Hay un momento en el que ya no podés mirar para otro lado. Lo que antes justificabas empieza a incomodarte, lo que antes esperabas ahora te cansa, y eso que llamabas amor empieza a quedarte chico.
Durante mucho tiempo, a las mujeres se nos enseñó a sostener. A ser pacientes, comprensivas, disponibles. A entender procesos ajenos, a esperar tiempos que no eran propios, a dar incluso cuando del otro lado faltaba presencia. Amar también era eso: insistir, tolerar, adaptarse un poco más. El problema es que ese “un poco más” empezó a cansarnos.
Algo cambia. No de golpe, pero sí con una claridad que después no se puede desactivar. Cada vez más mujeres están dejando de romantizar vínculos donde siempre falta algo. Ya no alcanza con la promesa que va a cambiar; empieza a aparecer una pregunta incómoda, pero honesta: si esto es amor, ¿por qué se siente tan poco?
Ese quiebre llega después de haber explicado de más y de haberse quedado en lugares donde, en el fondo, ya se sabía que no era por ahí. Pero también trae algo nuevo: más registro, más conversaciones incómodas y, sobre todo, menos tolerancia a lo que no te alcanza. Porque cuando algo interno se ordena, ya no hay forma de desordenarse para encajar en cualquier vínculo.

Lo interesante es que esto no es solo individual, sino colectivo. Cada mujer que deja de conformarse redefine, sin darse cuenta, las reglas del juego. Se empiezan a construir relaciones donde el deseo, el tiempo propio y los límites ya no se negocian en silencio. Donde el amor deja de ser sinónimo de aguantar.
Al mismo tiempo, quedan más expuestos los vínculos sostenidos por inercia, por costumbre o por miedo a soltar. Se achica la paciencia para lo ambiguo, para lo tibio, para lo que aparece cuando quiere y desaparece cuando no.
Pero el impacto no es solo hacia afuera. También se siente —y mucho— hacia adentro. Porque dejar de conformarse no es una decisión cómoda: implica soltar, aprender a decir que no y atravesar una incertidumbre que no siempre es fácil de sostener.
En la práctica clínica, les digo a mis pacientes: no trates como prioridad a quien te trata como opción. No es solo una frase, es un límite. Y aunque suene simple, implica un cambio profundo: ya no se trata de aguantar más, sino de no aceptar menos.En ese camino empieza a aparecer algo que durante mucho tiempo estuvo mal visto: el permiso de ser exigentes.
Tal vez no tengamos todas las respuestas, pero sí una certeza cada vez más firme: no queremos cualquier amor. Queremos uno que nos encuentre enteras, no disponibles a medias. Y aunque eso implique esperar, incomodar o incluso soltar, hay algo que ya no negociamos: el lugar que ocupamos en la vida de otro.
Datos de contacto:
WhatsApp: +54 9 1144369968
Instagram: @psico.natifebre
Cero códigos: Lilia Lemoine mostró sus chats privados con Luciana Geuna
Bvlgari celebra sus íconos eternos: las joyas que redefinen el lujo contemporáneo
Pablo Echarri y Nancy Dupláa presentaron su nueva película juntos: "La China atravesaba fronteras casi sin darse cuenta"