lunes 30 de noviembre de 2020
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ESPECTáCULOS | 11-01-2020 19:03

FOTOS | Flavio Mendoza acompaña a su hijo, Dionisio, a practicar matronatación

Como parte de su rutina habitual, el artista relata como son los martes de "agua" junto a su heredero. Galería de fotos

La rutina de Dionisio Mendoza (1), se altera los martes. A pesar de no conocer los días de la semana, sabe que ese día es especial. Cuando lo ve a su papá preparar el bolso, percibe que llega la aventura más esperada e inmediatamente sus ojos se iluminan porque se viene lo mejor: se inquieta y pide salir de su casa. Flavio Mendoza (45), lo sube a upa y mientras lo llena de besos hasta llegar al auto el niño va repitiendo “agua, agua, agua”.

El pequeño sabe que en un rato va a participar de las clases de matronatación y divertirse a lo grande chapoteando y aprendiendo a dominar su cuerpo en el agua. El lugar, colorido y preparado para los chicos, atrae. Y con Dionisio no es la excepción. Flavio le pone el short de baño y marchan a la aventura. Cuando ve la piscina, llena de juguetes, se exalta y quiere meterse de inmediato. Y así, con la supervisión de su profesora, se zambulle a la cuenta de tres. Es impactante verlo cuando sale a flote. Su sonrisa se dibuja, se seca los ojitos y vuelve a meterse. “Siempre quise traerlo a natación, pero me dejé llevar por la gente que me decía que era muy chico, hasta que al final me decidí basándome en mi instinto y en una experiencia que viví, muy desafortunada, cuando en el circo de mis padres, en un pozo se cayó un nene al agua”, dice el coreógrafo consternado, recordando el trágico momento. “Es importantísimo que sepa nadar y ya aprendió a darse vuelta cuando se cae. Ellos aprenden de forma natural aunque sabe que a la pileta solito no se tiene que acercar, a pesar de que en casa tengo protección”.

Dionisio recorre la piscina de punta a punta, juega con sus manitos a salpicarse y mete la boca para soplar y hacer burbujitas. Después busca la aprobación del padre quien inmediatamente lo aplaude y lo estimula. “El no para. Le arden los ojos y sigue. No quiere salir de la pileta. Ahora que estamos en Carlos Paz, continuamos con los ejercicios en nuestra casa”. Flavio está feliz por dos importantes motivos: Su apuesta a la comedia Un Estreno o un Velorio”, es algo totalmente diferente a lo que venía haciendo en los últimos años, y tiene el sello Mendoza en la puesta coreográfica. Escrita por Marcos Carnevale, lo acompañan en el elenco Georgina Barbarossa, Betiana Blum, Daniel Aráoz, Nicolás Scarpino y un gran cuerpo de baile. Eso le permite continuar la rutina con Dionisio y con la ejercitación en la piscina de la residencia que alquilaron en la Villa. “Es súper despierto; seguro que será artista. Tiene esa locura y esa potencia irrefrenable. Quiere hacer todo y no le teme a nada. La energía de mi hijo es imparable. Es muy dominante. Dionisio es un toro”.

Padre e hijo se ven idénticos y hasta usan el mismo short de baño. “Los dos nos lookeamos igual. Me encanta y me divierte. Siempre me gustó eso del papá y el nene vestidos de la misma forma. Compro las mismas zapatillas y muchas veces la ropa. En realidad yo soy más niño que él”, asegura divertido.

Más allá de la anécdota, Flavio confiesa que de su hijo aprende mucho y lo llena de felicidad compartir cada momento. “El agua está presente  porque a pesar de que no soy un eximio nadador, entre `Extravaganza´ y el `Aqua Dance´, siempre tuvo mucho que ver con mi vida. No tengo dudas de que Dionisio es mi heredero del Aquadance. Además `agua´ es una de las palabra que más repite el nene. De hecho después de aprender a decir `papi´ dijo `agua´, y  es algo que le apasiona. Ya sea de una fuente, de una pileta o de la lluvia, a él lo atrapa”. El bailarín confiesa que cuando al nene le agarra algún berrinche la palabra mágica lo calma: “Cuando está inquieto le digo que mire el agua y, aunque no haya nada,  él inmediatamente busca a su alrededor y con eso se distrae y se tranquiliza”

Dionisio está exhausto, se le cierran los ojitos del cansancio. La natación lo agota pero sin embargo no quiere parar. Trata de despabilarse y continúa y, a pesar de que el padre le dice que tiene que salir, el niño insiste en quedarse. Finalmente logran sacarlo de la pileta. Lo envuelve en una toalla, lo levanta en brazos, le pone el chupete y ahí finalmente se entrega al descanso. “Ahora se toma la mamadera y se duerme una siestita, pero en  menos de una hora ya está revoloteando nuevamente.¡Se parece tanto a mi!”, concluye embelesado.

 

Por Leticia Pomo

FOTOS: Ernesto Pagés

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