viernes 08 de mayo del 2026

Más allá de la muerte: el Lic. Rodrigo Ríos explica qué es realmente el duelo

Psicólogo Clínico egresado de la UBA y Magíster en Psicoanálisis, el Lic. Rodrigo Ríos se ha consolidado como una voz de referencia en la lectura clínica del sufrimiento humano. Con una mirada rigurosa, sensible y profundamente comprometida con la singularidad de cada caso, aborda temas complejos con claridad conceptual, transformando conceptos del psicoanálisis en herramientas valiosas para pensar la vida cotidiana, las pérdidas y los procesos de cambio. Galería de fotosGalería de fotos

Más allá de la muerte: el Lic. Rodrigo Ríos explica qué es realmente el duelo
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El duelo es el trabajo psíquico que hacemos cuando la realidad cambia y nuestro mundo interno todavía no sabe cómo acomodarse a esa pérdida”, señala Rodrigo Ríos. Lejos de reducirlo únicamente a la muerte de un ser querido, el psicólogo invita a pensar el duelo como una experiencia mucho más amplia, íntima y universal. En esta entrevista, profundiza sobre qué ocurre en la vida psíquica cuando algo valioso se pierde, por qué no todos duelamos del mismo modo y cuándo ese proceso puede volverse problemático.

Más allá de la muerte: el Lic. Rodrigo Ríos explica qué es realmente el duelo

Cuando hablamos de duelo, muchas personas lo asocian inmediatamente con la muerte de alguien querido. ¿El duelo es solo eso?
El duelo suele asociarse inmediatamente con la muerte de alguien querido, pero en realidad es una experiencia psíquica mucho más amplia. Desde una perspectiva psicoanalítica, el duelo aparece cada vez que algo que tenía un valor profundo para nosotros se pierde. Puede ser una persona, pero también una relación que termina, un proyecto que fracasa, un trabajo que se deja o incluso una etapa de la vida que ya no vuelve. En todos esos casos ocurre algo similar: el sujeto se enfrenta con una ausencia que desordena su mundo.

El duelo no tiene que ver solamente con la pérdida de personas, sino con algo más profundo. Una forma simple de decirlo es que el duelo es el trabajo psíquico que hacemos cuando la realidad cambia y nuestro mundo interno todavía no sabe cómo acomodarse a esa pérdida.

Muchas veces pensamos que lo que duele es solamente lo que desapareció, pero en realidad el dolor suele estar ligado también a lo que eso representaba. Una pareja, por ejemplo, no es solo una persona: puede encarnar una idea de futuro, una forma de identidad o una ilusión compartida. Un trabajo puede significar reconocimiento, estabilidad o sentido. Por eso, cuando algo se pierde, lo que se desarma no es solamente una situación concreta, sino también una trama de significados que sostenía nuestra vida cotidiana.

Desde el psicoanálisis, ¿qué sucede en la vida psíquica cuando ocurre una pérdida importante?
Desde el psicoanálisis —y particularmente desde la enseñanza de Lacan— se entiende que los seres humanos vivimos en un mundo organizado por vínculos, palabras y sentidos. Cuando una pérdida importante ocurre, no solo falta algo en la realidad: también se abre un vacío en la estructura simbólica que ordenaba nuestra experiencia. Y esto es porque no solo nos enfrentamos a la pérdida de eso que ya no está, sino que también nos enfrentamos a la pérdida del lugar que uno ocupaba ahí. Se pierde cómo el otro nos nombraba, pensaba o miraba, y ya no somos "el hijo de", "la pareja de", o "el amigo de", lo que obliga a reestructurar nuestro ser. Y ese vacío es lo que el duelo también intentará elaborar.

Ahora bien, solemos imaginar el duelo como tristeza, pero lo cierto es que muchas personas describen emociones muy distintas. Puede haber enojo, desconcierto, culpa, nostalgia o incluso momentos de alivio. A veces aparece una sensación de irrealidad, como si el mundo hubiese perdido consistencia. Todo eso forma parte de la manera en que el psiquismo intenta reorganizarse frente a una ausencia.

Hoy se habla mucho de las “etapas del duelo”. ¿Realmente todos atravesamos ese proceso de la misma manera?
Una idea muy difundida es que el duelo tendría etapas claras y universales que todos atravesamos de la misma forma. Sin embargo, la experiencia clínica muestra algo bastante diferente. Cada duelo es singular porque cada vínculo lo es. No existe una forma correcta o incorrecta de atravesarlo. Algunas personas necesitan hablar mucho de lo que ocurrió; otras necesitan más silencio. Algunas lloran desde el comienzo; otras recién pueden hacerlo mucho tiempo después.

El duelo no tiene un manual universal porque cada pérdida toca un punto único en la historia de cada sujeto.

Justamente, desde el psicoanálisis se habla del “trabajo de duelo”, que no consiste en olvidar ni en reemplazar lo perdido. Tampoco se trata simplemente de “seguir adelante”. Más bien implica algo más sutil: que esa pérdida pueda encontrar un lugar en la historia propia. Es decir, que aquello que ya no está pueda pasar de ser una ausencia que desorganiza todo a convertirse en una presencia simbólica dentro del relato de la vida.

En otras palabras, el duelo no borra lo perdido: transforma la relación que tenemos con esa ausencia. Esto explica también por qué el duelo necesita tiempo. No es un proceso lineal ni rápido. Muchas veces el psiquismo vuelve una y otra vez sobre recuerdos, escenas o preguntas. Ese movimiento repetido no es necesariamente un problema; suele ser parte del trabajo mismo de elaborar lo que ocurrió.

¿El duelo puede volverse problemático?
El duelo en sí mismo no es un problema a resolver. Es una experiencia humana inevitable. Se vuelve problemático cuando el dolor queda completamente congelado en el tiempo, cuando la persona siente que su vida quedó detenida o cuando la pérdida se vuelve imposible de simbolizar y solo aparece como un vacío insoportable.

En esos casos, hablar puede ser fundamental. El espacio de la palabra permite algo muy simple y muy profundo al mismo tiempo: poner en relato aquello que quedó atrapado como pura ausencia. Porque si hay algo que el psicoanálisis ha enseñado a lo largo del tiempo es que las pérdidas no se elaboran únicamente en silencio. Se elaboran también en la medida en que pueden ser nombradas, recordadas y transmitidas.

Para cerrar, ¿qué idea te parece importante transmitir sobre el duelo?
Quizá una de las ideas más importantes es que el duelo no se trata de “superar” una pérdida como si se tratara de pasar de página. Más bien se trata de aprender a vivir con una ausencia que, de algún modo, seguirá formando parte de nuestra historia.

Y en ese sentido, el duelo también revela algo profundo de la condición humana: amamos sabiendo que todo vínculo lleva en sí la posibilidad de la pérdida.

Pero justamente por eso, cada duelo también es la prueba de que algo tuvo valor, de que algo dejó una marca en la vida de quien lo perdió.

Reflexión final
Toda pérdida importante desorganiza algo más que la realidad: conmueve la trama íntima de sentidos con la que una persona sostenía su vida. Por eso el duelo no puede reducirse a una serie de pasos, ni medirse con relojes ajenos, ni resolverse con fórmulas de apuro. Lo perdido no desaparece sin más: insiste, retorna, deja marcas. Y el verdadero trabajo psíquico no consiste en borrar esa huella, sino en hacerla habitable.

Cuando una ausencia no encuentra palabras, puede enquistarse como dolor mudo. Pero cuando logra entrar en el lenguaje, cuando puede ser dicha, recordada y alojada en la propia historia, entonces algo del sufrimiento empieza a transformarse. No se trata de olvidar, sino de resignificar. No se trata de cerrar, sino de poder seguir viviendo sin negar aquello que tuvo valor.

En el fondo, todo duelo confronta al sujeto con una verdad decisiva: amar implica siempre el riesgo de perder. Pero también revela la contracara de esa fragilidad: si algo duele tanto al perderse, es porque verdaderamente importó. Y allí mismo, en esa herida, también puede comenzar una nueva forma de lazo con lo vivido, menos arrasadora, más consciente, más propia.

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