Zaira Nara (INSTAGRAM/@zaira.nara)

Zaira Nara mostró su nuevo jardín: sustentable, sin césped y con tintes coloniales

La modelo apostó por un paisajismo naturalista que prioriza especies resistentes, materiales nobles y una arquitectura en armonía con el entorno costero.

Zaira Nara volvió a marcar agenda desde Punta del Este, pero esta vez no fue por un look ni por una escapada fashionista, sino por el jardín de su casa, un espacio que refleja una tendencia cada vez más fuerte en el mundo del diseño: exteriores sustentables, sin césped y pensados para convivir con el entorno natural. Lejos del clásico verde uniforme, la modelo apostó por un paisajismo de bajo mantenimiento que prioriza lo orgánico y reduce el consumo de agua, una decisión alineada con las nuevas búsquedas de la arquitectura costera contemporánea.

El comedor exterior suma sillas bistró de ratán, un clásico de inspiración francesa que aporta textura y elegancia relajada.

Zaira Nara y un jardín que redefine el lujo natural

El terreno conserva su base arenosa y se integra con la vegetación existente, donde los pinos —especies típicas del paisaje costero— no solo aportan sombra sino también privacidad. La propuesta se completa con gramíneas y arbustos resistentes, flora adaptada al suelo y al clima marítimo que refuerza el carácter naturalista del jardín. En lugar de imponer un diseño artificial, el proyecto parece trabajar con el paisaje original, respetando su identidad. Esta elección no es casual: hoy el paisajismo naturalista gana terreno frente al césped tradicional, especialmente en zonas de playa donde el clima invita a soluciones más resilientes.

El exterior combina geometría simple y materiales que dialogan con el paisaje costero.

La casa acompaña esa lógica con una estética que combina minimalismo y guiños coloniales. Las paredes blancas de acabado rústico dialogan con aberturas de madera y, sobre todo, con una sucesión de arcadas que suavizan la estructura y aportan carácter. Estos arcos, además de funcionar como recurso arquitectónico, recuerdan cierto aire mediterráneo. A esa narrativa se suman los faroles exteriores: luminarias de inspiración colonial, pero sin ornamentos excesivos, que actualizan el lenguaje clásico desde una mirada minimalista.

Postales del exterior de la casa de Zaira Nara, donde el jardín naturalista y las arcadas coloniales definen la estética.

Zaira Nara y la arquitectura que abraza el paisaje

La galería semicubierta, sostenida por columnas simples y protegida por una pérgola de troncos, genera un juego de luces y sombras que cambia a lo largo del día y suma profundidad visual a la fachada. Allí, el comedor exterior introduce un guiño clásico con las sillas bistró de ratán —también conocidas como French bistro chair o sillas tipo Thonet de exterior—, piezas livianas y elegantes que aportan textura y un aire europeo al conjunto. Su trama artesanal contrasta con la materialidad más rústica de la casa. En el corazón del jardín aparece la piscina de líneas rectas, rodeada por un deck de madera que introduce calidez frente a la paleta neutra dominante. Más que un gesto de lujo, se percibe como un punto de encuentro que prolonga la vida hacia el aire libre y confirma la importancia del exterior en las casas de descanso.

Otro detalle que define el espíritu del proyecto es la ausencia de límites rígidos entre interior y exterior. Las grandes aberturas permiten que la vegetación se cuele en las visuales y que la luz natural moldee los espacios. Sin excesos, el exterior de Zaira Nara sintetiza una idea cada vez más valorada: el verdadero lujo hoy no pasa por lo ornamental, sino por la conexión con la naturaleza. Su jardín, sustentable y sin césped, no solo responde a una tendencia, sino que propone una manera más consciente —y sofisticada— de habitar el paisaje.

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