viernes 29 de mayo del 2026

Cuando la mente se agota, el corazón también

La evidencia científica demuestra que el estrés crónico no afecta solamente el bienestar emocional. También impacta sobre el sistema cardiovascular y aumenta el riesgo de enfermedad. Por eso, y más, recuperar momentos de regulación es una necesidad para la salud integral. Galería de fotosGalería de fotos

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Cuando vivir cansados deja de ser “normal”.

Vivimos en una época en la que el cansancio se ha vuelto una respuesta habitual. Llegamos al final del día agotados, dormimos pero no descansamos, nos cuesta concentrarnos y sentimos que estamos permanentemente corriendo detrás de las obligaciones. Tanto, que muchas veces terminamos creyendo que vivir así es “normal”. Sin embargo, acostumbrarnos al agotamiento no significa que sea saludable.

El estrés es una respuesta natural del organismo. El problema aparece cuando ese estado de alerta deja de ser transitorio y se transforma en permanente.

Hoy no sólo enfrentamos las demandas cotidianas del trabajo, la crianza o las responsabilidades familiares. También convivimos con incertidumbre económica, cambios constantes, sobrecarga de información y preocupaciones que muchas veces exceden nuestro control. Y es importante saber, que nuestro cerebro no distingue entre un peligro físico real y una preocupación que nunca se apaga.

Por eso, cuando vivimos durante meses o años bajo presión, nuestro organismo mantiene activados sistemas biológicos preparados para responder a emergencias.

La ciencia denomina carga alostática al desgaste acumulado que experimenta el cuerpo al intentar adaptarse continuamente a las exigencias de la vida. Las consecuencias pueden manifestarse como ansiedad elevada, irritabilidad, insomnio, dificultades de concentración, fatiga persistente, tensión muscular o problemas digestivos. Y muchas veces, el impacto no termina ahí.

La salud mental y la salud física no son dos mundos separados. Somos un Soma integrado.

Hoy sabemos que el estrés crónico favorece procesos inflamatorios, altera la presión arterial, modifica hábitos de salud y aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Por eso, cuidar nuestra salud mental también es cuidar nuestro corazón real.

No se trata únicamente de sentirnos mejor emocionalmente. También se trata de proteger nuestra salud cardiovascular, prevenir enfermedades y mejorar nuestra calidad de vida a largo plazo.

Frente a este escenario, muchas personas creen que deberían eliminar todas las fuentes de estrés. Pero eso rara vez es posible. Lo que sí podemos hacer es aumentar nuestros momentos de recuperación. No siempre necesitamos más tiempo libre. Necesitamos más momentos de regulación: una caminata breve, una conversación significativa, escuchar música, respirar profundamente, leer unas páginas de un libro o compartir una comida sin pantallas, son ejemplos de pequeños espacios de descanso biológico.

Cada micro momento de calma es una oportunidad para reducir la carga alostática que acumulamos día tras día.

En tiempos complejos, cuidar nuestra salud no implica negar la realidad. Implica reconocer que existen factores externos que no podemos controlar y fortalecer aquellos recursos que sí dependen de nosotros.

Porque vivir en modo supervivencia puede parecer “normal”. Pero no es inocuo. Y recuperar espacios de bienestar no es un lujo: es una forma concreta de prevenir enfermedades y construir salud.

 

Milagros Tomich
Psicóloga Integral M.P. 54.847
[email protected]
@lic.milagrostomich

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