En una charla íntima con Héctor Maugeri en +Caras, Marcelo Longobardi dejó de lado su faceta pública como periodista y conductor para revelar una parte desconocida de su vida: sus obsesiones con el orden, la simetría y los hábitos que marcan su día a día.
Los hábitos obsesivos de Marcelo Longobardi
“Cuando empecé con el periodismo, fundé la revista Apertura. Mi vida era un caos. No podía convivir con el caos, afectaba mi poca creatividad. Entonces, necesito cierto orden para poder pensar. En el caos no funciono. Necesito tener un ambiente ordenado”, reconoció con total honestidad.

Ese orden extremo, que para otros podría ser una rareza, para él es una necesidad vital. En su vestidor, por ejemplo, tiene toda su ropa organizada por paleta de colores: desde el blanco, pasando por los rosas y lilas, hasta llegar a los tonos celestes. Los zapatos, por su parte, están guardados en cajas, perfectamente clasificados, y asegura poder reconocerlos sin abrirlas.
“Las perchas son completamente iguales porque es intolerable que una remera quede más arriba que la otra. Todos los cuellos de las chombas están alineados y para el mismo lado. Me vuelvo loco, no duermo”, confesó entre risas.

Durante la entrevista, el prestigioso comunicador recordó también una charla con Jorge Lanata donde reveló que le gustan “las cosas proporcionadas y geométricas”. No es sólo una cuestión de estética: el orden es una herramienta clave en su funcionamiento diario. “Como creo ser hijo del método y no del talento, necesito un cierto orden para poder funcionar. Entonces tengo tocs con la geometría, las proporciones, los colores, el orden de mi escritorio. Tengo pilas de hábitos y tocs, el más agudo creo que es la simetría”, expresó.
Su amor por el golf también se vincula con esa lógica. Para Longobardi, no se trata de un simple hobbie, sino de un deporte con carga emocional y simbólica. “El golf es compulsivo, tiene un grado de adicción. Cada remera que conservo jugó un determinado partido en algún lugar del mundo. Tienen una historia. He ganado o perdido un partido”, explicó.

Pero detrás de estas rutinas hay una raíz material y emocional más profunda. “Yo fui muy pobre. Cuido las cosas que me pude comprar. Tengo zapatos de diez años. Soy cuidadoso con mis cosas. No soy millonario, ni de cerca, pero soy todo lo generoso que puedo con todo el mundo y cuidadoso con mis cosas”, explicó. Ese origen humilde, marcado por la escasez, lo llevó a desarrollar una relación especial con los objetos y el espacio que lo rodea.
Durante la entrevista con Héctor Maugeri, Marcelo Longobardi, quien ha logrado construir una carrera sólida y reconocida, dejó entrever en cada uno de estos detalles que su éxito no sólo se debe a su talento periodístico, sino sobretodo a una estructura personal donde el método, la disciplina y, por qué no, las obsesiones, ocupan un lugar central.

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