Bárbara Lanata y Sara Stewart Brown (Federico de Bártolo/CARAS)
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Así es el vínculo de Sara Stewart Brown y Bárbara, la hija de Jorge Lanata y Andrea Rodríguez

Tras años de complicidad, viajes y domingos compartidos, la artista plástica y la fotógrafa llevan su lazo a un nuevo nivel: exponen por primera vez juntas en BADA y repasan su historia en exclusiva.

Hay familias que se construyen por vínculos de sangre y otras que nacen con el tiempo. La de Sara Stewart Brown (51) y Bárbara Lanata (37) pertenece a las dos categorías porque nació de una relación que las vinculó a través de Jorge Lanata, pero se sostuvo mucho más allá de esa pareja y terminó convirtiéndose en un lazo propio, íntimo y elegido.

Sara y Barbie se complementan a la perfección y comparten viajes, cine, y ahora también el arte.

Así es el vínculo de Sara Stewart Brown y Bárbara, la hija de Jorge Lanata y Andrea Rodríguez

Sara, “Kiwita” para los íntimos, es artista plástica y madre de Lola (21), la hija menor del periodista. Bárbara, hija mayor de Jorge y de Andrea Rodríguez (63), es fotógrafa y cineasta. Las dos encontraron en el arte una forma de mirar el mundo, aunque, como ellas mismas reconocen, sus lenguajes son diferentes.

Jorge fue, inevitablemente, el punto de partida de ese vínculo pero después de su separación de Sara, ellas siguieron compartiendo viajes, domingos, cine, teatro, comidas y la cotidianeidad. Sara lo define como familia, amistad y compañerismo. Ahora comparten también un espacio en BADA, la feria de arte que, este año, entre el 27 y el 30 de agosto, realiza su 14° edición en La Rural. Sara, que participa de la feria desde sus comienzos, alentó a Bárbara a que exhiba ahí sus trabajos. Tendrán stands separados, cada una con su obra, pero el verdadero proyecto en común es compartir un espacio desde un vínculo que hace tiempo dejó de necesitar explicaciones.

En diálogo exclusivo con CARAS, hablaron de sus proyectos y su historia compartida.

Jorge fue el puente entre Sara y Bárbara y el vínculo creció luego de la separación de Kiwi y su padre

—¿En qué momento sintieron que esa conexión pasó a convertirse en una elección?

SARA:Bárbara es parte de mi núcleo familiar, la vi crecer y es la hermana de mi hija. Cuando me separé de su papá seguimos haciendo viajes juntas. Cuando ella se fue a vivir a Nueva York dos años para estudiar fotografía, yo la visitaba porque la extrañaba.

BÁRBARA: —A Kiwi la conozco desde muy chiquita, así que llevamos años de compartir. Recuerdo un día, en el medio de la separación con mi papá, en el que habíamos salido nosotras solas y yo le dije que lo que peor me ponía de la situación era la posibilidad de perder el vínculo con ella. Por suerte eso no sucedió. Las dos encontramos en el arte y en la imagen una manera de expresarnos. Yo desde la fotografía y el cine y Sara desde la plástica.

—¿Qué tienen en común sus respectivas miradas y qué creen que las diferencia?

S: —Yo creo que estéticamente no tenemos nada que ver. A mí me encanta lo que hace Bar, su mirada, me gusta la fotografía.

B: —El arte de Kiwi la representa muy bien a ella y mis fotos muy bien a mí y por eso son muy distintos entre sí, ¡porque en el fondo somos el agua y el aceite! El arte de Kiwi es colorido, alegre y mis fotos son bucólicas y nostálgicas.

El arte las une en diferentes disciplinas y ambas participarán de la 14° edición de la feria de arte BADA.

—Sara, alguna vez dijiste que después de la separación con Jorge la relación amorosa se transformó en una unión de familia. ¿Cómo fue ese proceso?

S: —Sí, de familia, amistad, compañerismo y mucho respeto. Nos conocíamos demasiado, nos entendíamos y también había mucho afecto como para alejarnos sólo porque no queríamos estar más juntos.

—Bárbara: ¿Cómo viviste vos esa transformación y qué lugar ocupa hoy Sara en tu vida?

B:Yo lo viví de forma natural. No creo que porque una pareja se separe tenga que dejar de quererse o relacionarse. Siempre seguimos comiendo todos juntos los domingos, festejando cumpleaños, etc.

—Las dos conocieron de cerca a un hombre de enorme personalidad, muy expuesto y con una vida pública intensa. ¿Qué aprendieron de Jorge que hoy aparece en la mujer que cada una es?

S: —Lo conocí a mis 21, por lo que toda mi manera de ver el mundo está influenciada por él. Un poco en joda siempre lo saludaba para el Día del Maestro. El aprendizaje es que no me importe tanto la mirada de afuera, que no todo el mundo te va a querer y no lo podés manejar. También me contagió un poco de eso de vivir la vida sin proyectar. En una de las últimas charlas con él yo le dije “tengo que ser realista” y él respondió: “Usted no tiene que ser realista, tiene que ser artista, haga lo suyo”.

B: —Yo aprendí más por oposición, qué no hacer. Hay características que uno hereda. Por ejemplo, tenemos el mismo humor. Y después está lo que se aprende en base a lo que le tocó vivir. Ahí es donde aprendí a ser lo opuesto y soy muy ordenada, responsable, estoy pendiente de todos, soy re sana, etc. Creo que uno de los padres aprende cómo quiere ser y cómo no quiere ser.

Lola, la hija de Sara con el periodista, completa la unión familiar.

—Si tuvieran que elegir una imagen para contar la relación que construyeron entre ustedes, ¿cuál sería?

B: —Somos como una de esas películas sobre familias ensambladas en las que siempre surge un problema a resolver, pero todo termina bien porque, por encima de todo, prevalece el amor familiar.

—Después de tantos años de compartir una historia familiar, ahora también comparten un proyecto. ¿Qué significa transformar ese vínculo en algo creativo y propio?

S: —Nos respetamos mucho. Profesionalmente a veces nos consultamos y nos ayudamos. Yo hace un par de años retomé estudios de fotografía, que no hacía desde la facultad, y la consulté a Bar un montón de veces. A mí me gustaría mucho trabajar con ella.

B:Para mí BADA siempre fue un espacio de Kiwi porque está desde sus inicios. Fue a la primera a quien le consulté cuando me dieron ganas de estar y me está ayudando con el desarrollo de mi stand.

—Sara, fuiste vos quien la incentivó para que se presentara. ¿Cómo surgió la idea?

S: —Bar es una gran fotógrafa, con mucha sensibilidad, tiene toques de humor y hay algo de nostalgia en su trabajo. Una manera de incentivarla a seguir era que probara exponiendo y vendiendo sus obras.

—¿Cómo describirían el vínculo que tienen entre ustedes, qué significa la otra en sus vidas y qué comparten?

S: —Bárbara es reservada y seria para el afuera, pero abierta y divertida en la intimidad. Es transparente y tajante, no “caretea” nada. En ese sentido es franca y bestial para decir lo que piensa, como fue su padre. Somos muy distintas. Ella es responsable, ordenada, un poco la mamá de toda la familia. En común tenemos miles de cosas que tienen que ver con lo recreativo, viajes o intereses en cuanto al diseño, el arte y el cine.

B: —Kiwi es mi familia. La quiero mucho, estuvo acompañándome casi toda mi vida. Ya lo dije antes: somos el agua y el aceite y creo que nos complementamos. Yo soy muy mental y ella es puro corazón. En común tenemos mil cosas, desde la cotidianeidad familiar hasta los gustos de helado que pedimos.

Bárbara es la hija mayor del periodista con Andrea Rodríguez y Sara fue esposa de Jorge.

—Sara, después de tantas ediciones de BADA, ¿qué significa compartir ahora este espacio con Bárbara?

S:Yo vivo BADA como una oportunidad única y una gran experiencia, pero además considero que es una gran familia. Estoy feliz de que se haya sumado y pueda experimentarlo.

—Bárbara, ¿qué significa participar por primera vez en BADA?

B: —Un desafío. Me obligó a repasar el laburo de años que tenía guardadito y a elegir qué mostrar. Estaba medio alejada de la fotografía y del mundo del arte y BADA me abrió la puerta porque mi carrera de fotógrafa la hice en Nueva York y no conocía el mundo del arte en Buenos Aires.

Escucharlas es un placer, tal vez el proyecto que comparten todavía no tenga un nombre. Ni siquiera tienen un stand juntas. Pero hace tiempo construyeron algo mucho más difícil de definir que es una familia que no terminó cuando finalizó una pareja.

“¡Ya no me acuerdo de cómo era todo antes de Kiwi!”, dice Bárbara. Y Sara lo resume desde el otro lado del vínculo: “Vienen Lola, Bárbara, después todos los demás”.

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