martes 03 de noviembre del 2026

Almas rotas

Por la Dra. Veronica Piotti Cervi. Galería de fotosGalería de fotos

Almas rotas
Almas rotas | CONTENT CARAS LIKE
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Los goterones aciagos, golpeaban la ventana de su cocina empañándola; resuelta, buscó del ropero el impermeable, el gorro de lana y el paraguas “del año del ñaupa”, para lanzarse luego a la calle, en dónde la humedad infausta, amenazaba con arruinarle el pensamiento…

En la plaza los bancos mojados y la ausencia de palomas, la consternó bastante, acostumbrada a sus gráciles presencias y a la sombra de los robles centenarios, el lugar se le hizo solitario a esa hora.

Deseosa de una experiencia diferente, se metió en el bar de la esquina para tomarse un cafecito, servido por un mozo de moño bordó, sentada en la barra.

Almas rotas

Mientras lo revolvía y la lluvia lavaba el toldo verde de la entrada, miró de reojo las mesas: en una esquina aislada, la presencia de una chica abducida por la tecnología no la sorprendió en absoluto; en la opuesta, un jubilado, manoseaba el diario local, relamiéndose con la parte de los deportes y los anteojos en la punta de la nariz.

Cercanos a la ventana, una pareja discutía murmurando, hasta que la mujer ofuscada, se puso de pie bruscamente, tomó su cartera y salió sin mirar atrás, dejando al compañero dubitativo y cabizbajo.

-¡Se veía venir! Le dijo el empleado, acercándose.

-¿Qué?

-Vienen y van hace rato…

Prefirió no responder al chisme, la reserva era su estilo.

-Almas rotas, son todas iguales… ¡Antes de irse, siempre se toman un último café!

Prosiguió él, pasando el trapo por una silla.

-Es la primera vez que vengo, tomo café y no estoy rota…

Le hizo notar ella, molesta.

-Mire, “la chica de internet” y “el hombre del diario”, también se van pronto, ya se les cumplió el tiempo…

-¿Me está echando acaso?

-No, solo le doy la oportunidad de irse después…

Luego se alejó, para volver con un platito de loza que contenía un “vigilante” dulce.

-Gracias…

-No me lo diga a mí, es de parte de mi jefe, siempre está “vigilando” que los clientes sean felices…

-¡¿Quién es su jefe?!

La sonrisa cómplice del mozo y su dedo índice señalando al cielo, le dejaron la garganta seca y un temblor nervioso; afuera ya no llovía y los rayos del sol se mezclaban con las nubes dibujando palabras, las suyas eran: “gracias Dios”.

 

Dra. Veronica Piotti Cervi
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