jueves 15 de octubre del 2026

¿Qué nos une?

¿Qué pasa cuando una relación se sostiene más por obligación que por deseo, más por culpa que por afecto, más por lo que alguna vez fue que por lo que todavía es? | Por la Lic. Érica Roldan. Galería de fotosGalería de fotos

¿Qué nos une?
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Hay vínculos que parecen ser intrínsecos a nuestra propia vida. Nacemos en una familia, heredamos un apellido, compartimos una historia. Nadie nos pregunta si deseamos formar parte de ella. Sin embargo, con el tiempo, aprendemos que hay relaciones que no deberían cuestionarse, distancias que no deberíamos tomar y lazos que tendríamos que conservar, simplemente porque siempre formaron parte de nuestra realidad.

«La familia es la familia», decimos. Como si el propio concepto fuera suficiente para explicar lo que sucede entre las personas. Como si los lazos de familia garantizaran el cuidado, la cercanía o el afecto. Como si el haber sido parte de nuestra historia nos comprometiera a seguir compartiendo el presente.

Pero ¿qué pasa cuando una relación se sostiene más por obligación que por deseo, más por culpa que por afecto, más por lo que alguna vez fue que por lo que todavía es? En otros ámbitos de la vida aceptamos reexaminar lo que hacemos y pensamos.

¿Qué nos une?

Evaluamos proyectos, modificamos acuerdos, cambiamos de rumbo cuando algo deja de tener sentido. Entendemos que sostener algo no significa dejarlo intacto. ¿Por qué nos cuesta tanto trasladar eso a nuestros vínculos?

Repensar una relación no significa someter nuestro afecto a una evaluación permanente ni alejarnos ante cada dificultad. Significa permitirnos preguntar qué nos pasa con el otro, qué estamos construyendo juntos y si todavía existe una voluntad compartida de cuidar ese vínculo.

A veces, para demostrar que queremos a alguien, sentimos que tenemos que dejar de preguntarnos cómo nos hace sentir estar con esa persona. Quizás esa sea la causa de algunas de nuestras confusiones. Porque no siempre nos quedamos por amor. A veces también nos quedamos por culpa, por costumbre, por miedo a lastimar al otro o porque no sabemos cómo dejar de ocupar el lugar que siempre tuvimos en su vida. Y porque cuestionar una relación puede sentirse como una traición a la historia que compartimos. Sin embargo, el fin de un vínculo no significa que haya sido un error. Y que alguien haya sido importante en nuestra vida no significa que tenga que seguir ocupando el lugar de siempre.

¿Qué nos une?

Esto también sucede con las amistades. Relaciones que elegimos y que, con los años, a veces conservamos por inercia, por los recuerdos compartidos o por la dificultad de aceptar que ya no somos las mismas personas. No siempre hay una pelea, una traición o un episodio que explique la distancia. A veces, simplemente, el vínculo deja de encontrar un lugar en el presente.

Los lazos de sangre establecen familiaridad. Los vínculos se construyen. Y lo construido necesita cuidado, reciprocidad y, también, la posibilidad de cambio. Algunas relaciones encuentran nuevas formas de continuar; otras necesitan distancia; algunas, finalmente, terminan.

Quizás no se trate de dejar de valorar nuestra historia, sino de dejar de usarla como una excusa para evitar decidir sobre nuestro presente.

¿Cuántos vínculos seguimos sosteniendo porque todavía los elegimos y cuántos porque nunca nos permitimos preguntarnos si podíamos elegir algo distinto?

 

Lic. Érica Roldan
Instagram: @lic_eri
Mail: [email protected]
Teléfono: 3492609223

 

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