¿En qué momento sentiste que querías construir una propuesta propia dentro de un universo tan tradicional como el vitivinícola?
Si bien venimos de una tradición familiar siendo la cuarta generación, sentíamos que había llegado el momento de transferir todo el conocimiento y la experiencia de nuestros antepasados en algo completamente nuevo. No buscábamos comunicar diferente, sino ser una marca que no se compara con ninguna otra: una experiencia propia desde la primera mirada. Por eso empezamos a explorar y a desarrollar una propuesta que tuviera que ver más con la gente que todavía no era parte de este mundo, con cautivar a un público que aún no se sentía incluido en él. Nuestro punto de partida fue construir algo que dijera 'esto también es tuyo'. Sin etiquetas, sin género, sin disculpas.

Bendito Pecado tiene una fuerte impronta estética, casi artística. ¿Cómo nace esa decisión y qué buscás transmitir con el diseño?
Desde el principio tuvimos claro que la identidad visual tenía que ser tan potente como lo que hay adentro de cada botella. El mundo del vino tiene una historia larga de etiquetas pensadas para impresionar, distantes, casi inaccesibles. Nosotros quisimos lo contrario: diseños que provoquen, que cuenten una historia, que inviten. La calavera con flores de Bendito Pecado representa dualidad: la vida y la belleza conviviendo en el mismo espacio. Los siete pecados capitales en la etiqueta no son decoración, son un mensaje claro: disfrutar con moderación, darse un gusto, saborear el momento, no tiene nada de malo. Cada línea tiene su propio universo: Así Como Soy con su jaguar y su paleta neón representa libertad total, sin etiquetas ni género; Alma Roja tiene una identidad más terrenal y cálida. Lo que buscamos transmitir en las tres es lo mismo: que esto es para todos y que puede ser bello y disruptivo al mismo tiempo.
¿Cómo influye tu historia familiar ligada al mundo del vino en la creación de tus vinos?
Crecer dentro de una familia con tanto recorrido en este mundo es una responsabilidad hermosa. Mis abuelos le transmitieron a mi padre, y él a nosotros, una forma de entender el vino que va mucho más allá de lo técnico: es una manera de vivir, de relacionarse, de valorar lo que se hace con dedicación. Ese legado es algo que cargamos con orgullo. Pero también entendimos que honrar la historia no significa repetirla, sino encontrar la manera de llevarla hacia adelante con ideas nuevas, con una mirada fresca, con el coraje de hacer las cosas diferente. Bendito Pecado es exactamente eso: el pasado y el presente hablando en el mismo idioma.
¿Cómo es el proceso creativo detrás de cada etiqueta o concepto de la línea?
El impulso inicial vino de mi mamá, Rosana. Ella fue quien empujó con más fuerza la idea de hacer algo distinto, de no repetir lo que ya existe, de animarse a etiquetas que realmente rompan con lo establecido. Esa energía fue el punto de partida. A partir de ahí el proceso es muy orgánico: arranca con una idea, una sensación, algo que queremos transmitir, y de ahí se construye todo el universo visual de cada línea. Cada una tiene su propio personaje, su paleta, su tipografía, su historia. El resultado tiene que poder leerse desde el otro lado de la góndola y, al mismo tiempo, tener capas para quien se detiene a mirarlo de cerca.
En un mercado tan competitivo, ¿qué hace que Bendito Pecado Wines tenga una identidad diferente?
Bendito Pecado no habla de esto como si fuera un club exclusivo. El manifiesto de la marca lo dice claro: el vino no tiene etiquetas, no tiene género, es para quien lo elige, como es, sin disculpas. Eso se refleja en cada botella: en el arte de la etiqueta, en el tono con el que nos comunicamos, en el tipo de personas que convocamos. No buscamos impresionar, buscamos conectar. Y esa honestidad, en un mercado lleno de poses, es lo que nos hace diferentes.
¿Con qué variedades de uva trabajan y qué buscás expresar a través de cada una?
Trabajamos con tres varietales distribuidos en nuestras tres líneas: Malbec, Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc. El Malbec es el corazón del portfolio: en Bendito Pecado aparece con paso por roble francés, concentrado, con notas de chocolate, tabaco y frutos rojos, y un final largo que lo hace memorable. En Así Como Soy lo trabajamos como tinto joven, violáceo, fresco y muy frutal, con aromas a guinda y frambuesas en su máxima expresión. Y en Alma Roja lo mostramos con un toque de madera más suave, de entrada amable, redondo y accesible. El Cabernet Sauvignon de Bendito Pecado es intenso y estructurado, con ese carácter a pimiento que define al varietal y una boca aterciopelada que sorprende. El Sauvignon Blanc de Así Como Soy es fresco, cítrico y muy expresivo: ideal para quienes buscan algo diferente dentro del portfolio. Todos nacen en Vista Flores, Valle de Uco, a 1050 metros de altura, con cosecha manual y producción limitada. Eso se siente en la copa.
“La única obra de arte que se puede beber.“
Marca: Bendito Pecado Wines · Familia Carricondo
Instagram: @benditopecadowines
Origen: Vista Flores, Valle de Uco, Mendoza, Argentina
Bodega: INV N° B73481 — Bodega FLP · Elaboración: Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza
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