lunes 16 de diciembre de 2019
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CELEBRIDADES | 01-03-2019 20:05

Natalia Oreiro habló de su relación con Ricardo Mollo, la infidelidad y el poliamor

En una entrevista íntima con Héctor Maugeri, la actriz y cantante se confiesa: "Soy un alma libre" Galería de fotos

TOMA UNO. Enfrenta al sol, naranja y rojizo, que se despide dejando un sinfín de colores en un horizonte que parece eterno. Levanta los brazos, como si se tratara de una danza silenciosa, y se conecta con una música interior que le permite desplegar su propia melodía en un oasis de aire puro y cielo celeste. El poder de la naturaleza se alza en su santuario de rocas que cuentan con su propia historia en donde las formas recrean figuras inolvidables. El viento se detiene, casi de manera milagrosa, y los remolinos de arcilla junto a los guanacos, se esconden para que Natalia Oreiro explore el milagro de El Valle de La Luna, situado en el extremo norte de la provincia de San Juan, en el Departamento Valle Fértil, donde se expone al descubierto todo el período triásico con formaciones geológicas que datan de una antigüedad de 250 millones de años.


—¿En qué lugar siente que se encuentra ubicada frente a la vida y su propio crecimiento personal?
—En la búsqueda interior, en la búsqueda de mi esencia. En sentir que no me quiero traicionar.


—¿Se traicionó muchas veces?
—El mundo esta lleno de tentaciones. Cuando llegué del Uruguay todo me deslumbraba, era más de lo había imaginado y todo era un sí. A medida que fui pudiendo elegir y conocerme más fui sintiéndome más cómoda. La construcción de la mujer que quiero ser, hoy, pasa por lo personal, mientras que de pequeña, sólo estaba concentrada en lo profesional. Cuando me he traicionado fueron en los momentos que no he seguido mi intuición. Siempre he tenido muy claro cual era mi norte. Y siempre fui un alma libre. Las veces que me dejé convencer fueron las veces en las que me he sentido traicionada. Mi intuición siempre fue mi guía. Siempre fui una persona de ganas y de hacer mucho. Hoy, sólo hay ciertas cosas que tengo ganas de hacer. Otras, ya no me sorprenden.


—¿Qué tiene ganas de hacer?      ¿Qué la motiva?
—Tengo más ganas de quedarme quieta que de correr. De chica era un caballo desbocado e iba para adelante. Seguramente tenga que ver con la edad, con la mutación, con el ritmo normal de una mujer que va creciendo y se va cansando. Tiene que ver con la búsqueda de mi propia paz interior.


—¿De poder escucharse y estar en silencio?
—Sí, y dejar de escuchar tanto barullo. Empecé a necesitar lugares, dentro de la profesión, silenciosos. Y esto es muy difícil de encontrar. A pesar de que sigo siendo un cascabel, no me interesa hacer un ruido vacío y sin contenido. Por eso creo que en un punto, me voy quedado un poco afuera de ciertas corrientes por donde pasan las cosas.


—¿Usted habla de quedarse fuera del sistema que propone la industria del espectáculo?
—Es que yo no pertenezco al sistema. Y nunca pertenecí.


—¿Cómo es eso?
—Cada vez que el sistema me puso en un lugar yo me corrí casi al instante. Siempre fui como un bicho extraño. Siempre supe lo que quería hacer, mas allá del éxito y el reconocimiento internacional. Si algo defendí, anteponiendo toda propuesta tentadora, fue mi libertad. Y la libertad tiene un precio. El riesgo es convertirte en lo que quieren los otros: Ser una caricatura de vos…Y jamás lo hice. Siempre tuve mucho carácter. Y nadie pudo controlarme…Comprendí que necesito detenerme, invernar en mí, para poder observar y dar el paso que quiero dar.


—¿Alguna vez el dinero influyó en sus decisiones profesionales?
—No, el dinero siempre fue parte de un reconocimiento a mi trabajo, a mi esfuerzo, a mi superación, y un simple medio para conseguir ciertas cosas. A mí me encanta la arquitectura. Por ser Taurina, la casa es algo que está ligado al crecimiento y al progreso. Me gustan las antigüedades, compro pisos o vanitories antiguos…Soy una apasionada y una admiradora de lo artesanal. Para mí algo construido con las manos tiene mucho más valor que un objeto logrado digitalmente. En las ferias de artesanías ya me conocen tanto como en San Telmo. Lo distinto, lo diferente de una antigüedad es muy difícil de conseguir.


—Hablaba de antigüedades y pensaba sino se reconoce una mujer con un alma antigua...
—Si, absolutamente. Desde siempre. Pensá que a mis 20 años me mudé a una casa de 1887 que compré con mis ahorros. De algún lado me viene esta pasión. Pero también encuentro la belleza en las cosas más simples, en eso la filosofía oriental es muy sabia.


—¿A qué se refiere con encontrar la belleza en la simpleza?
—Encontrar la belleza en el silencio, en la Naturaleza. Muchas veces he calculado mi cachet profesional en cuantos árboles puedo plantar en mi campito del Uruguay. Y eso me hace feliz. No me siento ajena al medio del cine y la televisión, pero al mismo tiempo, soy como una outsider. Si vos me invitás a una gala de CARAS yo me preparo con un mes de anticipación, lo disfruto, pienso en el diseño del vestido que voy a lucir, en el maquillaje, peinado, pero después, me despojo de todo y soy una hippie. Cuando camino una red carpet tengo la mirada de una nena que se disfrazó para cumplir su sueño. Pero los momentos de paz y simpleza los encuentro cuando estoy con mi hijo, cuando le leo un cuento a la noche, cuando juntos les damos de comer a los peces en el pequeño estanque que tenemos en casa. También cuando estamos juntos en la huerta, cuando vemos crecer las zanahorias o vamos a dar una vuelta en bicicleta.  Ata decidió a los dos años cambiarse el nombre. Me dijo que Merlín era un nombre de bebé y que él ya era grande. A partir de ese momento lo empezamos a llamar Atahualpa.


—¿Cómo es Atahualpa?¿ Cómo lo ve crecer?
—Ata es un niño hermoso. Físicamente es muy parecido a mí pero tiene la personalidad de su papá.


—¿Podría explicar esa mixtura?
—Ricardo es una persona muy tranquila y silenciosa. Ata es muy charleta, siempre esta preguntando, pero tiene mucho humor y le gusta hacer chistes. Le apasiona todo lo que es manual, él tiene con su papá un pequeño taller de carpintería en la casa. También va a un  taller de arte a pintar, a hacer lo que le gusta. Con el papá hacen guitarras…tienen una conexión maravillosa. Ricardo esta mucho con Ata. Y se disfrutan.


—¿Sigue siendo tan meticulosa en cuanto a la alimentación que recibe su hijo?
—Tanto el padre como yo tratamos de brindarle a Ata un montón de sabores diferentes, alimentos sanos, que sean sanos para su salud pero tampoco lo estigmatizamos. Si él va a un cumpleaños o a la casa de un amigo, que coma lo que haya. El tiene la liberad de comer lo que quiere. Pero Ata ha desarrollado su propio paladar. Come mucho pescado, mucha verdura, también carne. Toma leche de almendras pero también toma chocolatada con sus amigos. Gaseosas no. Dulces, no come mucho, la dulcera soy yo. Ata no es caprichoso. Y no tengo un hijo perfecto, pero tengo un hijo que es hermoso, que es libre y es él. Los hijos toman lo que uno les da. Son esponjas. Entonces, en nuestro caso, no es que Ata tiene prohibido hacer algo, él disfruta de hacer otras cosas, corre, le gusta la vida al aire libre. Siempre tratamos de acompañarlo, de estar presente, el papá o yo. Tenemos a Blanquita, que nos ayuda, que es como su abuela, pero Ata no tiene niñera. Esto es lo que construyo y disfruto..


—¿Le molesta a Ata que su mamá sea Natalia Oreiro?
—Sólo cuando me piden fotos. Yo vivo la vida muy naturalmente, ando en bicicleta, voy al super, al cine, pero cuando estoy con él protejo su espacio…


—¿Y con respecto a las redes sociales, los jueguitos en la play y la televisión?
—Una vez leí una leyenda que me gusto mucho. Una madre le dice a su hijo: “Ten cuidado por donde caminás…”Y el hijo le responde:  “No te olvides que yo sigo tus pasos…” Ata no juega con el teléfono ni me lo pide. Porque le damos otras opciones que le interesan mucho más, su taller de carpintería, por ejemplo, o aprender a andar a caballo. Yo no digo que mi camino es el que vale. Es el que intento construir. No es que dejo a mi hijo fuera de la tecnología, sólo elijo que mi hijo elija oficios en lugar de computación. No está bien ni está mal. Es mi realidad. ¿Si mira televisión? Sólo documentales…


TOMA DOS. En una de las paradas del Parque Provincial Ischigualasto, una geoforma encabeza la escenografía más imponente. Enorme, etéreo e imponiendo respeto, El Hongo,  parece abrazar a nuestra protagonista que por primera vez se deja seducir por la omnipresencia de la roca erosionada por el agua y el viento. Sólo una seda colorada se desprende de su propio vestido como una prolongación de esta danza que se inició antes de la caída del sol. Natalia y el Universo.


—¿Cree en el poder del Universo?
—Sí, también en el agradecimiento y en el karma.


—¿En la vida todo vuelve y todo se paga?
—Sí, creo en la transparencia, en la honestidad. No especulo ni soy laberíntica. Me importa ser verdadera. Y no espero que todo el mundo me quiera. Buscar la paz interior es un trabajo constante.


—¿Acepta su cuerpo?
—Sí, sí, es lo que hay. (Se ríe)


—¿Padece el paso del tiempo, las celulitis…?
—No es que me moleste, pero que voy a hacer…La vida viene con eso. Pareciera que el mundo ideal es sin arrugas, pero yo, como actriz, necesito de mis arrugas para expresar sentimientos.


—¿Sigue tan adicta a los chocolates como siempre?
—Sí, obvio. No puedo parar. Me genera felicidad. No sé cuantos me como por día, pero generalmente, los fines de semana tengo atracones. Quedo atorada. ¿Si me cuido en las comidas? Nunca fui flaca, siempre tuve curvas. Una chica con piernas, con cola…Sólo me cuido si tengo que hacer un personaje determinado. Cuando filmé “Gilda” tuve que adelgazar 7 kilos y probablemente este año vuelva a bajar por otra película.


—Mollo tiene dos hijas, Azul, de 36 años, con una beba, Lola, de dos años y medio, y Martina, de 36. Usted,a los 41, es madrastra y medio abuela. ¿Cuál es la mayor virtud que tiene su marido para conectarse con sus hijas mayores, su nieta y su hijo de 7, entendiendo que se trata de un hombre de 61 años?
—Ricardo es un hombre muy luminoso. Nosotros nos encontramos en la vida, nos enamoramos, y definitivamente, él es el amor de mi vida. Un ser maravilloso, centrado, generoso, divertido, me calma, me acompaña…Para mí no pasaron 18 años de convivencia. Somos apasionados. Y él es un gran compañero. Mirá, yo confío mucho en mí, pero creo que él confía mucho más en mí que yo. El me enseña, me ayuda a seguir adelante, me acompaña…


—¿En estos intensos 18 años de amor, la pareja atravesó crisis?
—Ricardo es un ser muy centrado, pero sí, como todas relaciones, hemos tenido desencuentros y creo que tuvieron que ver con mi personalidad de caballo desbocado. Creo que mi exceso de trabajo, de estar conectada las 24 horas con una película, una tira o los conciertos, por momentos, han desestabilizado nuestra relación.


—¿Alguna vez tomaron distancia y se separaron?
—Nunca. El es una persona altamente tolerante conmigo. Para mí él es perfecto, y yo muy imperfecta. Es mi amor, pero además, un ser superior.


—¿A pesar de los años de estar juntos, la sigue seduciendo y conquistando en el día a día?
—Sí, Ricardo es un hombre muy cariñoso y muy romántico. Muy compañero. Es inexplicable…(De pronto Natalia se conmueve. Se le quiebra la voz. )


—¿Por qué se emociona y se le llenan los ojos de lágrimas? ¿Por el milagro del amor?
—No lo pienso en esos términos, pero me hablás del milagro del amor a través del tiempo y me conmueve. Ricardo es mi gran hombre. Y sí, en un punto me siento agradecida.


—Alguna vez comentó que no creía en la infidelidad…
—Creo en la traición. Cada pareja es un mundo y cada uno transita esa relación de diferentes formas. No generalizo.


—¿Comparte las tendencias millennials del poliamor, de la pansexualidad…?
—A mí me parece fantástico la libertad de todo tipo de elección. No soy prejuiciosa. Celebro las libertades con todas sus libertades.


—Y en su relación, ¿Se permite las libertades?
—Cada pareja tiene sus libertades. Que yo me vaya a trabajar durante dos meses al exterior, habla de una confianza absoluta y eso, para mí, es libertad. Ahora, si vos te referís específicamente a lo sexual, no creo que sea lo más importante en una relación. Deberíamos estar en un plano superior a eso.


—Si se enterara que su marido tiene un vínculo con otra mujer ¿ Le molestaría?
—Si me enterara por otro, me dolería muchísimo, pero si me enterara por él, lo hablaría, sí claro.


—¿Usted es consciente de las fantasías que le provoca a los  hombres?
—No tengo idea, y lo digo en serio. No se me acercan ni tengo redes sociales. En ese sentido soy bastante ingenua. Estoy tan completa que no hay ni existe nada que me llame la atención.


—¿Usted pondría en riesgo su pareja por otro hombre?
—Nunca pondría en riesgo mi pareja por una calentura.  


—¿No se le aceran hombres para proponerle todo tipo de fantasías?
—¿Pero vos crees que a Ricardo no se le acercan mujeres? ¿Vos pensás que yo puedo ser tan ilusa de creer que él no tiene cientos de posibilidades? Pero para mí, no pasa por ahí, lo mío pasa por una conexión mucho más profunda, de tener juntos la misma visión del mundo, querer la felicidad del otro, construir un lugar para nuestro hijo y ser un triángulo de amor poderoso.


—¿Siempre fue de parejas estables?
—Sí.


—Aunque haya atravesado su época de muñeca brava…
—No sé, no la recuerdo… (Se ríe con picardía)


—¿Qué le inspira una mujer?
—Valentía, como encontrar las palabras en un momento tan sensible. Creo que la mujer, en sí misma, tiene un poder de resilencia, de volver, de reconvertirse, y de salir adelante que viene como ancestralmente. La mujer tiene ese potencial de hacer muchas cosas al mismo tiempo y no darse por vencida. Atravesar momentos límites y continuar. El hombre también tiene esa posibilidad pero la mujer tiene esa mirada más amplia, una mirada mucho más integral. Los libros de la historia lo escribieron los hombres, pero la historia fue construida a la par. Lo que pasa hoy es lo que escribió Eduardo Galeano en su poema “El miedo del hombre a la mujer sin miedo…”


—¿Los hombres le dicen cosas lindas en la calle o le tienen miedo?
—Siempre me han dicho cosas hermosas, y cuando no fue así, les he contestado. No me callo.


—¿Supo poner límites como mujer en su profesión?
—Nunca me callé, cuando llegué del Uruguay y empecé a trabajar en la televisión me decían “Chapa”o “Pava”, porque cuando algo no me gustaba me calentaba y contestaba a cualquiera.


—¿Alguna vez un galán de telenovela fue mucho más allá que un simple beso de ficción?
—Me pasó hace miles de años que un par de tontos se hicieron los vivos y no sabés como los puse en caja. Uno me metió la lengua y se la mordí.


—¿Qué otras cosas le inspiran la mujer de hoy?
—Respeto mucho a las madres solteras…a las mujeres viudas que han salido adelante solas y sosteniendo a sus hijos. Me conmueve. Creo que las mujeres tienen que luchar por sus derechos. Nadie puede decidir por vos y marcarte el camino. Tu moral no tiene por qué ser la misma que la mía y vos no tenés que meterte con mi privacidad. Como mujer tengo que agradecer a mis padres. Ellos siempre me dieron mucha libertad. Yo me vine a vivir sola a Buenos Aires a los 16 años. Y no porque mis padres no se preocuparan por mí. Ellos entendieron cual era mi camino. Otro quizás hubiera sido mi destino si mis padres no me hubieran permitido hacer lo que hice.


—¿La mujer le inspira sensualidad?
—Si, y a cualquier edad me inspira sensualidad, erotismo y ternura.


—¿Mucho más que el hombre?
—Depende el hombre (Se ríe), pero me parece más sensual la mujer.


—¿Prefiere el cuerpo del hombre o de la mujer?
—El de la mujer, por sus curvas…Yo creo haber nacido en la época del Renacimiento. Porque me gusta la mujer voluptuosa…


—¿Y el latex y el sadomasoquismo?
—No, eso ya fue. Estoy medio pachorra con eso…(Vuelve a decirlo con risas)


—¿Ya no usa más el latigo…?
Era un personaje, fue durante la época que lance el disco “Tu Veneno”.Ahora que estoy armando la nueva gira por Rusia estoy más galáctica. Será que el latex ya no me queda tan lindo…(Se ríe con cierta complicidad)


—”Si me queres retener, me perdes…”
—Eso lo dije yo. Y sí, sigo pensando lo mismo. Las cosas son y el universo dispone.


—¿Mantiene buenos vínculos con sus ex parejas?
—No tuve muchas parejas, pero a Pablo (Echarri) lo quiero mucho. También a su familia.


—¿No han tenido la oportunidad de ser amigos, a pesar de que cada uno armó su propia familia?
—Me hubiera encantado ser su amiga. Cuando nos encontramos siempre fue de una manera muy relajada. Le presenté a mi hijo, cuando falleció su papá fuimos a despedirlo con Ricardo. Estuve con Telma, su madre, a quien quiero un montón. Pero no, no somos amigos.


—Debe ser la única mujer en el universo que aceptó cenar con Luis Miguel en la suite del hotel y terminaron tirándose almohadas y no durmieron juntos…
—Ni en pedo, por favor. (Se ríe a carcajadas) El me llamó gracias a una tapa de CARAS para hacer un videoclip. Yo era muy chica, le canté en la suite pero te juro que no paso nada. Es más, el manager me invitó a ver su concierto y me quedé dormida. (Risas)


—”Siempre me sentí atraída por el sexo femenino”, confesó en el libro Divas.Sí, porque puedo ver la belleza de una mujer. Alguna vez le propuso una mujer tener un vínculo profundo?


—Cuando era chica iba a un boliche que se llamaba “Ave Porco”, muy cerca del Centro Cultural Rojas, donde estudiaba teatro, y allí muchas mujeres se me acercaron. (Risueña y pícara)


—“Mi sueño es vivir en el campo..” ¿Sigue pensando en este deseo para su vida?
—De chica quería vivir en una isla, con espacios abiertos y mucho verde. Sólo que cuando tenés un hijo tenés una necesidad más real de no estar tan aislado. De todas maneras, he logrado la manera de compensarlo. Vivo en un lugar con mucho verde, árboles, una huerta y un estanque con peces, pero también muy cerca de la Capital. Por el momento, es un buen balance entre mi sueño de siempre y la realidad.


—¿Tiene ganas de tener otro hijo?
—No. Siempre estuve convencida de eso. No deseo otro hijo. Me encanta ser la mamá sólo de Atahualpa.
 TOMA TRES. El sol se despide de una tarde épica. La bandera argentina, como símbolo nacional, unifica a todas las provincias y sus geografías. Ella posará para el fotógrafo hasta que el último rayo de luz recorte sus curvas. Mientras tanto, Las Barrancas Coloradas, ofician de telón para este glorioso final.
 

 

Por Hector Maugeri

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