Dra. Luques, ¿cómo fueron los inicios en tu profesión?
Un libro de dos pesos me salvó la vida, dos veces. En mi familia las mujeres trabajaban desde niñas y estudiar no era una opción, pero a los 26 frente a una vidriera en La Plata encontré libros usados a dos pesos, era pobre y entré temblando. Uno me atrapó, la historia de María, una chica que moría de cáncer, sin saberlo estaba leyendo el preludio de mi propia vida porque nada es casualidad. Ese fue mi primer despertar: el mental. Terminé el secundario, ingresé a la facultad y me formé sin parar. Después llegó el cáncer y ahí comprendí que las enfermedades son emociones estancadas en el cuerpo, sanarme fue mi segundo despertar: el emocional. Desde ese lugar renuncié al Ministerio de Seguridad, armé consultorio en mi living y nunca más paré. Hoy, 70 casos de éxito y seis meses de Instagram después, revista Caras me convoca. Cuando te elegís, las cosas suceden, fluyen.
¿Cuáles son los servicios que brindas como profesional?
Ningún método existente abarcaba todos los planos del ser humano, entonces lo creé y lo llamé 4.2: dos etapas, cuatro planos. Primero entendés por qué te pasa lo que te pasa y entender alivia, después reprogramamos tu vida desde la raíz más profunda. Entre sesiones estoy presente todos los días, real, sin juicio, sin culpa. Cuando se van, se van libres.
¿Cuáles son sus diferenciales en el rubro?
Tu historia de fracaso es tu mayor diferencial, la mayoría le escapa y yo aprendí eso de la manera más cara. Mi diferencial nació de entender que no me enfermó lo que viví, sino vivirlo en soledad, ese no debería ser el precio de sanar. Desde ahí construí algo que la mayoría evita ofrecer: presencia real, asistencia diaria, espacio sin culpas ni juicio. Primero acompaño y después les enseño la independencia, así funciona la sanación verdadera. Todo lo que ofrezco nació de haberlo vivido. Soy mi primer caso de éxito y el más exigente.
Si tuvieras que iniciar de nuevo, ¿qué harías diferente?
Qué buena pregunta y qué diferente sería mi respuesta según cuándo me la hubieran hecho, porque hace unos años me sentía completamente víctima, convencida de que otros la tuvieron más fácil y de que si yo hubiera tenido más oportunidades todo habría sido distinto. ¿Y si lo que viviste no fue un obstáculo sino exactamente el camino? Con mi sanación fui comprendiendo eso, que cada decisión equivocada, cada herida, cada momento de soledad me permitieron descubrir mi poder interior. Hoy honro mi proceso entero porque soy la protagonista de mi vida. Y la tuya también puede serlo.
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