Siete meses atrás su futuro era incierto. Es más, parecía que el mundo de Cinthia Fernández (26) se derrumbaba por completo. Madre de las gemelas Charis y Bella (1 año y 8 meses), acababa de tener a su tercera hija, Francesca (siete meses) y luchaba por recuperar al padre de sus hijas, el futbolista Matías Defederico (26). En ese momento, si bien el jugador participaba de la crianza de las nenas, estaba alejado de ella y Cinthia sólo encontraba consuelo en sus niñas y lloraba todo el día. Hoy la historia giró 180 grados y el presente de Cinthia está lleno de proyectos y felicidad.
Con amor, dedicación y una gran vocación de madre, reconquistó a su pareja. Juntos revivieron el amor que los llevó a ser padres, se mudaron “para empezar de cero” y debieron superar obstáculos a la distancia. Defederico hace unos meses jugaba en Dubai y cuando Cinthia viajó con sus hijas sufrió todo tipo de complicaciones por no estar casada con él. “Fueron tiempos duros. Son leyes muy diferentes las de allá y no teníamos cobertura médica, nos miraban raro. Nos pasó de todo . Pero Mati volvió (hasta hace unos días fue jugador de Nueva Chicago) y seguimos adelante porque nos amamos y queremos tener la familia que siempre soñamos”, relata Cinthia, quien está sentada en el mismo sillón donde a comienzos de año lloraba sin parar.
A pesar de su participación en “Bailando por un Sueño” y del tiempo que le consumen los ensayos, Fernández pasa casi todo el día con Charis, Bella y Francesca. Su casa como ella cuenta, funciona como un autoservicio: “Acá el que quiere algo viene y se sirve. Yo soy muy educada y no me gusta ser descortés, pero vivimos atrás de las nenas”, cuenta. Y es la verdad, Cinthia es la que se ocupa de alimentarlas, hace la comida, prepara mamaderas, las baña, las duerme y, cuando puede, duerme ella. Cuenta con la ayuda de su madre, siempre presente, y una babysitter, pero prefiere ser ella la que se ocupa de todo.
Durante la entrevista con CARAS, mientras Francesca disfruta de su siesta, Bella se las ingenia para manotear todo lo que encuentra a su paso: carteras, billeteras, bolsos, comida. Es un terremoto. Charis, sin embargo, está agarrada a su madre y come una porción de torta. En un momento, la arroja al piso y el enojo de mamá no tarda en llegar. Cinthia la baja, con tono firme le dice que hacer eso es de mala educación y le reitera una y otra vez que las cosas no se tiran. Charis la mira con sus grandes ojos, no mueve ni un músculo y atentamente obedece a su madre. Durante la tarde no volverá a tirar nada. “Si no me pongo firme me pasan por arriba”, explica ella.
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