martes 17 de mayo del 2022

¿Cómo transitar un duelo?

Lic. Diana García Dilba. Psicóloga e Hipnoterapeuta.

CREDITO CARAS

El duelo es una de las experiencias más difíciles que puede vivenciar el ser humano.  Si bien lo más común es que el duelo se asocie a la muerte, también ocurre cuando sufrimos otro tipo de pérdidas como el final de una relación de pareja, de amistad u otras pérdidas relacionadas con proyectos personales que no logramos concretar.

Como definición sencilla podemos decir que el duelo es una respuesta emocional que se genera por la separación o pérdida irreversible de alguien o algo muy importante para nosotros.

Si bien es un proceso común para todos, algunas personas lamentablemente lo transitan con complicaciones, dando lugar a un duelo patológico. En estos casos, los síntomas se sostienen con gran persistencia e intensidad, lo cual trae consecuencias tales como la ruptura de la vida laboral, académica y/o social; predominan las estrategias de afrontamiento negativas (por ejemplo: persistencia de recuerdos pasados, preguntas sin respuesta en relación a la pérdida, falta de cuidado personal, pérdida de contacto social, exceso de consumo de alcohol y/u otras sustancias, abandono de actividades que eran de interés, etc). Si notás estos síntomas en vos, te sugiero acudir a un psicólogo/a para que te ayude en tu proceso. Si los notás en alguien cercano, lo podés ayudar con esta misma sugerencia.

Hoy abordaremos el duelo más usual, el duelo no patológico. Cada uno de nosotros pasaremos de un modo particular por una serie de etapas para alcanzar nuestra recuperación. Aclaro de antemano: no hay una manera predeterminada de pasar por las etapas, no son lineales. Hay quienes pasamos muy brevemente por alguna etapa en donde otros permanecen por meses y, tal vez, nos quedemos mucho tiempo en otra etapa que otros la vivencian sólo unas semanas. Inclusive podemos retroceder a etapas anteriores que ya pasamos, o ir y venir entre algunas de ellas, por ejemplo. Y todo esto está bien, ya que no hay una fórmula a seguir, sino que la forma de transitar un duelo no patológico tiene que ver con factores propios (cómo fue la pérdida, cercanía afectiva con la pérdida, personalidad, habilidades de afrontamiento, etc.).

Una gran referente sobre este tema es la Dra. Elizabeth Kübler-Ross, una psiquiatra suiza que trabajó toda su vida con enfermos terminales, asistiéndolos y ayudando a sus familias a enfrentar la pérdida de sus seres queridos. Te recomiendo cada uno de sus libros, mi favorito es “La rueda de la vida”.  Para Kübler-Ross existen 5 etapas en los duelos, las cuales se pueden pensar como reacciones que experimentamos frente a la pérdida sufrida. Otros autores proponen otras etapas (cada maestrito con su librito) pero a mí me gusta trabajar con estas 5 porque son bien claras y sencillas de identificar para mis pacientes. Nos ayudan a enmarcar el duelo, identificar lo que sentimos y aprender a aceptar la pérdida. Te detallo cada etapa (utilizo ejemplos de un duelo por fallecimiento de un ser querido, pero lo podés pensar en función de cualquier separación o pérdida irreversible):

1. Negación

La persona no acepta la realidad. La negación actúa como un mecanismo de defensa que permite reducir la ansiedad del momento.  No significa que la persona no sepa que el ser querido ha muerto, pero no logra comprender que no va a volver nunca más. 

La realidad es demasiado excesiva para el psiquismo.  La negación nos posibilita dosificar el dolor de la pérdida, obteniendo un breve alivio momentáneo. Es la manera que tiene la naturaleza de dejar entrar solamente lo que somos capaces de tolerar. Muchas veces, dejar entrar de golpe todos los sentimientos asociados a la pérdida sería algo tremendamente abrumador. Creerlo todo en esta etapa…sería excesivo.

 

2. Ira

La ira es una reacción natural a la injusticia sentida por la pérdida.

La gran tristeza que ocasiona el duelo puede conducir a que sintamos ira y busquemos culpables por ello, por ejemplo: ira contra el ser querido por no haberse cuidado mejor o ira contra nosotros mismos por no haber cuidado mejor de él.

La ira no tiene límite…puede extenderse a la familia, amigos, médicos, hasta podemos sentir ira con Dios.  Necesitamos respetar la ira, no juzgarla, permitirnos sentirla tal como aparece. Lo mismo si tenemos alguien cercano en esta etapa: no tratemos de hacerlo razonar, calmarlo, sofocar la ira que nos molesta tanto. Sólo contribuiremos a que se aísle más y se sienta culpable por sentir algo “indebido”.

 

3 – Negociación

La fase de negociación (no confundir con la etapa 1 que es negación) puede suceder antes de la pérdida (por ejemplo, en caso de tener a un ser querido con una enfermedad terminal) o después del fallecimiento, para intentar negociar el dolor que sentimos. Buscamos hacer un trato con Dios u otro poder superior para que nuestro ser querido regrese a la vida, ofreciendo algo a cambio de ello. Este mecanismo de defensa actúa para protegernos de la dolorosa realidad que vivenciamos, aunque -obviamente- no ofrece una solución real y puede conducirnos a sentir culpa, interfiriendo en el proceso curativo.

En esta etapa concentramos gran parte del tiempo pensando en lo que otros o nosotros podríamos haber hecho diferente para evitar la muerte de nuestro ser querido. Deseamos fervorosamente negociar para que el tiempo vuelva atrás… y así evitar el accidente o detectar la enfermedad antes que los médicos, etc.

La frase que nos carcome es “¿Qué hubiera sucedido si…?”

 

4 - Depresión

El impacto que ocasiona el duelo puede generarnos una enorme tristeza y una crisis muy dolorosa al darnos cuenta de que ya no podremos volver a ver a la persona fallecida. Si bien los síntomas son muy parecidos a los del trastorno depresivo, cuando se produce la aceptación de la situación, la sintomatología remite. 

En este periodo, comenzamos a asumir de forma definitiva la realidad de la pérdida, y esto nos genera sentimientos de tristeza y de desesperanza. Podemos también aislarnos socialmente y/o experimentar falta de motivación.

 

5 - Aceptación

Esta etapa sucede cuando logramos aceptar la situación de pérdida irreversible. Ocurrirá más tarde o más temprano de acuerdo a los recursos que cada uno tenemos.

La aceptación consiste en ser conscientes de todo lo que hemos perdido y en aprender a vivir con dicha pérdida. Es un proceso que experimentamos, no una etapa final con un punto final.

Aceptar puede ser, ni más ni menos, que tener más días buenos que malos.  Empezamos, de a poco y paso a paso, a vivir de nuevo (y no tan sólo sobrevivir), pero no podemos hacerlo hasta que no le hayamos dedicado el tiempo correspondiente al proceso de duelo. En resumen: necesitamos dedicarnos tiempo a nosotros mismos para que cicatricen nuestras heridas y, de ser posible, que ese tremendo dolor… no duela más.

Lic. Diana García Dilba

Psicóloga e Hipnoterapeuta

 

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