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25/04/2016

Actualidad

Nelson Castro: apasionado, íntimo y revelador

“Me hubiera encantado tener hijos, pero no se dio”.

Como un inalterable escudo de nobleza, su cultivado bajo perfil lo preserva de los efectos colaterales de la popularidad. CARAS ingresa a su casa de Villa Urquiza ostentando el privilegio de la confianza, ya que no muchos medios entraron a este “templo de intimidad” tan resguardado de las luces de las cámaras. Nelson Castro nos recibe con los modales de un caballero antiguo y la calidez del simple vecino de un barrio en el que se crió.
No hay demasiada diferencia entre “el personaje” de la tele y el anfitrión que nos prepara un cortado en su cocina. La sobriedad que lo caracteriza en cada gesto mediático también es su sello durante el “off the record”. Trabaja 15 horas por día, por eso reconoce que tiene algo de workaholic, pero que es algo que no “le pesa”.“El trabajo es una fuente de energía que me ayuda a hacer las otras cosas que me gustan”, confiesa el conductor de “La Mirada Despierta” en radio Continental, y del noticiero de 18:00 a 21:00 horas y del programa “El Juego Limpio”, en TN. Además, su último libro “Secreto de Estado: La Verdad sobre la Salud de Cristina Fernández de Kirchner”, está en la lista de los más vendidos.
A pesar de tanta actividad profesional, Nelson Castro asegura que sabe cómo “desenchufarse” para abocarse a sus otras pasiones, como tocar el piano Steinway modelo 1950, que tiene desde hace 15 años.

—¿La música es más que un pasatiempo?
—Es una pasión, ya que estuve a punto de desarrollar una carrera. A los 18 años tuve la oportunidad de ingresar al Teatro Colón para estudiar dirección de orquesta, pero me exigía una carga de tiempo que me hacía imposible desarrollar mis otras profesiones, como el periodismo y la medicina (Nelson es médico especialista en Neurología). La música quedó para algo amateur, pero la realizo con mucho rigor y placer. ¡Y ahora retomé la inquietud de estudiar dirección de orquesta!

—¿Siempre piano o toca otros instrumentos?
—Fui concertista de guitarra y algún día me gustaría estudiar violín. Toco todos los días, una hora. A veces llego a las 21:30 y estudio con el piano desde las 22:00 hasta las 23:00. Otras veces lo hago por la mañana, y los fines de semana tengo un poco más de tiempo.

—¿Compone?
—Algunas composiciones propias tengo, pero son muy modestas. En general toco un repertorio clásico, pero lo popular también me gusta mucho: folclore, tango, jazz. Me encantan los compositores populares con formación académica. Ernesto Julio de Nazareth es un gran compositor brasileño que me encanta. Investigo sobre compositores poco conocidos. También me atrae estudiar canto, porque es un muy buen ejercicio para quienes trabajamos con la voz. Canté sólo en el coro del colegio, cuando tenía entre diez y doce años. Ahora ni tango me animo a cantar, es algo muy difícil.

—¿A la medicina la tiene un poco abandonada?
—Me sigo actualizando, estudio mucho, sobre todo en mi especialidad. La notoriedad pública contamina el ejercicio de la profesión médica, los medios son muy convalidantes y en un momento me vi con una sobrecarga laboral. Trabajé en el Hospital Santojanni y en el Sirio Libanés, hasta los 38 años.

—¿Por qué dejó de ejercer?
—Trabajaba también como periodista en Radio del Plata, y lo que me forzó a dejar la medicina fue el episodio de la carótida de Carlos Menem, un hecho de alto impacto que me permitió por primera vez incursionar en el tema de la salud de los presidentes. Por contactos que tenía, conseguí la información certera de lo que estaba pasando. Ese día lo conté en el programa de Mariano Grondona, una hora antes de que terminara la operación, y eso aumentó la asistencia de gente a mi consultorio. Me di cuenta de que en la medida en que crecía mi notoriedad periodística, era mucho más difícil trabajar de médico.

—¿Cuida su propia salud?
—Sí, hago actividad física cuatro veces por semana en un gimnasio que tengo en casa, y ejercito lo mental aprendiendo cosas, como música e idiomas, porque me mantiene el cerebro activo. También me cuido en la alimentación, como frugal y equilibradamente, y le agradezco a la vida el hecho de siempre haber conservado el mismo peso.

—¿Cómo se lleva con el paso del tiempo?
—Bien, me siento muy joven. Igual me parece increíble la velocidad con que pasa el tiempo.

—¿Le tiene miedo a la muerte?
—No, porque creo que después hay otra forma de vida, como enseña la Iglesia Católica. Igual, el día que llegue se verá.

—¿Qué agradece?
—A la vida y a mis padres, Nelson Manuel y Elsa, que lucharon tanto con lo que me pasó. Mi cara tiene cicatrices que son producto de un cuadro muy severo que padecí a los quince días de haber nacido. Tuve erisipela gangrenosa, inadecuadamente tratada, y eso originó una necesidad de quita de tejidos muy fuerte que puso en riesgo mi vida. A esa edad, estuve quince o veinte días en coma. Me hicieron siete operaciones, desde el mes de vida hasta los catorce años.

—¿Vive con sus padres?
—Vivo solo, mi mamá y mi papá viven al lado. Por suerte están bastante bien. Mi familia también la constituyen mi hermano Daniel y sus hijos, Daniel y Yamila.

—Nunca formó su propia familia…
—Me hubiera encantado ser papá y tener una familia numerosa. Pero en la vida se te da o no se te da, y uno se va acostumbrando a sus rutinas y pasiones.

—Pero habrá tenido grandes amores…
—Claro que sí, alguna vez. Tengo lindos recuerdos.

—También en una época se corrió un rumor…
—Sí, que yo era homosexual. Por supuesto que, si fuera así, no tendría problema en admitirlo. En la época del menemismo se hizo correr ese rumor, y se deshizo rápidamente cuando lo desmentí. Forma parte de lo que nos pasa, sobre todo a los periodistas, a los personajes públicos. Pero yo siempre estoy tranquilo porque no tengo nada que ocultar.

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