando temen que la terapia familiar sea encajarlos en un molde. Pero en terapia familiar no hay moldes: trabajamos desde la singularidad de cada familia.
¿Todos los miembros de la familia van a terapia?
No necesariamente. Depende del motivo de consulta y de qué tan pertinente sea la participación de ciertos integrantes. A veces asisten solo los padres, otras veces lo hacen junto a sus hijos, y en ocasiones también participa algún familiar que cumple un rol importante en la dinámica que se está trabajando. Hoy en día, las familias son muy diversas: homoparentales, reconstituidas, con figuras de cuidado como abuelos, tíos o cuidadores externos. Mi foco está en adaptar el proceso terapéutico a la configuración real de la familia que consulta, más allá de si responde o no a un modelo tradicional. No hay una sola forma válida de ser familia.

¿Qué motivos de consulta suelen ser más frecuentes?
Los motivos por los que una familia decide consultar pueden ser muy diversos. En general, lo más frecuente tiene que ver con reducir situaciones de conflicto, establecer límites más saludables, y mejorar las relaciones entre padres e hijos o entre hermanos. También suelen aparecer procesos de duelo, ya sea por el fallecimiento de un ser querido o por separaciones de hecho o divorcios. En el último tiempo he recibido varias familias que enfrentan los desafíos de ser una familia reconstituida, donde uno o ambos adultos llegan con hijos de una relación anterior, lo que requiere tiempo y herramientas para construir nuevos vínculos. Asimismo, y en sintonía con los cambios actuales en la concepción de familia, también acompaño a familias que están transitando procesos donde alguno de sus miembros ha comenzado una transición de identidad de género o ha compartido una orientación sexual distinta a la que, desde una visión más tradicional, se esperaba. En estos casos, la consulta suele surgir desde una preocupación genuina de los padres o cuidadores: quieren acompañar bien, pero no saben cómo hacerlo porque no cuentan con referentes o herramientas desde su propia historia de crianza. Y justamente ahí es donde la terapia puede ser un espacio muy valioso.
¿Qué podemos empezar a hacer cuando estamos considerando acudir a terapia familiar?
Les propongo que, si tienen dudas, miedos o prejuicios sobre el proceso terapéutico, lo planteen abiertamente. Eso permite que el espacio sea más claro, honesto y seguro. También pueden expresar sus preferencias sobre quién los acompañe: hay quienes se sienten más cómodos con terapeutas hombres, mujeres, con hijos, sin hijos, mayores, jóvenes, etc. Lo importante es que encuentren un lugar donde puedan sentirse escuchados y acompañados, aunque al principio no sea fácil abrirse.
Datos de contacto
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